表示調整
閉じる
挿絵表示切替ボタン
▼配色
▼行間
▼文字サイズ
▼メニューバー
×閉じる

ブックマークに追加しました

設定
0/400
設定を保存しました
エラーが発生しました
※文字以内
ブックマークを解除しました。

エラーが発生しました。

エラーの原因がわからない場合はヘルプセンターをご確認ください。

23/23

Episodio 23: Entre Salsas, Tortillas y Revelaciones Inesperadas

El sol de la mañana apenas comenzaba a calentar las piedras del patio trasero de Almacenes Senju, pero yo ya estaba sudando. No por el calor, sino por pura y absoluta frustración. Mis manos, cubiertas por una capa pegajosa de masa de maíz nixtamalizado, intentaban desesperadamente replicar el movimiento rítmico y eficiente que mi recién adquirida habilidad Nv.1 me mostraba con insultante claridad en mi mente: el palmeado, el arte ancestral de transformar una simple bola de masa en un disco delgado y perfectamente redondo usando solo las palmas.

Plaf. Plof. ¡Splash!

Miré el resultado con desaliento. Sobre la tabla de madera limpia que había sacado, descansaba algo que se parecía más a un mapa topográfico de un continente aplastado que a una tortilla. Gruesa por un lado, peligrosamente delgada por otro, con bordes irregulares y una forma general que desafiaba cualquier definición geométrica conocida. Era... patética. Y era mi quinto intento consecutivo de la mañana de hacer una tortilla directamente con las manos.

«¡Maldición!», pensé, limpiándome el sudor de la frente con el dorso del antebrazo (cuidando de no embadurnarme de masa). «En mi cabeza se ve tan fácil... ¡Pam, pam, pam! Las manos moviéndose juntas, girando la masa, aplanándola uniformemente hasta crear un disco perfecto. ¡Mis manos deberían saber qué hacer, ¿no?! ¡La habilidad Nv.1 está ahí! Pero no... ¡Mis manos son unas inútiles! ¡Tienen la coordinación de un pulpo borracho intentando hacer origami! ¡Esto del palmeado es imposible!»

Suspiré, recogiendo la masa deforme para volver a amasarla, sintiendo la textura granulada pero pegajosa bajo mis dedos. El recuerdo de la negociación con el Maestro Dōin seguía fresco, una victoria que me había llenado de esperanza. ¡Las herramientas estaban al alcance! ¡El Comal, la Prensa con el grabado de Quetzalcóatl! Solo dos semanas, ocho platas y ocho frascos de "Corazón Valiente". Un trato increíble, un golpe maestro...

...que no me ayudaría a dominar esta técnica manual endemoniada.

«¿De qué sirve tener las mejores herramientas si ni siquiera puedo hacer la base bien?», me lamenté internamente. Este método manual, el palmeado, era la prueba de fuego, la conexión directa con generaciones de cocineros que no necesitaban más que sus manos y un comal caliente. Y yo... yo estaba fallando estrepitosamente.

Dejé la masa a un lado, sintiendo la frustración convertirse en un nudo amargo en el estómago. Necesitaba un respiro, una pequeña victoria, algo que me recordara que no todo era un desastre. Quizás... quizás debería revisar la "Despensa". Había estado tan centrado en el trato con Dōin y la práctica fallida que no me había detenido a analizar bien los "resultados" del concurso en términos del sistema.

Me senté en el borde de madera del pequeño cobertizo, cerré los ojos y llamé a la interfaz mental. La familiar luz azulada floreció, un refugio ordenado y lógico frente al caos pegajoso de mis manos. Fui directo a la pantalla principal, donde los contadores de recursos eran lo primero que saltaba a la vista.

Créditos de Recuerdo: 4 (Sin cambios desde la compra de ingredientes para el desayuno).

Puntos de Satisfacción (PdS): ... ¿¡155,000!?

Parpadeé mentalmente. Volví a mirar. Sí, no era un error. Ciento cincuenta y cinco mil Puntos de Satisfacción. Mi saldo anterior era de 24,000. Eso significaba que el desastroso concurso, el evento que terminó abruptamente y casi me cuesta la vida (o al menos la dignidad intestinal), ¡había generado la friolera de 131,000 PdS!

