La casa recibe a todos,incluso a los que no deberían volver
Todo vuelve a su sitio,como si la memoria ya estuviera lista para quedarse.
El absurdo se convierte en calma, y la calma en despedida.
La constelación pastel se enciende una última vez,suave y agradecida.
La noche cae sobre la casa.
Las luces del estudio brillan suave.
La cocina huele a calma tibia.
Hamburguesa duerme sobre la mesa.
Taiyaki se acomoda entre los frascos.
Onigiri descansa en su rincón frío.
Sushi reposa en su bandeja.
Ramen se queda quieto en la estufa apagada.
Mochi se infla lentamente.
Dango se apilan como si fueran hermanos.
Pan dulce y melón‑pan se acomodan en la panera.
Pocky se recuesta en el frasco de snacks.
Dorayaki medita.
El vaso de agua refleja la luz.
En el estudio:
Clip se engancha al cuaderno.
Grapadora duerme en su cajón.
Regla descansa recta.
Cinta adhesiva se enrolla tranquila.
Lápiz se estira en el portalápices.
Marcador seco yace como héroe caído.
Sacapuntas se queda quieto.
Post‑it se pega en la esquina del monitor.
Todo está en silencio.
Hasta que…
La puerta se abre un poquito.
Apenas un clic.
Primero entra el can.
Con la pelota en la boca.
La deja caer en la sala.
Se acuesta junto a ella.
Cierra los ojos.
Respira profundo.
Can (feliz,bajito):
Pelota…
Luego aparece el gato.
Enredado en estambre.
Rodando.
Rodando más.
Rodando hasta quedar justo en medio de la sala.
Se queda ahí.
Mirando el techo.
Con la patita atrapada en el hilo.
Gato (suave):
…mío.
La casa no dice nada.
Solo lo acepta.
El can duerme con la pelota.
El gato duerme con el estambre.
La estampida duerme en sus lugares.
El estudio duerme.
La cocina duerme.
El bosque duerme.
Todo vuelve a su sitio.
Todo vuelve a su ritmo.
Todo vuelve a su absurdo pastel.
Y así,sin ruido,sin persecuciones,sin caos…esta historia respira




