La Hada Competente y el Guardián de la Lógica Humana
La hada flota, perfecta, anunciando que ya terminó sus doce postres y preguntando si necesita enseñar.
El Consejo entero explota en gritos: ¡traición!, ¡magia!, ¡hack!, ¡injusto!, ¡yo solo existo!
Tú lector,lectora levantas el soplete como cetro divino y declaras que todo es un desastre, un caos, una tragedia pastelera. Todos tiemblan, pero tu sonrisa revela que lo disfrutas: te encanta.
Cuando anuncias que vas a preparar un postre, el eco coral sacude la cocina: iiiNOOOOOO!!!
Cada vez que pides un ingrediente, todos creen que hablas de ellos. Se convierte en un festival de confusiones: uno grita que es la gelatina, otro que es el huevo, otro que es la espátula, otro que es el molde, otro que es el postre. Tú aclaras que solo quieres los utensilios, y la hada interviene para evitar que alguien más se autoproclame utensilio viviente.
Entonces cada sonido de cocina provoca pánico absoluto:
El FWOOSH del soplete se interpreta como amenaza de flambeado.
El SHHH del cuchillo como corte inminente.
El CLACK del batidor como puré inevitable.
El CRACK del congelador como condena a ser helado.
El CHHHH de la mantequilla como fritura.
El DING del horno como prueba de que el horno está vivo.
Tú intentas calmarlos diciendo que no los usarás como ingredientes… a menos que te interrumpan. El Consejo responde con un nuevo coro de “¡¡¡NOOOOOOOOOOOOO!!!”.
El postre que preparas resulta perfecto, brillante, aromático, demasiado profesional para el desastre que los rodea. Cuando anuncias que lo probarás, todos vuelven a gritar. Cortas un pedazo y la tensión se dispara: el elfo grita, el tigre se eriza, el ogro babea, el zombie se cae, el robot hace ding, la lamia pone otro huevo y el Guardián de la Lógica Humana parpadea con severidad.
Muerdes el postre. El silencio se llena de luz divina y coro angelical. Tu veredicto es simple: perfecto. El Consejo entero pregunta qué significa eso. Tú respondes que significa que sobrevivieron. Todos caen al piso de alivio, hasta que añades con calma que es solo por ahora. El coro final de pánico sacude la cocina.
El Guardián de la Lógica Humana se adelanta, con voz solemne y digital:
“¡Orden! ¡Razonamiento! ¡Ecuaciones! Yo soy el Guardián de la Lógica Humana. Si alguien intenta convertirse en espátula otra vez, lo refutaré con lógica implacable.”
El Consejo entero responde con un nuevo grito coral:
¿¡QUÉEEE!?