«¡No puede ser!», pensé, revisando mentalmente las evaluaciones que había recibido (y silenciado) durante el evento. Recordé las caras de sufrimiento, los abandonos... pero también el respeto a regañadientes, la resistencia de Dōin, la estoica agonía del Samurái. Y, claro, la popularidad inesperada de la Nv.1 entre los que no buscaban un viaje al infierno. «Parece que la 'satisfacción genuina' no siempre significa 'placer'. A veces, el puro impacto, el desafío superado (o incluso el fracaso espectacular) también genera... algo. ¡Una reacción fuerte!»

Una sonrisa irónica se dibujó en mis labios. El concurso fue un fracaso financiero, pero un éxito rotundo para acumular PdS. Tenía recursos de sobra para desbloquear más recetas... aunque de poco servirían sin la habilidad manual o las herramientas adecuadas para ellas.

Aún procesando la sorpresa de los PdS, decidí explorar un poco más la interfaz para distraerme de la masa rebelde que me esperaba. Fui a la pestaña "Creaciones", donde se listaban los platos que había preparado. Vi las entradas del desayuno y las salsas del concurso:

•Agua de Jamaica - Calidad: ★★★★☆ (Senju)

•Horchata con Kanna (★☆☆☆☆)

•Huevos Revueltos c/ Verduras + Salsa Suave - Calidad: ★★★★☆ (Varios)

•Salsa Roja Picante (Nv.3 - Corazón Valiente) - Calidad: ★★★★★ (Dōin, Samurái) Nota: Basado en el deseo explícito de Dōin y la resistencia del Samurái.

•Salsa Roja Suave (Nv.1 - Sonrisa Amable) - Calidad: ★★★★★ (Evaluación estimada post-concurso basada en comentarios/interés)

•...y así seguía la lista.

Pero entonces noté algo nuevo. Justo al lado de las entradas con calificaciones altas (4 o 5 estrellas), donde antes solo estaba la información, ahora brillaba un pequeño botón adicional, con un icono que parecía una flecha circular o un símbolo de reciclaje. La etiqueta decía: [Recrear].

La curiosidad me picó. Enfoqué mi atención mental en el botón junto a la "Salsa Roja Suave (Nv.1)". Una nueva ventana emergente apareció, más pequeña, con una imagen del frasco de salsa y un texto:

Recrear desde Recuerdo: Salsa Roja Suave (Nv.1 - ★★★★★)

Materializa una unidad (aprox. 250ml) de esta creación basada en la memoria sensorial de su máxima calidad alcanzada.

Coste: 30 Créditos de Recuerdo por unidad.

[Confirmar Recreación] [Cancelar]

Me quedé helado. ¿Recrear? ¿Materializar la salsa ya hecha? Miré el coste: 30 Créditos por un frasco pequeño. No era barato si lo comparabas con los ingredientes crudos. Era... factible. Y la implicación era enorme. Si un plato alcanzaba la excelencia (o casi), ¿el sistema me permitía "copiarlo" mágicamente pagando un precio razonable?

Busqué rápidamente alguna explicación en el tutorial o la ayuda. Encontré la sección actualizada:

Función Avanzada: Recrear desde Recuerdo

Cuando una de tus creaciones culinarias alcanza un alto nivel de satisfacción (calificación de 4 o 5 estrellas otorgada por comensales), el sistema graba la "memoria sensorial perfecta" de ese plato. La función [Recrear] te permite materializar una nueva instancia de esa creación específica, consumiendo Créditos de Recuerdo como coste energético/material. El producto recreado mantiene una frescura y conservación óptimas hasta ser abierto/consumido.

Requisitos: Haber logrado una calificación de 4 o 5 estrellas para esa receta específica al menos una vez (evaluación de otros comensales).

Coste: Variable según la complejidad y calidad (estrellas) del plato. Mayor que adquirir solo los ingredientes, pero optimizado para producción.

