El sueño que eligió caminos
Todas las criaturas comparten un mismo sueño donde el mundo prueba formas posibles. Al despertar, descubren que la visión era una advertencia: dos caminos se abren, orden absoluto o libertad impredecible. La verdadera decisión no es individual, sino coral.
La noche cayó con un silencio perfecto. No había viento ni murmullos, y cuando las criaturas cerraron los ojos, el sueño llegó de inmediato, como si alguien lo hubiera colocado suavemente sobre sus mentes.
Todos soñaron lo mismo.
Un paisaje blanco, infinito, sin árboles ni montañas.En el centro, una figura hecha de luz y sombra se movía lentamente, probando formas,dividiéndose en dos y volviendo a unirse. No hablaba, pero todos sentían su intención: el mundo estaba eligiendo.
La kitsune intentó acercarse, pero sus patas no dejaban huellas. El ghoul extendió la mano, pero su sombra no lo seguía. El niño‑árbol sintió que sus raíces no encontraban tierra. Las magas y magos no podían usar magia. Los espíritus del caos no podían reír. Los guardianes del orden no podían ordenar nada. Era un sueño sin reglas.
Cuando la figura se giró hacia ellos, todos sintieron un latido profundo, como si el sueño respirara.Y entonces despertaron.
El amanecer llegó con un temblor suave. El aire estaba dividido, no en partes visibles, sino en intenciones. La kitsune lo sintió primero.
Hay dos caminos —susurró—.Y ambos me llaman.
El ghoul tembló, incapaz de decidir. El niño‑árbol sintió sus raíces estirarse en direcciones opuestas. Las magas y magos percibieron el mana vibrando como una cuerda tensada.
Los guardianes del orden se reunieron en círculo.
El mundo pide estabilidad —dijo el monje de cristal—.Debemos elegir el camino del orden.
Los espíritus del caos aparecieron riendo.
El mundo quiere jugar —cantaron—. ¡Elijan libertad!
El dragón del pacto inmutable descendió desde el cielo.
No se equivoquen —dijo con voz profunda—. El mundo no les pide que elijan un bando. Les pide que decidan qué tipo de mundo quieren sostener juntos.
El silencio cayó como un manto. Las criaturas comenzaron a hablar, no para dividirse, sino para escucharse. La maga del viento libre dijo:
No quiero un mundo rígido.
El mago del pacto inmutable respondió:
Ni uno sin reglas.
El niño‑árbol levantó su mano de corteza.
Quiero un mundo que respire.
La decisión no fue un voto ni un pacto. Fue un acuerdo coral, silencioso:
un mundo flexible, pero no caótico.
Libre, pero no roto.
Vivo, pero no desbordado.
El aire vibró. El mana respondió. La elección estaba hecha




