El dragón y las magas ante la decisión del mundo
El dragón del pacto inmutable despierta al sentir que el mundo rompe sus propias reglas. Al mismo tiempo, un ritual sencillo de las magas se amplifica en caos suave. Ambos sucesos revelan que el mana ya no espera órdenes: actúa por sí mismo, y anuncia que lo que viene no es caos, sino decisión.
El dragón del pacto inmutable dormía desde hacía décadas,envuelto en un sueño profundo que solo se rompía cuando una regla fundamental del mundo era alterada.Esa tarde,abrió los ojos con un rugido bajo que hizo vibrar las montañas.
Las criaturas sintieron el temblor,el ghoul se escondió bajo un tronco,la kitsune se subió a una roca para ver mejor,el niño‑árbol sintió que sus hojas temblaban.
La maga del viento libre llegó corriendo.
No puede ser…
El mago del pacto inmutable palideció.
Despertó.
El dragón levantó la cabeza lentamente, observando el cielo como si buscara una grieta invisible.
Algo ha sido roto—dijo con una voz que parecía un terremoto contenido.
Los espíritus del caos aparecieron flotando, pero esta vez no reían.
No fuimos nosotros—dijeron,casi en un susurro.
Los guardianes del orden se arrodillaron ante la criatura.
¿Qué pacto ha sido alterado?—preguntó el monje de cristal.
El dragón cerró los ojos, escuchando algo que nadie más podía oír.
No un pacto entre criaturas…
Abrió los ojos,brillando con un fuego antiguo.
Un pacto del mundo consigo mismo.
Mientras el valle temblaba, en otro claro las magas del viento libre intentaban un ritual sencillo de armonización. Un círculo de hojas, un canto suave, un soplo de mana. Pero el mana no estaba dispuesto a ser equilibrado.
El círculo explotó en una ráfaga de colores pastel. Las raíces comenzaron a bailar, las piedras se apilaron solas, los árboles se inclinaron como si saludaran. Los espíritus del caos celebraron como si fuera un festival.
La kitsune quedó atrapada en una corriente de viento que la levantó del suelo. El ghoul terminó con flores pegadas a los huesos. El niño‑árbol absorbió parte de la energía y sus hojas brillaron en tonos nunca vistos.
El dragón extendió sus alas, provocando un nuevo temblor.
Si el mundo rompe sus propias reglas… entonces nada de lo que conocen permanecerá igual.
El caos duró solo unos minutos, pero dejó una certeza inquietante: el mundo ya no necesitaba que lo tocaran para reaccionar. Ahora respondía por sí mismo. Y lo hacía con una energía impredecible




