Capítulo 1: Nene
Entonces el gran héroe se levantó entre las cenizas de toda la destrucción, sin poder ni nada que lo respaldara, miró a su enemigo mientras tenía su brazo caído en símbolo de cansancio, parecía mostrar solo símbolo de debilidad. Gritó en voz alta “¡esto aún no acaba!”, y con su otro brazo tomo una espada mientras corría contra su presa, pero esta ni se inmutaba y solo lo lanzaba de nuevo a su posición, una, tras otra, tras otra vez.
- ¡Y luego mami! ¿¡Y luego!? - se escuchaba de una voz grata e infantil.
- Y luego, el héroe logro tirar de un último esfuerzo a aquel enemigo enorme…
- ¡Y entonces pudo cortarlo con gran ímpetu!
- ¡Oye! - se escuchaba de la otra voz, que parecía ser de una mujer mayor mientras soltaba un puchero, -Si ya te sabías la historia, no me hubieras pedido que te la contará
- Perdón mami, me emocione.
- No te preocupes mi vida, estoy bromeando - terminaba por responder mientras le besaba la frente. Proseguía con la historia, - Entonces pudo cortarlo con gran ímpetu. Mientras su cuerpo lucía cansado debido al gran esfuerzo, una gran sonrisa emanaba de él. La gente no podía creerlo, era excitante para todos que gritaron de emoción. Nadie creería que tras el primer ataque el héroe se levantaría nuevamente, hasta cortarlo, sin poder, sin magia, solo fuerza bruta.
- ¿Qué siga mamá? ¡¿Qué sigue?! - exaltaba la pequeña voz con gran emoción.
- Por hoy es todo mi niña, ya debes de descansar que mañana es un nuevo día.
-Está bien mamá hasta mañana.
- Despierta ya.
- ¿De qué hablas mami? - pareciese decirlo un tanto asustada.
- Despiertaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa - decía la mamá mientras de una manera extraña movía la boca.
En eso se ve que el despertador no dejaba de sonar, al unísono de la “a”. Una hermosa mano, con pequeños rastros de haber golpeado algo, parecía querer apagar al despertador sin ningún logro. Un quejido sonó mientras de entre las sábanas se asomaba Jee.
- Demonios, ese maldito sueño - decía mientras se levantaba.
Tomaba la pasta de dientes, se alaciaba el cabello, se ponía un tenue maquillaje y finalmente se cambiaba de ropa. El timbre de la comida sonaba, y tomaba el pan tostado mientras se hacía una coleta de caballo. Para finalmente poner sus dedos en el tacón y salir con un bello y reluciente traje negro de su hogar, que pareciese ubicarse en un complejo departamental.