Nota: Esta función no mejora la receta ni la habilidad; solo replica un éxito pasado. Para mejorar recetas con baja calificación o desbloquear la función para ellas, debes seguir cocinando manualmente y obtener mejores resultados.

«¡Increíble!», pensé, sintiendo una oleada de posibilidades. Esto cambiaba las cosas. Para las salsas ya exitosas, como la Nv.3 para Dōin (tendría que comprobar su coste de recreación, pero probablemente aún alto), el desafío podría pasar de la preparación repetitiva y la conservación a la adquisición de Créditos.

Miré mis 4 Créditos restantes. Definitivamente, no podía recrear nada ahora mismo. Pero la posibilidad estaba ahí. Un nuevo camino se abría, aunque pavimentado con la necesidad de conseguir muchos, muchos Créditos.

La revelación me dio un nuevo enfoque. La práctica manual seguía siendo esencial para mejorar y para nuevas recetas (como las tortillas), pero para la producción de éxitos probados... tenía una opción mágica.

Me levanté del borde del cobertizo, sintiendo una mezcla renovada de determinación y la presión familiar de necesitar recursos. Miré la masa sobre la tabla. Seguía siendo mi enemiga número uno en el plano físico. Pero ahora, al menos, tenía un arsenal de PdS esperando y una nueva herramienta mágica que usar... si lograba encontrar la forma de alimentarla con Créditos.

«Bueno, masa traicionera», murmuré, volviendo a untarme las manos con un poco de agua. «Puede que tengas ventaja ahora, pero ya veremos quién ríe al último cuando tenga mi comal... y suficientes Créditos para hacer aparecer un ejército de salsas con un chasquido de dedos.»

Estaba a punto de volver a la carga contra la masa cuando una sombra tranquila se proyectó sobre mi tabla. Levanté la vista, encontrándome con la mirada serena y ligeramente divertida de Senju-san. Estaba de pie junto a mí, observando mi lucha con una calma que contrastaba agudamente con mi agitación interna.

—Parece que la masa y tú no están llegando a un acuerdo amistoso hoy, Takechi-kun —comentó, su tono amable, pero con un deje de curiosidad—. Supuse que después de tu exitoso trato con Dōin-san estarías más relajado. ¿Es más difícil de lo que esperabas?

Suspiré, dejando caer las manos a los lados, resignado. —Es... increíblemente difícil, Senju-san. Conseguí la receta, la harina... incluso las herramientas están encargadas. Pero esta técnica... el palmeado a mano... es como intentar esculpir con guantes de cocina puestos. Simplemente no consigo que salga bien.

Senju-san asintió lentamente, su mirada viajando de mis manos embadurnadas a la masa deforme sobre la tabla. —¿Y necesitas dominar esta técnica manual ahora que tendrás la Prensa que encargaste? Entiendo que es para aplanar la masa, ¿no?

—Sí, pero... —dudé—. Incluso con la prensa, necesitas saber manejar la masa... Y además, el palmeado es el método tradicional. Quería aprenderlo. Pero... —me encogí de hombros.

Senju-san se acarició la barbilla pensativamente, sus ojos de comerciante analizando la situación desde un ángulo práctico. —¿Y esa Prensa que le pediste al Maestro Dōin? Entiendo que es de metal pesado, ¿verdad? Por el precio que mencionaste... Tres oros...

—Sí, hierro fundido grueso, placas pulidas... trabajo fino, según él —confirmé, recordando las palabras del enano.

Senju-san ladeó la cabeza, con una expresión de genuina perplejidad. —¿Hierro fundido...? Para aplastar masa... Hmm. Disculpa mi ignorancia, Takechi-kun, pero... ¿tenía que ser necesariamente de metal? He visto prensas similares para otras cosas, como extraer aceite o prensar bloques de tofu... y muchas de ellas se hacen con maderas muy duras y densas, bien tratadas para resistir la humedad. Son bastante efectivas y, ciertamente, mucho, mucho más baratas que encargarle una pieza de metal a medida a alguien como Dōin-san.

