Capítulo 77: Jung Hyung parte 1
Para resumir, soy el padre de Jung Jee por si no te habías percatado. La cosa es que, por una extraña razón, un día cuando desperté durante un trance de ebriedad, tuve varias visiones borrosas del futuro. Y me di cuenta de varias cosas al intentar probar suerte en unas peleas callejeras, leí los movimientos de ambos contrincantes y decidí predecir quien podría ser el campeón. Con eso obtuve algunos miles de wones, claro, no me iban a dejar ir con tal cantidad de dinero, afortunadamente vencí fácilmente aquellas personas.
Tras eso, decidí ir a donde vivía, un pequeño departamento que pagaba con los ahorros de mi vida. Me vi al espejo, y no me veía tan bien como ahora, si le puedo llamar así. Prácticamente un anciano en sus último momentos de vida, para que vean, el alcohol al final del día no es bueno en exceso. Rápido salí a mejorar mi condición cada mañana mientras iba a correr. Hasta que un día me llego una carta. En resumidas cuentas, me decían que me han estado observando y si no quiero que se cumplan las profecías, debía mejorar como cazador.
Me quede sentado en una esquina analizando el pasado, el pasado donde la había cagado. Cuando era joven, durante mis clases de taekwondo conocí a una mujer, hermosa e independiente. Tenía un perfil fino en su rostro y tenía el objetivo de ser como la heroína que veía en televisión, sin embargo, en cuestión de habilidad de cazador nata, la suya era tan débil que podría decirse que podía vivir como una simple humana. En cambio, yo era alguien, hasta cierto punto débil, que quiso apoyar sus deseos. Ella decía tenerme envidia por tener, aunque sea una habilidad servible, a lo que siempre le decía que no era realmente importante si mi meta era ganarle en un combate.
Con el tiempo, entramos a la preparatoria y comenzamos a salir. Ella iba a torneos nacionales y yo me encargaba de dirigir su cronograma de actividades, sin darnos cuenta, comenzamos a manejar la vida del otro, hasta que un día ella tuvo que pelear en un combate donde su cuerpo no quedó igual. Error que dejaría se repitiera años más tarde. Pero antes de llegar a ese punto, le dijeron que no podría seguir peleando, no se rindió y con un esfuerzo físico monumental, se recuperaría poco a poco.
Llegaría el día de nuestra graduación, con los pétalos cayendo sobre nuestros rostros, la esperaría en la entrada. Dejando mi certificado de graduación en el piso, la recibiría con un enorme brazo y un beso, con el que emocionados celebraríamos una nueva etapa. Dejándola de un lado, me inclinaría frente a ella, abriría una caja para ella y le propondría matrimonio. Entre lágrimas ambos nos abrazaríamos, mientras ella me daba el sí…
Éramos demasiado jóvenes para pensar en las consecuencias, con el tiempo nació mi hija, y mientras la mitad de su mente yacía en creer en los héroes y superarse en la competencia. Su otra mitad, yacía en nuestra hija, nuestra hermosa Jung Jee.




