Capítulo 96: Ataque repentino
- ¡¿Qué carajos está pasando?! – decía William mientras corría a velocidad juntos a los otros dos.
- Si, supiera qué está pasando, te lo diría directo imbécil.
- ¡Los dos estén tranquilos!, era obvio que algo así pasaría, después de todo sabíamos que empezarían pronto. Más vale más pronto que nunca.
En eso se ve como una gran placa de lámina venía volando hacía la multitud que corría despavorida, a lo que, con un simple movimiento, aquella mujer ponía una gran muralla de hielo que los protegía. Ellos gritaron de emoción al ver que su heroína estaba cerca de ellos, pero su grito fue mayor al ver a los dos que la acompañaban.
- Oigan, ¿a dónde vamos exactamente? – se escuchaba de repente a sus hombros de los tres, lo que causaba un pequeño escalofrío.
- ¡Ghana! Amiga mía, ¿vas llegando? – mencionaba William un tanto eufórico.
- Llegué ayer, pero me perdí – decía está mujer de altura prominente y mirada dominante, piel tan oscura como el ébano. Era la cazadora 11 en la lista mundial de clasificados. - Veo que ya empezó la batalla.
- ¡Entonces acompáñanos! Acabamos de emitir una convocatoria de emergencia – mencionaba la ministro, con el celular en su mano.
- ¿Vendrán todos? – mencionaba William mientras quitaba los escombros que se hacían delante de ellos al correr con su espada, cortándolos y con estocadas.
- Desafortunadamente, varios no vendrán porque se encuentran en exploración, enfrentamiento o asalto. Más se confirmo que la mayoría si vendrán, más adelante también ya se encuentra Francisco ayudando con la evacuación y el anciano Nakamura – respondía la ministro al cuestionamiento, mientras más se iban acercando al ojo de la tormenta.
- No esperaba ver al japones – mencionaba el argentino mientras esquivaba los escombros que se acercaban.
- Creo que no tuvo opción, el ataque de hace años a Japón, fue completamente ayudado por los cazadores a petición suya – mencionaba Ghana mientras se desplazaba entre las sombras y solo salía de ellas con una lanza de doble filo para ir cortando los escombros.
Cuando menos lo esperaban, de donde venían se escucharía otro ataque, avisado por una tormenta y un enorme charco de lava ardiente.




