El escudo tejido con lágrimas
Yume descubre que su fragilidad puede transformarse en fuerza. Entre lágrimas, nace un escudo que no protege solo cuerpos, sino también corazones.
El cielo se tiñó de rojo y dorado.
El aire vibraba con tensión.
Una criatura surgió del suelo, formada por sombras.
Yume retrocedió, con lágrimas en los ojos.
—No soy fuerte… —murmuró.
La criatura rugió, alimentándose de sus palabras.
Cada vez que ella dudaba, el monstruo crecía más.
El grupo se tensó.
—¡No digas eso! —gritó Lina.
Ren añadió: —Acepta tu miedo. No lo niegues.
Sora levantó una piedra flotante.
—¡Yume, si no eres fuerte, entonces yo soy un héroe! ¡Y eso sería ridículo!
Las lágrimas de Yume se transformaron en luz.
Cerró los ojos y aceptó su fragilidad.
El suelo bajo sus pies comenzó a brillar.
Un escudo radiante se formó alrededor del grupo.
La criatura golpeó con furia, pero el escudo resistió.
El monstruo comenzó a deshacerse en polvo de estrellas.
Yume abrió los ojos, sorprendida.
—Lo hice… yo lo hice.
Lina la abrazó con fuerza.
—Sabía que podías hacerlo.
Ren observó, orgulloso en silencio.
Sora levantó los brazos.
—¡Victoria! ¡Yume niveló al jefe final!
El grupo rió, aliviado.
La prueba había terminado.
El sol se ocultaba, dejando paso a la noche.




