La ultima cena absurda y el guardián de la lógica humana
El bosque vibraba con tensiones acumuladas: el ogro rugiendo, el robot apuntando, el zombie tambaleándose. Todos querían devorar, destruir o reclamar algo de Koko.Ella, sin apuro, seguía masticando sus papitas.
De pronto, una voz profunda resonó entre los árboles. No era metálica ni monstruosa, era solemne, como un eco antiguo.
Soy el Guardián de la Lógica Humana.
El ogro retrocedió un paso, confundido.
¿Quién…quién habla?
El zombie parpadeó,su mandíbula colgando.
Sistema muerto no preparado para voz mítica.
El robot intentó calcular, pero sus sensores se saturaron.
Error: entidad desconocida.
El Guardián emergió lentamente, envuelto en un resplandor absurdo, como si la misma lógica humana hubiera tomado forma.
Escuchen, criaturas del bosque. La humana ha decretado la ley universal: primero se come, luego se muere.
Koko levantó la soda y asintió con calma.
Exacto.
El ogro protestó, con hambre en los ojos.
¡Pero yo quiero comer ahora!
El Guardián respondió con solemnidad.
El hambre no precede a la dignidad. La dignidad exige papitas, soda y hamburguesa antes del fin.
El zombie levantó la mano, inseguro.
¿Y yo qué como?
El Guardián lo miró con gravedad absurda.
Tus piernas crujientes son intercambio justo.
El robot vibró, incapaz de procesar.
Sistema colapsando. Nueva autoridad detectada.
Koko sonrió, tranquila.
Ven, Guardián, al fin alguien entiende.
El bosque entero se quedó en silencio. El ogro, el zombie y el robot miraban al Guardián como si fuera un juez inapelable.La lógica absurda se había convertido en dogma.
El Guardián levantó la voz, como si dictara un decreto eterno.
Que quede escrito en los protocolos del mundo: primero la comida, luego la épica, después la muerte.
El eco se expandió entre los árboles, y por un instante todo el universo aceptó que la lógica humana absurda era más poderosa que cualquier misión, hambre o apocalipsis.




