Capítulo 5: La falsa medalla
- ¡MALDICIÓN! - se escuchaba en la habitación de un hotel con gran impotencia.
- Tradicionalmente competirías en la final, pero mira el lado positivo, te dieron la medalla de plata cariño - dentro de sí, un hombre sumamente intranquilo trataba de tranquilizar a su hija.
- ¡¿CUÁL MALDITO LADO POSITIVO?! ¡LA MALDITA ME ROMPIÓ LA PIERNA!
-Mira sé que suena terrible, pero sanara, sabes, podrás volver a entrenar a futuro.
- ¡PERO YA NO PODRÉ PELEAR! ¡MALDICIÓN! ¡MALDICIÓN! ¡MALDICIÓN! ¡MALDICIÓN! ¡MAL-di-ción…! - terminaba por decir mientras rompía en llanto y con fuerza quebraba el estante de madera.
- Mira pequeña, no te preocupes, es más yo me encargo de reparar lo que rompas.
- ¿Se…se…guro? - decía parada frente a su padre, con su pierna enyesada y la mano temblando de dolor mientras la misma palpitaba con un rojo pulsante chorreado de sí.
- Si está bien, ven aquí, te voy a dar un abrazo.
- No quiero.
- ¿Perdón?
- No, no quiero - decía mientras las lágrimas escurrían de sus ojos grandes y delgados. – Por tu culpa mamá ya no está aquí, la extraño, realmente la extraño - terminaba de hablar mientras se hacía pollito.
- Lo siento, de verdad, todo es mi culpa - sentándose en la cama, mientras con ambas manos se tapaba la cara y agachaba la cabeza. Con enorme desesperación, terminando con un palpitante silencio que rodeaba la habitación.
13 años más tarde…
- Y hasta ahí llega la historia de cómo perdí a mi hija, después de eso no supe ser un buen padre y simplemente nos distanciamos. Como dos extraños en una misma casa, como dos simples extraños - decía Jung Hyung, el padre de Jee, mientras derramaba un shot de soju sobre la mesa de una barra. – Eso es todo.
- ¡Wuou amigo! Tienes una historia de origen brutal, sabes cuándo empezaste a venir a este bar lo note a primera vista ja, ja. Dije “otro pobre desahuciado que no pudo ser cazador” y sabes que, creo que tenía razón con lo de “desahuciado”, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.




