SpinOff 6
Capítulo: Reencuentro:
Cuatro caminos,una misma luz
El café elegido por Lina era pequeño, cálido, con luces amarillas que parecían derretirse sobre las mesas. Ren llegó primero, nervioso sin admitirlo. El hada flotaba sobre su hombro, observando cada detalle como si evaluara el lugar. Minutos después entró Yume, con su energía suave y una sonrisa que iluminó el espacio. Su hada giró alrededor de ella, dejando un rastro de destellos diminutos.
—Ren —saludó Yume, abrazándolo con esa calidez que nunca había perdido.
El hada de Ren vibró, tímida, como si aún no supiera cómo comportarse en grupo.
Lina llegó enseguida, elegante, con el vestido que el hada había elegido días antes. Su hada se posó en su cabello como una pequeña corona luminosa. Ren y Yume la miraron con sorpresa; Lina se sonrojó, pero su hada brilló orgullosa.
Sora fue el último en entrar. No por retraso, sino porque se quedó un momento afuera, respirando. Su hada flotaba a su lado, solemne, como siempre. Cuando cruzó la puerta, las otras hadas reaccionaron: una vibración suave, un pequeño pulso de reconocimiento. Sora levantó la mano en un saludo tranquilo.
Se sentaron los cuatro. Las hadas se acomodaron sobre la mesa, formando un pequeño círculo de luz. Era la primera vez que estaban juntas desde aquel día, y algo en el aire se volvió más cálido, más vivo.
Hablaron de todo y de nada: del trabajo, de la vida adulta, de las cosas que habían cambiado y de las que seguían igual. Yume contó cómo había vuelto a tocar música; Lina habló de su presentación; Ren mencionó su nuevo proyecto; Sora escuchó con atención, interviniendo con comentarios breves pero llenos de significado.
Las hadas reaccionaban a cada emoción:
vibraban cuando alguien reía,
se iluminaban cuando alguien compartía algo vulnerable,
se aquietaban cuando el silencio era necesario.
En un momento, Yume dejó escapar una risa tan sincera que las cuatro hadas giraron en el aire, como celebrando.
—Extrañaba esto —dijo Lina, apoyando la mano sobre la mesa.
Ren asintió.
Sora también.
Cuando salieron del café, las hadas se elevaron sobre ellos, formando un pequeño arco de luz.
No era un portal.
No era un llamado.
Era un recordatorio.
Habían vuelto a encontrarse.
Y algo en ellos, sin decirlo, sabía que ese reencuentro era apenas el comienzo




