Capítulo 98: Reunión contra la secta
Después de largas horas de combate, lo que menos esperaban todos, es que las olas de monstruos pareciesen interminables. Sin embargo, por algo estaban sin inmutarse y tras haber podido evacuar casi todo París, la mayoría de los cazadores se disponían a entrar dentro de las mazmorras a pelear. Como si los planes no hubieran salido cómo quería, aquel hombre encapuchado saldría de las sombras, con una enorme cantidad de gente acompañándolo.
- Veo que eres tú
- Parece que los más importantes cazadores me ubican, especialmente Francisco, es un honor.
- Bueno, la luz choca con la oscuridad y esa gran malicia me es detectada a kilómetros.
Dentro de las fauces de los portales de mazmorra, comenzarían a emerger criaturas de escalas enormes mientras los cielos se tornaban de un rojo carmesí. Demonios fácilmente clasificados como jefes, por lo que los combates comenzarían a volverse más frenéticos mientras aquel encapuchado y ex cazador, se hacía llamar “sacerdote de la oscuridad” y lloraba sobre la veneración y la llegada temprana de dios.
- ¿Por qué haces esto? – mencionaba William, al mismo tiempo que atacaba de frente con todas sus fuerzas.
- Es mejor que la humanidad perezca como salvación a que viva el infierno que se viene en el futuro.
- ¿Futuro? – decía Francisco en voz baja, mientras recordaba que su hija le decía que estuviera pendiente de Corea del Sur.
- Ya encontré el patrón – mencionaba William con suma astucia tras un ataque directo, por lo que empezaba a fluir con el aire mientras destrozaba a los demonios con gran agilidad. Hasta acercarse al que se hacía llamar sacerdote.
- Te lo encargó Will – tan solo contestaba Francisco mientras se iba de repente.
- Espera ¿qué? – decía William, distrayéndose y recibiendo un ataque que lo lanzaría lejos. Pero rápido cobraría la postura y volvería a gran velocidad con una mirada tenaz - ¡A quién crees que golpeas idiota!
Y mientras Francisco se estaba yendo del lugar a gran velocidad, se veía como todos estaban en sus respectivos combates de manera simultánea. Entre que la primer ministro usaba su magia de hielo, el argentino lanzaba encantamientos con sus pies y daba patadas, y Ghana usaba una lanza y salía entre la oscuridad. Así como muchos otros cazadores, se iban uniendo y peleaban.




