Sueños que no pertenecían a nadie
Las criaturas comienzan a tener sueños que no son suyos: recuerdos ajenos,decisiones que nunca tomaron,y visiones de un futuro que no les pertenece.
La noche cayó con una suavidad engañosa. Las estrellas brillaban más de lo habitual, como si quisieran observar lo que estaba por ocurrir. Y cuando el mundo se sumió en la oscuridad, los sueños comenzaron a mezclarse.
La primera en notarlo fue la kitsune. Soñó con un bosque que no conocía, con un dragón que rugía en un valle que jamás había visitado, y con un sello arcano que no sabía leer. Al despertar, tenía la sensación de haber vivido una vida que no era suya.
Un ghoul soñó con luz. No con la luz suave del amanecer, sino con una luz cálida, humana, imposible para él. En el sueño, tenía manos que no eran hueso, una voz que no era suya, y un miedo que no entendía. Al abrir los ojos, lloraba sin saber por qué.
Un golem soñó con correr. Él, que nunca había corrido, sintió el viento en su rostro de piedra, el peso ligero de un cuerpo que no era el suyo. Al despertar, una grieta nueva cruzaba su pecho.
Las magas y magos tampoco escaparon.
Una maga del viento libre soñó con un pacto que nunca firmó.
Un mago del pacto inmutable soñó con romper una regla que jamás rompería.
Una aprendiz soñó con un mundo sin mana, un vacío absoluto.
Los espíritus del caos celebraron los sueños ajenos como si fueran caramelos robados. Los guardianes del orden, en cambio, se reunieron en silencio, temiendo que los sueños fueran mensajes, advertencias o errores del mundo.
Los cronistas intentaron registrar los sueños, pero descubrieron que algunos se borraban solos, como si no quisieran ser escritos.
Al amanecer, todos compartían la misma sensación:
los sueños no pertenecían a nadie.
O tal vez pertenecían a todos.
Algo estaba conectando las mentes, mezclando recuerdos, futuros y posibilidades.
Algo que no quería permanecer oculto por mucho tiempo.