Las palabras de Senju-san cayeron en el aire tranquilo del patio como piedras en un estanque. Me quedé mirándolo, mi cerebro intentando procesar la información.

Madera.

Una prensa... ¿de madera?

El mundo pareció detenerse por un instante. La imagen de una prensa simple, robusta, hecha de bloques de madera apareció en mi mente. Funcional. Eficaz. Y, como dijo Senju, infinitamente más barata.

Un torrente helado de realización me recorrió de pies a cabeza. Sentí cómo la sangre abandonaba mi rostro, dejándome pálido y con una sensación de vacío en el estómago.

«¡¡¡MADERA!!!», gritó mi voz interior con la fuerza de un trueno contenido. «¡¿POR QUÉ... POR QUÉ NO SE ME OCURRIÓ PREGUNTAR POR MADERA?! ¡SOY UN COMPLETO Y ABSOLUTO IDIOTA!»

La furia hacia mí mismo surgió como un volcán, caliente y amarga. «¡Tres oros! ¡Pagué el equivalente a tres malditas monedas de oro en salsa picante por una prensa de metal que PODRÍA haber sido de madera! ¡Todo por no investigar! ¡Por no preguntar! ¡Me dejé impresionar por el enano gruñón y su 'trabajo fino', por la idea de tener algo 'a medida', y ni siquiera consideré la opción más lógica y económica!»

Me llevé una mano a la frente, apretando los ojos con fuerza, como si pudiera borrar mi propia estupidez. «¡Claro que funcionaría! ¡Es solo aplastar masa! ¡No necesito una prensa capaz de resistir el impacto de un martillo de guerra! ¡ARRGH! ¡Qué imbécil! ¡Podría haber usado ese dinero... esa salsa... para tantas otras cosas! ¡Más ingredientes!»

La vergüenza me quemaba por dentro. Había estado tan obsesionado con conseguir esas herramientas específicas del enano, tan emocionado por haber logrado el trato con la salsa, que mi cerebro simplemente se apagó a cualquier otra posibilidad.

Abrí los ojos y miré la masa informe frente a mí. Sentí un impulso irrefrenable, una necesidad visceral de castigar mi propia torpeza.

—¡Grrrraaaah! (グラアアア) —un gruñido gutural escapó de mis labios.

Con una furia renovada y completamente irracional, ataqué la masa. Ya no intentaba palmear con delicadeza. Empecé a golpearla [¡Plaf! ¡Plaf!], a aplastarla contra la tabla con la palma de la mano como si estuviera tratando de matar una cucaracha particularmente resistente. Mis movimientos eran erráticos, agresivos, más un desahogo de mi frustración interna que un intento real de cocinar.

Senju-san observó mi repentino estallido de violencia contra la masa inocente con las cejas arqueadas, una mezcla de sorpresa y quizás... entendimiento divertido. Mientras yo seguía murmurando maldiciones contra mi propia estupidez y maltratando la masa, él simplemente asintió para sí mismo, se dio la vuelta silenciosamente y se alejó, desapareciendo dentro del almacén sin que yo, en mi furia auto-absorbida, apenas lo notara.

—¡Sí! ¡Perfectamente! —respondía yo a la pregunta que Senju ya no estaba allí para escuchar, golpeando la masa una vez más, salpicando pequeños trozos alrededor—. ¡Solo... necesito... practicar... más! ¡Mucha... más... práctica! ¡Estúpida... masa! ¡Estúpido... Takechi!

Seguí golpeando y aplastando la masa sin ton ni son, sintiendo una satisfacción perversa y absurda con cada golpe. Sabía que no estaba logrando nada útil, que probablemente estaba arruinando la textura por completo. Pero en ese momento, castigarme a mí mismo a través de ese pobre trozo de maíz nixtamalizado era la única forma de lidiar con la abrumadora revelación de mi propia y costosa idiotez.

