Voces ocultas
El silencio tras la aparición de la criatura era tan pesado que nadie se atrevía a moverse.
—¿Un poder oculto…? —murmuró Yume, con voz temblorosa.
Sora intentó bromear, aunque su sonrisa estaba forzada.
—Genial, ¿y si mi poder es reprobar menos?
El comentario arrancó una risa nerviosa, pero el aire vibró de nuevo. Cada estudiante sintió un cosquilleo distinto: calor en las manos, un murmullo en los oídos, un destello en la mirada.
Lina apretó los puños. Una chispa azul recorrió sus dedos.
—¡Lo vieron! ¡Algo salió de mí!
Ren, más calmado, observó con atención.
—No es casualidad. Cada uno está reaccionando de forma distinta.
Yume cerró los ojos y el suelo bajo ella se iluminó suavemente, como si respondiera a su miedo. Sora, en cambio, soltó un grito cuando su mochila flotó unos centímetros.
—¡Oigan! ¡Esto no es gracioso, mi mochila tiene mis dulces!
La criatura los miraba con paciencia.
—Sus dones despiertan con las emociones. El miedo, la risa, la curiosidad… todo es parte de ustedes.
El grupo se miró, entre asombro y confusión. La atmósfera estaba cargada de energía, como si cada respiración pudiera desatar un nuevo milagro.
Ren cerró los ojos un instante y dijo con firmeza:
—Entonces, tendremos que aprender a controlarlo.




