Capítulo 53: La espera
- Papá, papá, no me dejes, papá.
- Solo te haré daño pequeña, si me quedo, nunca me perdonarás
- No papá, no te vayas… ¡PAPÁ!
Un golpe en la mesa despierta Jung. Está estaba sumida en un profundo sueño, pero al estar con una mala postura, provoca que se termine levantando. Ve a su alrededor y al fijarse en la hora se da cuenta que es la 1 de la mañana. Se pregunta cómo pudo haberse quedado dormida, pero al tomar una taza de café, cobra la postura.
Camina un poco alrededor y decide tomar un libro titulado “los hijos de Jubel” a la vez que se toma su taza. Mientras lee, no para de mover el pie, como si tuviera una inquietud entre manos. Al final, suelta un suspiró y deja el libro de lado.
La briza comienza a golpear la ventana y eso que no hay rastros de una posible lluvia, al revisar el teléfono, solo se mencionaban cosas sobre fuertes vientos y poca probabilidad de lluvia. Viendo que no hay lluvias, solo cierran las ventanas para que dejen de estar haciendo ruido.
Mientras observaba por la ventana, sentía la emoción de aquellos ayeres. De cuando una pequeña coreana intentaba superar la muerte de su madre, saliendo a jugar a horas tardías con su padre. Al mismo tiempo que entrenaban, o solo parecían divertirse.
Un suspiro salía de la boca de Jee, mientras se terminaba agarrando la cara. El sentimiento de inquietud no la dejaba ni un minuto tranquila. Abrió el baño que estaba conectado a la oficina y se lavaría la cara. Para luego verse al espejo. Sin embargo, un ruido la alteraría, un pequeño ruido que haría eco en sus oídos. Se asomaría y al no observar nada, tomaría un poco la calma.
Pero la inquietud ya la habría alterado, rápidamente se dirigió a un punto de la oficina donde tendría pocos puntos ciegos. Con el tacón del zapato, golpearía una y otra vez el suelo, mostrando que su nerviosismo parecía ir en aumento.
Al final, parecería que todo fue una falsa alarma. Pero cerrando los ojos y sin dejar de golpetear con un tacón. Analizaría cada pequeño ruido que se escuchase. De repente, un pequeño eco le invadiría la mente.
- Creo que es la señal – solo hablaba en voz alta, para enseguida ajustarse el saco.




