Capítulo 65: Ultimátum, Jung Jee vs lo que no se ve
- ¡Ay, maldita sea! – decía Jee mientras se levantaba de entre los escombros.
- Te dije que no te confiarás – mencionaba con una voz profunda, mientras la veía resistiéndose a ese último ataque. Al mismo tiempo que un aura oscura la rodeaba.
- Sabes cuál es el mayor enemigo de la oscuridad, obvio que sabes, que cosa más tonta acabo de decir. Pero sabes ¿por qué lo es?
- No entiendo de que hablas.
- La luz es el mayor enemigo de la oscuridad, porque mientras, en uno no sabes que se esconde ahí, en el otro te ves obligado a confrontar lo que tienes por delante.
- Suena a frase sacada de W… - todavía no terminaba de hablar, cuando la habitación, así como cada rincón se iluminaban de una increíble luz cegadora.
Tras brillar toda la habitación, se mostraría a Jee a unos metros del sujeto, con una pose de rivalidad y empoderamiento; junto a una mano que señalaba que lo estaba retando. Al mismo tiempo, que puras armas de tipo luz, se ponían frente aquel sujeto. Algunas flotando y otras solamente apuntando.
De forma consecutiva, lanzaría las armas puntiagudas una por una, en forma de domino a la posición de aquel hombre. El sujeto, sin sudar al inicio, comenzó a esquivar y desviar los ataques. Pero poco a poco, vería que lanzamientos mágicos de luz venían detrás de algunas armas, lo cual le provocaba un agotamiento tan duro como el tener que cargar cientos de kilos.
Con una mirada que simbolizaba omnipresencia, Jee lo vería desde lo alto de una mesa, la cual era apenas perceptible por la cantidad de luz.
- Sabes porque hago esto, entonces por más que quieras provocar piedad, prevenir que vuelva ocurrir lo mismo a futuro es mi misión.
- Si voy a morir, a menos déjame contarte mi historia, como un pecador, la única forma de redimirme a parte de mi muerte, es diciéndote todo lo que se… y pidiendo que cuides de la única propiedad que no es una mazmorra – decía, mientras de su cuerpo comenzaba a escurrir sangre.
Jee simplemente no pudo continuar, deteniendo el ataque furtivo y aceptando conversar con él. Como última forma de piedad.




