Capítulo 15: De momento…
- ¿Dime qué hacías con algo así? - se escuchaba una voz en seco, mientras una tintineante luz apuntaba al centro de una mesa.
- Les juró que me la dio un tipo misterioso, decía que era una mazmorra tipo C.
- Para ser alguien de un puesto alto, ¿cómo puedes ser tan ignorante? - decía aquella agría voz, mientras un resplandeciente en sus ojos amenazante, tiraban la silla de Cha hacía atrás.
- Vámonos, solo ha pasado un día y no hemos recibido respuesta alguna. A este paso los cazadores rango A serán convocados y eso es realmente un fastidio de trámites - contestaba una voz algo más serena en el fondo, mientras abría la puerta.
- Está bien oficial Hyu, mientras espero que esta basura se pudra aquí adentro.
- Veo que es el tercer caso que nos toca a nosotros en poco tiempo.
- Buen punto, sin embargo, algo me deja un mal sabor de boca esta vez, debemos concluir la investigación por ahora, no queremos meternos en más líos.
- Tienes razón, la ciudad central es un desastre en estos momentos.
Enseguida ambos salieron de ahí. Dos hombres de 1,95 metros aprox. que usaban de uniforme una camisa blanca y un pantalón caqui, mientras portaban tirantes con un arma en ella. Con la diferencia que el oficial Hyu llevaba un saco estilo cazador y un mostacho, mientras su compañero lucía una apariencia de alguien inocente a punto de ir de caza.
Ambos salieron de la estación de policía de Seúl, donde varias personas se les quedaban viendo. “Se deben sentir los dueños” murmuraba uno, “y como no serlo, si son los búhos astutos del distrito” se escuchaba de otro.
- Que apodo tan bonito - decía el más joven.
- Para unos simples policías rodeados de un mundo de criminales poderosos saliendo de mazmorras, mientras la gente solo ve héroes, no veo el día en que nos griten “malditas arpías, ¿cómo pudieron hacer eso?” - contestaba con suma frialdad el oficial Hyu.
- ¿Verdad que sí?, a veces pienso que “búhos astutos” es el mejor apodo.
- Y ¿por qué dices eso? - decía el oficial un tanto escéptico mientras comenzaba a manejar.
- Porque solo observamos y atrapamos a nuestra presa cuando no vemos algún peligro que nos lo impida - terminaba mientras una sonrisa estrepitosa resaltaba de su fría mirada.




