La voz que habita la penumbra
En el silencio del valle, una voz antigua se alza entre la luz y la sombra, obligando al grupo a enfrentar aquello que nunca quisieron escuchar.
El sol ya estaba alto, bañando el valle con luz cálida.
Las flores se mecían con el viento.
El aire vibraba, cargado de energía desconocida.
De pronto, una figura emergió del suelo.
Era mitad luz, mitad sombra, con ojos que reflejaban duda.
Su voz retumbó como un trueno suave:
—¿Son realmente uno?
Lina dio un paso adelante, sus chispas azules iluminando el entorno.
—¡Claro que sí! —respondió con firmeza.
El guardián avanzó, y el suelo vibró bajo sus pies.
Sora retrocedió, nervioso.
—Genial… ahora tenemos examen práctico.
Ren levantó la mano, deteniendo a Lina.
—Si atacamos sin pensar, perderemos.
El guardián levantó un brazo, y una ráfaga de energía oscura los envolvió.
Yume gritó, creando un escudo improvisado bajo sus pies.
Las sombras golpearon el suelo, rompiendo la hierba en pedazos.
Lina lanzó un destello azul, iluminando la oscuridad.
El guardián retrocedió un instante, sorprendido.
Pero volvió a avanzar, más fuerte que antes.
Sora levantó varias piedras con su poder y las lanzó como proyectiles.
—¡Toma esto, monstruo de examen!
Las piedras chocaron contra el guardián, dispersando parte de su sombra.
Ren observaba cada movimiento, buscando un patrón.
—No es un enemigo… es una prueba.
El guardián rugió, levantando ambos brazos.
Dos columnas de luz y sombra se alzaron, rodeando al grupo.
El aire se volvió pesado, casi imposible de respirar.
Ren tomó la mano de Lina.
La chispa azul se mezcló con su aura tenue.
El destello iluminó todo el valle, rompiendo las columnas.
El guardián retrocedió, sorprendido por la unión improvisada.
Su voz resonó, más suave ahora:
—La promesa es real. La unión existe.
La figura se deshizo en estrellas, iluminando el cielo del mediodía.
El grupo cayó de rodillas, exhausto pero sonriente.
Habían superado la prueba, juntos.




