Capítulo 86: Thomas el protagonista
Desde que tengo memoria, las expectativas hacía mi persona nunca fueron altas. Mis padres le dieron todo el visto bueno a mi hermana y gente cercana, viéndome renegado en una esquina. Pero, pensé “y si hago lo mismo por alguien, darlo todo por esa persona, no solo sería mi centro de admiración como mi hermana es de mis padres, sino, que sería su allegado más cercano”. Y ahora estoy aquí, atrapado en una mazmorra de doble efecto, mientras el idiota del padre de Jee está siendo de héroe.
Bueno, primero que nada, pensemos. Si lo me dedico a esquivar y atacar, tal vez el tiempo en el que concluya la mazmorra con las recompensas, será muy largo. Entonces que debería hacer, si los enemigos débiles tienen alta vida y los fuertes alta. Con mi habilidad conviene ir por los que tienen una vida alta, pero si en el transcurso un fuerte me ataca, podría morir y no matar a los débiles. Es el efecto de los enemigos de está mazmorra.
Creo que ya sabemos la elección, vamos por los fuertes. Así que darán los débiles y al tener una vida muy alta, solo será un combate de desgaste. Rápidamente me apresuro acercarme a los enemigos con gran velocidad y fuerza, para terminarlos en un instante, y enseguida usar su cuerpo como impulso, resbalándome y redireccionándome a otro enemigo. Estos eran característicos por ser violentos, tener grandes colmillos y garras, así como unas pupilas dilatadas.
Al final en cuestión de segundos, los derrotaría a todos los enemigos fuertes, con una elegancia que se perdería tan solo por la caída del sudor en su rostro. Con una pañoleta que tendría en su bolsillo, se limpiaría el rostro para luego volver a guardarlo. Finalmente, solo quedaba una horda de enemigos de poco daño, pero a sabiendas de que tienen una vida muy amplia.
Thomas se arremangaría las mangas y está vez sin prejuicios a ser lastimado, se acercaría impulsando con su habilidad sus pasos y sus puñetazos. Sin recibir casi daño, estaría aceptando los ataques de sus enemigos, mientras él estaría dando la mayor cantidad de golpes que pudiera. Estos enemigos eran toscos a diferencia de los otros, sin embargo, por lo mismo, era que sus ataques no podrían generar mucho daño.
Perdiendo la elegancia que manejaba, ahora estaba peleando, con mayor fuerza, mientras recordaba pequeñas cosas. Cosas del pasado. Que solo lo hacían ir con más y más fuerzas. Rompiendo las corazas de sus enemigos uno tras otro. Con la diferencia que ahora cada enemigo le costaba derrotarlo el tiempo que tardo con aquellos poderosos.
Llegado el último, su frenetismo aumentaría, para enseguida… dar el último golpe de manera más tranquila y calmada. Se volvería a limpiar mientras recogía las cosas, para luego tomar lo necesario y ponerlos en compartimientos extraños que se compactaban en formas de cubo y se ampliaban para almacenar todo lo posibles y luego volverse a comprimir. Así levantándose y pensar “supongo que por ahora es todo” y con ello soltar un largo y profundo suspiro.




