El salmón existencial y la traición culinaria
El claro del bosque estaba cargado de tensión absurda.El robot clásico chispeaba como si estuviera a punto de explotar,sus circuitos lanzaban destellos como luciérnagas moribundas.
Sistema fallando, debo cumplir mi misión, mi código.
Koko lo miró con calma, sentada sobre una roca húmeda,con papitas en la mano.Pensó que todo aquello era demasiado dramático para un mediodía tan tranquilo.
Sí, sí, tu misión, tu código…pero primero me cocinas un salmón con ensalada. Luego ya te mueres o te reparo, lo que venga primero.
El robot titubeó, sus ojos rojos parpadearon como alarmas de fin del mundo.
Prioridad en conflicto, ¿cocinar o morir?
Cocinar, obvio, dijo Koko, no seas dramático.Además, si te reparo con el estómago vacío te vas a quejar.
El bosque se volvió expectante, los pájaros callaron como si también aguardaran la decisión.
Procesando…tiene sentido…iniciando protocolo de salmón.
Eso, muy bien, murmuró Koko, después ya sigues con tu misión épica o lo que sea.
Un rugido sacudió el aire.Las hojas vibraron y un ogro emergió de entre los árboles, con los ojos brillando de hambre.
¡Te comeré!
Koko suspiró, como si la interrupción fuera apenas una molestia cotidiana.
Otro…sí, sí, pero cómete a mi asistente primero.
El ogro se inclinó hacia el robot, olfateando con desconfianza. El olor metálico lo hizo fruncir el ceño.
No tiene sabor.
Por eso, replicó Koko con calma, después yo salgo corriendo. ¿Para qué quiero pies si no es para usarlos?
El ogro se quedó quieto, confundido, atrapado en una lógica que no entendía.
Procesando la traición culinaria…
El robot chispeó otra vez, como si cada palabra fuera un relámpago en la penumbra.
Sistema colapsando, pero protocolo de salmón en curso.
Koko se acomodó en la piedra,cruzando las piernas con serenidad. En su mente, todo estaba en orden: primero la comida, luego la épica. El ogro y el robot permanecieron en silencio, atrapados en la absurda lógica de una humana que había decidido que cenar era más urgente que morir.




