Ecos del amanecer
El sol comenzaba a levantarse, tiñendo el valle de tonos dorados.
Las flores brillaban como espejos bajo la luz.
El grupo avanzaba aún exhausto de la batalla anterior.
—Lo logramos… juntos —susurró Lina, mirando a Ren.
Él asintió, con calma, mientras el viento del amanecer acariciaba su rostro.
De pronto, el suelo vibró bajo sus pies.
Un altar de piedra emergió, iluminado por el sol naciente.
Los símbolos brillaban como si despertaran con el día.
Lina extendió la mano, atraída por el resplandor.
Una voz resonó en su interior: “Tu luz guiará más allá de la oscuridad.”
Ella retrocedió, con el corazón acelerado.
Yume también tocó el altar.
Un murmullo suave la envolvió: “El temor aceptado se convierte en fuerza.”
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Sora apoyó la mano con gesto teatral.
Escuchó risas burlonas y alegres.
—Genial… hasta las piedras saben que soy un desastre.
Ren colocó su mano en silencio.
Un vacío profundo lo envolvió, como un eco de soledad.
Cerró los ojos, permitiendo que la luz lo abrazara.
El altar brilló con intensidad, iluminando todo el valle.
Los cuatro comprendieron que su promesa no era solo un pacto entre ellos…
Era parte de un destino mucho más grande, escrito en las estrellas.




