6. 見えない欠陥 (El error invisible)
El problema no fue la empalizada.
Takumi lo pensó mientras observaba la aldea desde el borde del claro. La madera estaba bien tratada, los postes bien hundidos, las uniones reforzadas. No había grietas evidentes ni fallos estructurales. Desde fuera, cualquiera diría que era una defensa suficiente para un asentamiento pequeño.
Y precisamente por eso, algo le incomodaba.
—¿Te pasa algo? —preguntó Hina, deteniéndose a su lado.
Takumi negó despacio.
—Nada concreto —dijo—. Solo… silencio.
Hina frunció el ceño. El bosque estaba tranquilo, sí, pero no muerto. No se oían pájaros cerca del perímetro. Ni el crujido habitual de ramas. Era un silencio que no pertenecía a la mañana.
Durante los últimos días, Takumi había priorizado una sola cosa: construir rápido. Casas, almacenes, defensas. Cada mejora hacía que la gente dependiera más de él, y esa dependencia le había empujado a aceptar decisiones sin revisarlas dos veces.
—La empalizada es fuerte —continuó—, pero es nueva. No ha sido probada.
Caminaron a lo largo del perímetro. Takumi se detuvo frente a uno de los postes centrales y apoyó la mano. No se movió. Aun así, cerró los ojos.
No era un problema de fuerza.
Era un problema de confianza.
—Si algo ataca —dijo finalmente—, todos creerán que están a salvo.
—¿Y no lo están? —preguntó Hina.
Takumi retiró la mano.
—No lo sé.
Esa era la parte peligrosa.
Esa noche, el viento cambió de dirección.
Takumi se despertó antes de que sonara cualquier alarma. No por un ruido, sino por la sensación de que algo había dejado de encajar. Se incorporó lentamente y miró hacia la empalizada, visible entre las sombras.
Nada se movía.
Entonces lo entendió.
La defensa no tenía puntos débiles visibles…
pero tampoco tenía redundancias.
Un solo fallo.
Una sola rotura.
Y todo el perímetro perdería sentido.
—Cometí un error —susurró.
No había tiempo para corregirlo.
Porque, desde el bosque, algo observaba la aldea recién nacida…
esperando exactamente ese tipo de error.