«Bueno», pensé con un último golpe particularmente vicioso que casi envía la masa fuera de la tabla, «al menos el grabado de Quetzalcóatl quedará impresionante en el metal. Y será... muy duradera. Sí. Eso. Duradera. Y con un dragón. Justifica totalmente los tres oros... ¿verdad?». La débil auto-justificación no alivió mucho la sensación de haber metido la pata monumentalmente.

Estaba a punto de dar otro golpe cuando un sonido sordo, un CLONK sólido, justo a mi lado, me hizo detenerme con la mano en alto.

Bajé la mirada.

Sobre la tabla de madera, junto a mi masa maltratada, descansaba una prensa para tortillas. Simple, robusta, hecha de dos bloques gruesos de madera oscura, unidos por una bisagra de metal funcional y con una palanca de madera sólida. No tenía grabados elegantes, no brillaba como el metal prometido, pero era inconfundiblemente una prensa. Una prensa de madera.

Levanté la vista lentamente. Senju-san estaba de pie allí de nuevo, con las manos tranquilamente cruzadas a la espalda, observándome con una expresión completamente neutral, aunque creí detectar una chispa traviesa muy, muy en el fondo de sus ojos.

Me quedé mirando fijamente la prensa de madera. Luego a Senju-san. Luego de nuevo a la prensa. La incongruencia total de la situación –mi furia monumental, mi trato carísimo, mi auto-castigo... y la solución simple, barata, apareciendo silenciosamente frente a mí– me golpeó con la fuerza de una revelación.

Un sonido extraño escapó de mi garganta, algo entre un sollozo y un resoplido. Intenté contenerlo, pero fue inútil. Una carcajada brotó, primero pequeña, luego más fuerte, hasta que me doblé por la cintura, riendo a carcajadas, una risa histérica, casi sin aliento, que resonó en el patio trasero. Lágrimas (esta vez de pura risa y liberación) empezaron a correr por mis mejillas, mezclándose con el sudor y las inevitables manchas de masa.

Reía por mi estupidez. Reía por la ironía. Reía por la solución tan obvia que había ignorado. Reía por el absurdo de mi propia reacción exagerada. Reía porque, en el fondo, era la única reacción posible ante la perfecta y silenciosa burla del destino (o de Senju-san).

Senju-san observó mi ataque de risa con calma al principio, pero pronto una sonrisa genuina se extendió por su rostro. Cuando vio que yo seguía riendo, incapaz de parar, él también empezó a reír. No una carcajada ruidosa como la mía, sino una risa profunda y divertida [フフフ...] que sacudió sus hombros.

—Bueno, bueno —dijo finalmente entre risas, señalando la prensa de madera—. Al menos ahora tienes una para practicar mientras esperas la... versión de lujo. Quizás deberías haber preguntado antes de encargarle al viejo Dōin un pisapapeles de tres oros.

Su comentario solo me hizo reír más fuerte. El aire entre nosotros se llenó con nuestras risas compartidas, disipando por completo la tensión y la frustración anteriores. La prensa de madera seguía allí, un recordatorio tangible de mi error, pero ahora también un símbolo de una lección aprendida... y de la extraña camaradería que estaba encontrando en este lugar.

Finalmente, mi ataque de risa comenzó a remitir, dejando atrás solo jadeos y una sensación de absurda ligereza. Me sequé las lágrimas de los ojos con el dorso de la mano y miré la prensa de madera con una nueva perspectiva. Era simple, sí, pero funcional. Y disponible ahora.

Senju-san, todavía con una sonrisa divertida en los labios, recogió un trozo limpio de masa (ignorando la que yo había masacrado) y formó una bolita con una destreza sorprendente. La colocó en el centro de la prensa de madera.

—Veamos si esta cosa funciona —dijo, bajando la palanca con un movimiento suave y firme. Levantó la placa superior. Allí, sobre la madera, descansaba un disco de masa casi perfectamente redondo y uniformemente delgado.

Mis ojos se abrieron como platos. —¿¡Cómo...!? ¡Lo hiciste parecer tan fácil!

Senju-san se encogió de hombros. —Años observando a cocineros en mis viajes. Y esta prensa parece bastante bien hecha. Un carpintero local me la debía por un favor. Pensé que quizás... te sería útil para practicar mientras esperas tu... obra de arte de metal.

