1: 運命を変えた屋根 (El Tejado Que Cambió Mi Vida)
La lluvia golpeaba el tejado con fuerza, y Takumi Kaede no podía dejar de maldecir mientras sostenía el martillo. Cada gota que caía sobre su cabeza le recordaba que había pospuesto este arreglo durante semanas.
"Si al menos este viejo tejado no estuviera a punto de derrumbarse…", murmuró, apretando los dientes.
A un lado, su ordenador portátil reproducía su simulador de construcción favorito, y en su mente comparaba cada teja que colocaba con las estrategias que usaba en el juego. Era raro, pero le daba cierta tranquilidad: mientras arreglaba el tejado, podía imaginar cómo organizaría un pueblo entero, cómo levantaría castillos o puentes perfectos… algo que en su vida real nunca había hecho.
De pronto, un resplandor cegador llenó el cielo gris. Un rayo, demasiado brillante y extraño, cayó justo sobre la esquina del tejado que Takumi estaba reparando. Sintió un tirón en todo el cuerpo, como si estuviera siendo absorbido por el aire mismo, y la lluvia desapareció de golpe.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en su barrio familiar.
El mundo que lo rodeaba era un contraste absoluto con la lluvia y los edificios de cemento que conocía:
Los árboles eran enormes, con hojas que brillaban tenuemente bajo la luz de un sol que parecía más cercano que en la Tierra.
A lo lejos, una aldea devastada se extendía entre montañas, con casas derruidas y humo saliendo de chimeneas que apenas funcionaban.
Un puente roto sobre un río le llamó la atención; los tablones colgaban peligrosamente, balanceándose con el viento.
"…¿Dónde estoy?"
Antes de poder moverse, un anciano del pueblo se acercó, con ropas gastadas y mirada preocupada.
“¡Joven! ¿Eres un viajero? ¡Ayuda, por favor! Nuestro puente… si colapsa, no podremos traer provisiones desde las montañas…”
Takumi sintió un escalofrío. No sabía pelear, no tenía magia, y este mundo claramente estaba al borde de la supervivencia. Pero algo dentro de él reaccionó: la idea de arreglar algo y ver un cambio real le resultaba irresistible.
Se acercó al puente y, por instinto, dibujó mentalmente un diseño perfecto de tablones y soportes reforzados. Casi por reflejo, sus manos comenzaron a moverse, y un resplandor azul envolvió la madera. Los tablones flotaron suavemente y se ensamblaron, encajando con precisión imposible.
El anciano y algunos aldeanos que habían llegado corriendo se quedaron boquiabiertos.
“¡Eso… eso no puede ser posible!” – exclamó el anciano. – “¿Qué clase de habilidad es esta, muchacho?”
Takumi miró sus manos con incredulidad. Todo lo que había imaginado, lo había hecho realidad. Un calor extraño le recorrió el pecho, mezclado con emoción y miedo.
"Esto… no es un sueño. Esto es real."
En ese momento, Takumi comprendió algo que cambiaría su vida para siempre: este mundo no necesitaba héroes como en los juegos, necesitaba un artesano. Y él, un chico que solo sabía arreglar tejados y dibujar castillos en su ordenador, podría ser la clave para devolver la esperanza a esta tierra devastada.
El primer paso, pensó, sería reconstruir lo que podía tocar. Cada puente reparado, cada casa reconstruida, cada estructura que cobrara vida con sus manos, no solo salvaría vidas… sino que marcaría su camino hacia algo más grande.
Takumi respiró hondo, se apoyó sobre el puente recién reparado y observó la aldea. El viento le trajo olor a tierra mojada y madera, y por primera vez desde que llegó a este mundo, sintió que pertenecía.
"Si puedo cambiar esto… ¿qué más podré construir?"
Y con esa pregunta grabada en su mente, Takumi Kaede dio el primer paso de su viaje como artesano del reino perdido.




