La luz que quebró sombras y piedra
Una luz inusualmente intensa cubre el bosque, alterando a los ghouls y provocando que un golem experimente un quiebre interno. La claridad revela que ni la oscuridad ni la firmeza son absolutas: ambas criaturas esconden una sensibilidad que el mundo acaba de despertar.
El amanecer llegó con una claridad imposible para esa estación. La luz era demasiado cálida, demasiado viva, y el bosque entero se estremeció. Los ghouls fueron los primeros en sufrirla: acostumbrados a la penumbra, se cubrían los ojos con manos huesudas, tambaleándose como si la claridad los empujara fuera de sus cuevas. Uno reía sin razón, otro lloraba sin lágrimas, y un tercero miraba el cielo con nostalgia, como si viera un recuerdo que no le pertenecía.
La kitsune observaba desde un tronco caído.
Nunca los había visto así —susurró.
Los cronistas intentaban registrar cada reacción, pero la luz también afectaba sus pergaminos: las palabras se volvían más claras, casi brillantes. Los espíritus del caos flotaban sobre los ghouls, fascinados.
Están sintiendo demasiado—cantaron. Qué divertido.
Los guardianes del orden, en cambio, estaban preocupados.
Si la luz altera a los ghouls —dijo un monje de cristal, ¿qué hará con criaturas más antiguas?
La respuesta llegó pronto. El golem del claro central, siempre firme, se detuvo en medio del sendero. Una grieta fina apareció en su pecho, extendiéndose lentamente como una rama seca. Intentó mover el brazo, pero este se desarmó en pequeñas piedras que cayeron al suelo como lágrimas minerales.
Una maga del viento libre tocó la grieta.
No es daño físico —dijo—. Es una regla rota. Algo que lo definía ya no existe.
El mago del pacto inmutable examinó el fenómeno.
Esto no debería ser posible —murmuró—. Las reglas de un golem son inquebrantables…a menos que el mana haya cambiado demasiado.
Los espíritus del caos celebraban la fractura con la misma risa que habían dedicado a los ghouls.
Está cambiando —cantaron—. Qué hermoso.
El golem, con esfuerzo, pronunció una frase:
No sé…qué soy...ahora.
La luz comenzó a desvanecerse al caer la tarde. Los ghouls regresaron lentamente a su comportamiento habitual,aunque algunos seguían mirando el cielo con nostalgia. El golem permaneció inmóvil, con la grieta aún visible, como si esperara una respuesta que el mundo no estaba dispuesto a dar.
La claridad había revelado lo oculto:
los ghouls no eran criaturas de oscuridad,
y los golems no eran estructuras inquebrantables.
Ambos eran sensibles, frágiles, y el mundo acababa de tocarles un nervio que nadie sabía que existía




