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Capítulo 27: La Insatisfacción de los Ingratos

Como neblina en primavera, los pensamientos se volvían borrosos ante la inquietud de hacer todo, mientras me engañaba a mí misma con un supuesto propósito, pero ahora no tenía que defraudar aquellos pensamientos vacíos, llenos de palabras opuestas a ello, porque me lo prometí, que no importara qué, llegaría lo más lejos posible.


Thomas entró por aquella puerta del despacho como siempre, me miró y sonrió mientras hablaba de que las ventas fluían bien, pero necesitábamos estar en la boca de todos. Me levanté con gran furor y dije que deberíamos de conseguir la mayor cantidad de armas rango S posibles. Extrañado de mi entusiasmo, vio mi sonrisa y con un suspiro nos anticipamos a varias empresas.


Crecimos como industria al empezar a manejar un pequeño monopolio en tan solo semanas. La gente empezaba a dudar de nosotros, por lo que el punto crítico llegaría en el momento que menos esperábamos. Cuando, sin darnos cuenta ya estábamos en terreno peligroso.


“Noticia de última hora, nos informan que la muerte de Bae Luong, a manos de unos criminales no identificados sucedió a altas horas de la madrugada. Se identifica como el dueño de una pequeña empresa en crecimiento. Parece ser, que esto les desagrado a los altos mandos de un grupo mafioso que se ubica en varias partes de la región de Seúl. Más adelante daremos más noticias”.


- ¡Thomas!, investiga lo qué acaba de suceder sin que sepas que eres tú.


- ¿Qué sucede señorita? - decía atónito ante el rostro de preocupación de Jee.


- Mira el televisor.


- Esto es una locura, no es el anterior jefe.


- Sí, es como un padre para mí, y al parecer el monopolizar varias armas rango S, no les hizo gracia.


- ¿Quién pudo haber hecho algo como eso?


- Maldición, maldición… - se repetía mientras golpeaba con su puño con costado del escritorio, para finalizar con un – no lo sé.


- Tranquilícese señorita Jee - decía con una voz suave mientras abrazaba a Jee, costumbre poco dada en Corea, pero cálida para ella. – Dígame, como se siente.


- Me hierve la sangre - terminaba mientras se mostraba un rostro jamás visto en ella, marcado por las venas y el color de los lagos de Iquique.


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