El eco que no quiso desaparecer
Tras la misión, un residuo del eco sigue llamando a Aurelia. Algo quedó vivo… y la está buscando.
El amanecer era demasiado tranquilo.
Aurelia caminaba por el santuario, intentando disfrutar la paz, pero un tirón suave en el pecho la detuvo.
“¿Estás ahí…?”
La voz era débil, como un recuerdo que no quería morir.
Mitsuka apareció flotando.
—Aurelia, ¿otra vez?
Ella asintió.
—No desapareció. Una parte del eco sigue aquí.
Bram llegó corriendo.
—Seren te busca. Dice que encontró algo en las ruinas.
En el altar, Seren estaba frente a un círculo de luz tenue.
—Esto no debería existir —dijo—. Es un residuo del eco. Pero no es hostil.
La luz vibró.
“Guardiana…”
Aurelia sintió un golpe en el corazón.
—¿Por qué me llama así?
Seren la miró con gravedad.
—Porque te escuchó. Porque le prometiste algo.
La luz se apagó.
Pero el susurro quedó.
Y Aurelia entendió que la misión…
no había terminado del todo.




