El día que el ciclo dejó de respirar
En el clímax final, Aurelia destruye el ciclo… pero sin saber que hizo una promesa que cambiará su destino.
El altar final vibraba como un corazón enfermo.
Aurelia sintió el eco más fuerte que nunca, como si estuviera gritando sin voz.
“No quiero desaparecer…”
El grupo se posicionó.
Seren levantó su báculo.
Mitsuka flotó con un brillo tenso.
Bram apretó los puños, decidido.
—Aurelia —dijo Seren—. Si dudas ahora, el ciclo nos devorará.
Ella asintió, aunque el pecho le ardía.
El eco apareció como una figura distorsionada, hecha de luz rota.
No atacó.
Solo tembló.
Aurelia dio un paso adelante.
—No quiero destruirte —susurró.
El eco extendió una mano temblorosa.
“Ayúdame…”
El altar rugió.
El ciclo comenzó a colapsar.
Seren gritó:
—¡Aurelia, ahora! ¡Si no lo sellamos, moriremos todos!
Aurelia levantó su mano.
El poder respondió.
El eco gritó sin sonido.
Y entonces, en un instante que nadie vio, Aurelia dijo algo que no recordaría:
“Si estás sufriendo… te llevaré conmigo.”
La luz explotó.
El ciclo se rompió.
El eco desapareció.
El mundo quedó en silencio.
La misión había terminado.
Pero algo dentro de Aurelia…
no se había ido.