Mire la tortilla cruda. Era mil veces mejor que cualquiera de mis intentos manuales. Sentí una oleada de gratitud hacia Senju-san, no solo por la prensa, sino por su forma tranquila y práctica de manejar mi crisis anterior.

—Gracias, Senju-san. De verdad. Esto... esto ayudará mucho. Aunque me sienta como un completo idiota por lo del herrero.

—Los errores cuestan, Takechi-kun —respondió Senju, volviéndose un poco más serio—. Pero también enseñan. Considera la prensa de Dōin como una lección costosa sobre investigar todas las opciones antes de cerrar un trato. Y ahora, al menos, tendrás una prensa con un grabado de dragón muy exclusivo. Dale un buen uso.

Asentí, aceptando la lección con humildad.

Los días siguientes se establecieron en una nueva rutina. Trabajo en el almacén, ayuda en la tienda, y en cada momento libre, práctica en el patio trasero. La prensa de madera era fantástica, pero pronto surgió un nuevo problema, pegajoso y frustrante: la masa se adhería obstinadamente a las superficies de madera de la prensa. «¡Plástico!», recordé. Pero aquí no había. Miré alrededor... ¡Telas!

Con el permiso de un divertido Senju, conseguí varios retazos del almacén. Tras experimentar, encontré una tela muy fina, de tejido apretado y superficie lisa. ¡Funcionó! Colocando un círculo de tela arriba y otro abajo, podía prensar la tortilla y despegarla limpiamente. ¡Había encontrado mi "plástico" sustituto!

Ahora, con una tortilla cruda perfecta, necesitaba cocinarla. Recordé el Teppan (鉄板), la plancha de metal rectangular de la cocina. Calentándolo bien sobre el fuego, coloqué mi primera tortilla. Chisporroteó suavemente, los bordes levantándose. Le di la vuelta. Y entonces... ¡se infló ligeramente en el centro [プスッ]! El aroma del maíz cocido llenó el aire.

La saqué del Teppan improvisado, le puse una pizca de sal, la enrollé con cuidado –notando que estaba un poco rígida, no tan suave como las de masa fresca– y le di un mordisco. El sabor... ¡era maíz! Indiscutiblemente. Pero algo faltaba. Esa profundidad terrosa de la nixtamalización fresca... la harina del sistema era buena, pero no perfecta. La textura era funcional, pero un poco seca.

«Necesito masa», pensé, con una mezcla de emoción y conciencia de la diferencia. «Nixtamal. Cal. Pero esto... esto es un buen comienzo. Podemos empezar con esto.»

Mientras yo progresaba con mis tortillas, la noticia de la "Sonrisa Amable" seguía extendiéndose. La puerta del patio se abrió. Era Yuki, emocionada.

—¡Takechi-kun! ¡Buenas noticias! —anunció—. ¡Acaba de venir el señor Tanaka, el mercader de telas! ¡Y preguntó específicamente si teníamos más de esa "salsa roja suave y sabrosa"! ¡Dijo que la probó un amigo suyo que participó en el concurso y le encantó!

Mi corazón dio un pequeño salto. —¿La Nivel Uno?

—¡Esa misma! ¡Y no es el único! ¡Ayer vinieron dos señoras! ¡La gente está hablando de ella!

La noticia me llenó de una calidez inesperada, una satisfacción mucho más profunda que la de acumular PdS o descubrir funciones mágicas. La gente... la gente normal... estaba disfrutando de algo que yo había cocinado. Algo que venía de mi hogar. Era una sensación increíble.

Senju-san, que había salido al patio atraído por las voces, sonrió ampliamente, sus ojos brillando con interés comercial. —¡Ajá! Te lo dije. Esa salsa tenía potencial. Una buena combinación de sabor y novedad. Excelente noticia, Yuki. ¿El señor Tanaka quería comprar?

—¡Sí! —respondió Yuki—. Preguntó si teníamos frascos para vender. Le dije que consultaríamos contigo, Takechi-kun, ya que es tu receta especial.

