Capítulo 25: No hay necesidad de preocuparse
- Perdón por ser imprudente Thomas, pero te seré sincera - decía mientras con un extraño comportamiento comían takoyaki.
El vidrio y el clima invernal comenzaban a invadir el lugar del puesto callejero en el que se posicionarían, mientras tanto Thomas yacía sentado en aquel puesto confortable frente a Jee. Su cabeza estaba llena de preguntas igual que las del lector, sin embargo, creyó que lo mejor sería ser condescendiente y nada impertinente por ahora.
- ¿Por qué me miras con esa cara Thomas? ¿Qué mosca te pico?
- Señorita Jee.
- Uy, veo que ya somos lo suficiente cercanos como para que me llames Jee.
A lo que en una tonalidad roja y resplandeciente como la de un sol, se taparía. Mientras con un tono seguro y nervioso decía, al son del sudor escurriendo lentamente entre sus ojos.
- Sabe que me gusta señorita Jung.
- Ya se, estoy bromeando contigo pequeño - decía mientras soltaban aquellos delgados labios unas risas tranquilas.
- Bueno… pero ¿qué me iba a decir?
- No te culpes de lo que voy a decir, pero para ser honesta creo que últimamente, o, mejor dicho, en cuanto entre a la mazmorra me di cuenta que tanto en serio nada había ido como quería en mi vida - respondía seriamente mientras se chupaba los dedos y alzaba el envase frente de sí - ¿Quieres algo de salsa?
- ¿Cómo es eso?
- Simple, me entrene y capacite en mis tiempos libres para darle el mayor provecho a mi habilidad, mientras hacía cosas como leer o disfrutar de ricos baños, pero el inconveniente realmente viene de cuando quedó atrapada. Ahí aprendí muchas cosas que no puedo decir aún, pero en especial, hay algo que debes saber.
- ¿Qué es señorita Jee?
- Quiero cumplir mi simple sueño, de ser una de las personas más reconocidas del mundo por mi trabajo. Y tú me diste el indicio de que es posible - decía mientras su mirada se alumbraba con la emoción de un niño, que iluminaba cada centímetro de la piel y erizaba sin perspicacia.




