Cuando el eco deja de obedecer
Una revelación sobre el origen del ciclo provoca tensión en el grupo, mientras Aurelia empieza a escuchar susurros que nadie más percibe.
El corredor del tiempo se estrechaba a medida que avanzaban, como si el reino quisiera expulsarlos.
Arion sentía el eco vibrar dentro de su pecho, pero ya no era una guía: era un latido irregular, como un corazón herido.
Lira caminaba a su lado, analizando cada destello en las paredes fracturadas.
Kael mantenía la guardia alta, atento a cualquier sombra.
Nara murmuraba que el tiempo estaba “llorando”.
Rheon evitaba mirar a Arion, como si temiera que el eco revelara algo más.
De pronto, el eco se detuvo.
No disminuyó.
No se apagó.
Se detuvo, como si alguien hubiera cortado su conexión con el Guardián.
Arion cayó de rodillas, jadeando.
El silencio que siguió fue tan profundo que parecía devorar el aire.
Eldros, pálido, murmuró:
—El Guardián… ha dejado de responder.
Antes de que pudieran reaccionar, una grieta se abrió en el suelo, revelando una luz desconocida, temblorosa, que no pertenecía al Guardián ni a ninguna prueba registrada.
La luz los llamó por su nombre.