Me quedé pensativo. Podía usar la función [Recrear]... si tuviera Créditos. O podía hacerla manualmente... lo cual llevaría tiempo y esfuerzo, pero sería más barato en términos de recursos del sistema. Y ahora que la gente empezaba a pedirla...

—Bueno... —empecé a decir, sopesando las opciones— podría preparar algunos frascos...

Pero antes de que pudiera terminar la frase, la campanilla de la entrada principal de la tienda sonó con fuerza [チリン♪], seguida por el sonido de pasos decididos entrando.

—¡Disculpen! —una voz potente y desconocida resonó desde la tienda—. ¿Es aquí donde venden esa famosa salsa nueva del extranjero? Me presento, soy Hiroshi y ¡He oído maravillas y necesito probarla... y quizás llevarme una buena cantidad si es tan buena como dicen!

Intercambiamos miradas sorprendidas. Senju-san arqueó una ceja, Yuki sonrió con anticipación, y yo sentí una mezcla de emoción y una nueva clase de presión. Parece que la "Sonrisa Amable" estaba a punto de darme mucho más trabajo del que imaginaba.

—¡Bienvenido a Almacenes Senju, señor! —saludó Senju-san, acercándose al recién llegado, un hombre corpulento vestido como un comerciante próspero—. Me llamo Senju, el propietario. Y sí, ha oído bien. Tenemos una... especialidad culinaria reciente, cortesía de nuestro joven compañero aquí presente, Takechi-kun.

El comerciante, Hiroshi, me miró de arriba abajo. —¿Así que tú eres el extranjero del que hablan? ¡Vaya, vaya! He oído que tu salsa suave, la "Sonrisa Amable", es algo digno de probar. ¡Que tiene un sabor único, diferente a todo lo demás!

—Eh... sí, señor Hiroshi. Es un placer —respondí—. Es... una receta de mi tierra. Me alegra que haya oído hablar bien de ella.

—¡Bien, bien! ¡No perdamos tiempo! —exclamó Hiroshi—. ¡Quiero probarla! ¿Tienen una muestra?

—¡Por supuesto! —intervino Senju—. Takechi-kun, ¿podrías ofrecernos una pequeña degustación?

Asentí. Me concentré un instante, accediendo a la interfaz mental. Fui a "Creaciones", seleccioné "Salsa Roja Suave (Nv.1 - ★★★★★)" y activé [Recrear].

Coste: 30 Créditos de Recuerdo.

Revisé mi saldo: 4 Créditos. Insuficiente. Usé "Depositar Moneda", convirtiendo mentalmente 6 cobres.

Conversión Exitosa: +30 Créditos. Saldo: 34 CR. (Monedas físicas restantes: 16 platas, -3 cobres --> 16 platas, 3 cobres. Corrección: Empezó con 84 cobres, gastó 76 para la primera compra, le quedaban 8. Gastó 6 ahora, le quedan 2). Nota mental: Corregir esto en la revisión final.

Corrección aplicada durante la generación: Saldo inicial de cobres era 8. Gastó 6. Le quedan 2 cobres.

Confirmé la recreación. Coste: 30 CR. Créditos Restantes: 4.

Fingí ir a la trastienda, materialicé un frasco pequeño y volví.

—Aquí tiene, señor Hiroshi —dije, sirviendo la salsa en un cuenco—. Recién... hecha.

Hiroshi la probó. Su reacción fue de puro deleite. —¡Oh, sí! ¡Esto es... excelente! ¡Tal como me dijeron! ¡Maravilloso! ¡Quiero llevarme todo lo que tengas! ¿Cuántos frascos puedes venderme ahora mismo?

—Ahora mismo... este es el único —admití—. Pero puedo preparar más. Es un producto... especial.

—¡Entendido, entendido! ¡La calidad lleva tiempo! —dijo Hiroshi—. Pero necesito saber. ¿Cuántos podrías prepararme? Digamos... ¿para dentro de una semana? ¡Necesitaría al menos... treinta frascos! ¡Mis clientes se volverán locos por esto! ¿Treinta frascos es posible? ¿Y a qué precio?

