Capítulo 38: Operación Tzu
Con pánico, aquel hombre se fue manejando entre la lluvia lejana. Sin mirar atrás, solo pude desistir con una mirada. Ya había entrado en otra cueva de lobo, ambos, el chofer como él, sabían que tenían el tiempo contado.
- ¿Qué hiciste para que algo así ocurriera? - preguntaba Thomas con extraña intuición.
- Simple, Sun Tzu decía “Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza”. Tú solamente me ayudaste a localizar una próxima mazmorra con información filtrada, y mi ira no se opaca hasta atrapar a los culpables. Sin embargo, somos débiles ahora, y fuera de nuestra casa aún más.
- Pero su fuerza era increíblemente hermosa Jee - respondía Thomas mientras realizaba un gesto de astucia.
- Eso dices tú, pero recuerdas que era un jefe de rango B.
- Y recuerdo que venció un jefe rango S.
- Pero para lo que los demás fueron horas, para mí fue una batalla de meses, incansablemente sentía en cada momento que veía la luz. Si el enemigo es igual de fuerte, será más fácil vencerlo en casa, donde conocemos el terreno, la geografía, la estructura, el clima, los problemas, la economía, la política…
- Cada factor nos ayudará a derrotarlos, ¿cierto?
Con una mirada de arrogancia y razón, Jee vería a Thomas.
- Sun Tzu, un día estaba atrapado, sin saber que hacer, regreso a su territorio y obligo al enemigo a perder en él - decía Jee mientras se sentaba en un lado y fumaba un cigarrillo.
- Pensé que los coreanos odiaban a los japoneses,
- A veces, supongo, pero no puedo evitar dejar de admirar a este hombre, así como a los estrategas chinos como Zhuge Liang, así como la astucia española, así como la milicia americana de la segunda guerra mundial, o como el hombre que entre las montañas derroto a cientos de soldados ganándose el apodo de la “muerte blanca”.
- Estratagema.
- Así es, soy una estratagema.




