Entre batallas y miradas
El rugido sacudió el aire. Una criatura mucho más grande que la sombra anterior emergió, con garras que brillaban como acero.
Lina dio un paso adelante, sus chispas azules iluminando el entorno.
—¡No podemos retroceder ahora!
Ren la miró con calma, aunque sus ojos reflejaban tensión.
—Entonces, piensa antes de atacar. Yo cubriré tu flanco.
El monstruo avanzó. Yume cerró los ojos y el suelo se endureció bajo el grupo, creando un escudo improvisado. Sora, nervioso, hizo flotar varias piedras y las lanzó como proyectiles.
—¡No soy un guerrero, pero esto servirá!
La batalla fue caótica: destellos, rugidos, golpes que resonaban como truenos. En medio del caos, Lina tropezó y Ren la sostuvo con firmeza. Sus miradas se cruzaron un instante, más fuerte que cualquier hechizo.
—Confía en mí —susurró Ren.
—Ya lo hago —respondió Lina, con un rubor apenas visible.
El monstruo retrocedió ante la unión improvisada. Yume abrió los ojos, sorprendida de su propia fuerza, mientras Sora reía nervioso.
—¡Lo logramos! Aunque mi mochila no sobrevivió…
El silencio volvió, pero esta vez no era miedo: era complicidad. La batalla había dejado cicatrices, pero también un lazo invisible entre ellos.
Ren miró al cielo, aún agitado.
—Esto no termina aquí. Pero ahora sé que no estamos solos.