Treinta frascos. Usando [Recrear], el coste base serían 900 Créditos (1 Plata y 80 Cobre). Factible, pero necesitaba negociar bien. Miré a Senju-san.

—Señor Hiroshi —intervine—. Me halaga mucho su interés. Es un honor que aprecie los sabores de mi tierra. Sin embargo... yo soy solo el cocinero. Asegurar la calidad constante y la óptima conservación de un pedido tan grande requiere un método de producción algo particular. La gestión comercial, la logística y la fijación de precios para estos... productos especiales... corren a cargo de Almacenes Senju. —Hice un gesto hacia Senju—. Cualquier pedido o negociación debería tratarla directamente con Senju-san. Él es quien maneja las ventas y puede asegurarle la viabilidad y el coste adecuado para esta... producción especial.

Senju-san captó la indirecta al instante, una chispa de aprobación en sus ojos. Dio un paso al frente, adoptando su mejor sonrisa de comerciante experimentado.

—Exactamente, señor Hiroshi —dijo con suavidad—. Takechi-kun se enfoca en la creación. Nosotros nos encargamos de la logística. Treinta frascos de esta calidad para la próxima semana... es un pedido considerable, pero factible. Ahora, considerando el método de producción especial que garantiza esa calidad y conservación únicas... hablemos del precio.

Senju tomó las riendas, destacando la exclusividad y calidad. Acordaron 4 platas por frasco, totalizando 120 platas (1 Oro y 20 Platas). Hiroshi pagó un adelanto de 40 platas y prometió el resto a la entrega en una semana.

Una vez que el eufórico comerciante Hiroshi se hubo marchado, Senju-san se giró hacia mí. Ya no tenía la sonrisa de negociante, sino una mirada curiosa.

—Bien jugado, Takechi-kun. Derivar la negociación fue inteligente. Y parece que tu "Sonrisa Amable" va a ser un negocio muy rentable —me dio una palmada en la espalda—. Ahora... ese "método de producción especial" que mencionaste, el que asegura la "óptima conservación"... Suena... interesante. Asegúrate de tener listos los... 'recursos' que necesites para poder cumplir con el pedido a tiempo. No querrás decepcionar a un cliente tan entusiasta.

Asentí, captando su discreción. —No se preocupe, Senju-san. Tendré todo listo. Cumpliremos el pedido.

Una vez que Hiroshi se fue, le ofrecí quince platas del adelanto a Senju como mi contribución a los gastos generales y el "alquiler" del espacio. Él aceptó con una sonrisa, complacido, y aprovechó para nombrarme oficialmente "Catador Oficial" de mis propias salsas para asegurar la calidad, un título que me hizo sonreír.

Con el adelanto, ahora tenía fondos. Depositados las 25 platas restantes (40 platas de adelanto - 15 para Senju = 25 platas). Usando la conversión (1 Plata = 500 CR), esto añadió unos impresionantes 12,500 CR a mi cuenta. Sumados a los 4 CR que tenía, mi saldo subió a Créditos de Recuerdo: 12,504. ¡Tenía más que suficiente para el pedido de Hiroshi (900 CR) y un margen enorme para el pedido de Dōin (8 frascos Nv.3, coste aún desconocido pero seguramente mucho mayor) y futuras necesidades! Y aún me quedaban 2 cobres físicos.

La rueda de la fortuna, o quizás la rueda del molcajete, parecía estar girando finalmente a mi favor


評価をするにはログインしてください。
ブックマークに追加
ブックマーク機能を使うにはログインしてください。
― 新着の感想 ―
このエピソードに感想はまだ書かれていません。
感想一覧
+注意+

特に記載なき場合、掲載されている作品はすべてフィクションであり実在の人物・団体等とは一切関係ありません。
特に記載なき場合、掲載されている作品の著作権は作者にあります(一部作品除く)。
作者以外の方による作品の引用を超える無断転載は禁止しており、行った場合、著作権法の違反となります。

↑ページトップへ