Capítulo 117: Perdóname hija
Francisco miraría tenuemente como en un solo parpadeo aquel ser había destrozado lo que probablemente era el arsenal más poderoso de toda Corea, del cuál entre escombros saldría una ilesa Jee que se había cubierto con un escudo protector. Por otro lado, vería a Hyung algo agitado mientras mencionaba en voz baja “aún conservó mis fuerzas por si son necesarias”. Con una sonrisa melancólica solamente vería enfrente de si, mientras comenzaría a desprender una fuerte aura de su cuerpo la cuál parecía calcinar su piel al mismo tiempo que la curaba.
- Perdóname hija, creó que tengo que ir con todo – decía, para enseguida moverse en un parpadeo frente al “mesías” para lanzarlo con una llave al aire y de ahí mandarlo a cien metros de su posición. – No quiero que les estorbe.
Tras concluir sus palabras, corriendo a una velocidad bestial entre edificios, dando saltos y caminando entre los cristales alcanzaría a aquel ser. Que en un instante se recuperaría del golpe gracias a su nueva fase. Esto no detendría a Francisco, que ahora se movía en parpadeos para golpear al mesías, mientras este le regresaba los golpes con una tenue sonrisa.
El cielo comenzaba a crujir, parecía que la mazmorra temblaba ante tal batalla. La gente que se resguardaba solo se preocupaban mientras temían, sin embargo, los cazadores que había junto a Thomas hacían lo posible para calmar a todos. Mientras reforzaban el lugar con su mana, mientras Thomas les gritaba que no dejaran de proteger el lugar mientras les suministraba pociones de recuperación.
Al mismo tiempo, como un completo tramposo, aquel ser mientras seguía agarrado a golpes, convertía sus ataques ahora en estacas gigantes de luz. Las cuales iban directo al cuerpo de Francisco, siendo recibidas por él sin siquiera protegerse. Pero este, como si fuera por cosa del destino, estaba en punto donde cada golpe recibido se evaporizaba en cuanto tocaba su piel, haciendo que el mesías solo desesperara. En ese estado, parecía que todo el mana en su entorno, lo volvía una armadura y un potenciador que solo lo agotaba mentalmente.
En este punto, parecía que nada podría parar este combate, pues estaban destruyendo gran parte de la zona que protegían anteriormente. El tiempo ahora parecía fluir más rápido, mientras Jee intentaba moverse en lo que ahora era realmente un tornado de ataques. Donde Francisco y su rival comenzaban a moverse entre diferentes coordenadas aleatorias de manera rápida, donde solo se movían debido a cuando por un instante uno empujaba al otro.
- Sabes hija, nunca pensé decir esto, pero parece que hoy un padre debe hacerse responsable de sus acciones – decía Hyung mientras recobraba la compostura, y al estilo de cierto héroe americano, comenzaría a caminar con el escudo rumbo a aquellos que peleaban fuera de la percepción humana.




