Capítulo 8: Zona roja
Había cuerpos por todas partes. Algunos eran animales, otros claramente humanos.
Todos cubiertos por una fina capa rosada. Si los tocaba, se deshacían como cenizas, esparciendo más polvo rosa en el aire.
—Mantén la calma… no mires los cuerpos —se dijo en voz baja.
Lo curioso era que, pese al horror de la escena, su respiración no se había agitado. Al contrario, su cuerpo parecía adaptarse con rapidez, como si aquel aire enfermo no le resultara tan hostil como debería.
Varios parecían haber caído mientras huían. Otros estaban sentados contra las paredes, como si hubieran aceptado su destino. Algunos llevaban trajes protectores, pero la mayoría estaban rasgados o derretidos. Por su aspecto, parecían investigadores… o tal vez agentes del gobierno.
A unos metros, en una esquina, Sora divisó una cabina metálica. Había varios cuerpos amontonados alrededor, como si hubieran intentado entrar a la fuerza, desesperados.
Se acercó con cautela.
—Una cabina de descontaminación… —murmuró—. La rompieron intentando entrar. Demasiado tarde, al parecer.
A través de la ventanilla sucia distinguió una figura encorvada en el interior. Un cadáver. No llevaba traje protector, solo una mascarilla rota, inútil contra ese aire enfermo que lo envolvía todo.
Sora apartó la mirada.
Ese tipo de escenas resultaban desagradables para cualquier persona normal. Aun así, le eran inevitables, y necesitaba observarlo todo con atención: cualquier detalle podía servirle para encontrar a los humanos que aún necesitaban ayuda.
Intentó usar la habilidad Lectura Patogénica, otorgada por Ex Machina, pero…
[ Sistema de soporte
• Búsqueda de infectados: …. Error
• Búsqueda de infectados: …. Error
• …
• Búsqueda de infectados: …. Error
La Lectura Patogénica ha fallado. La concentración de virus en el entorno es demasiado alta para identificar objetivos individuales.
]
Inútil. Completamente inútil en este entorno saturado.
—Tendré que confiar en mi instinto… otra vez —murmuró, con una sonrisa amarga.
Siempre había tenido buen instinto para cosas relacionadas con enfermedades, incluso desde niño. No era conocimiento ni experiencia. Era más bien como si algo dentro de él reconociera lo que estaba mal antes de que pudiera pensarlo.
Pero no era eso lo que quería.
Quería estudiar medicina. Ayudar de verdad. Convertirse en alguien que contribuyera con la sociedad, un adulto responsable y, en el futuro, formar una familia estable.
Aquí, en cambio, lo único que le quedaba era “seguir su instinto”. Una forma bonita de decir: “caminar sin rumbo hasta que algo pasara”. O al menos, así debería ser.
Poco a poco, notó que las partículas que se desintegraban bajo sus pies eran menos numerosas. Entre el polvo, empezaron a aparecer viejos carteles cubiertos por un tinte rosado, aunque aún legibles:
***
⚠️ ZONA ROJA
-> NO INGRESAR – LOS TRAJES DE PROTECCIÓN SON INÚTILES
-> RIESGO BIOLÓGICO MÁXIMO
***
Sora se detuvo a leerlos.
—Siento que deberían enviarme a un lugar más tranquilo, siendo mi primera misión… —intentó bromear, bajando la voz—. Y realmente es una zona rosa. Aunque, si Yume pensara que vine a una “zona rosa” de verdad, probablemente me mataría.
Levantó la mirada. Vio cámaras de vigilancia, también corroídas por aquella capa enfermiza. En las paredes aún quedaban dibujos infantiles: niños con máscaras, familias tomadas de la mano.
—Están hechos para durar… —pensó, alargando la mano—. Pero si los toco, se irán como todo lo demás.
Alguna vez, ese lugar estuvo lleno de vida. Ahora, ni siquiera los recuerdos parecían estables. Sobrevivir aquí… se sentía imposible.
—¡Ex Machina! ¡Dame indicaciones! —gritó al cielo en ruinas.
***
— [ Ex machina: A la orden Sora … cargando … Desde ahora camina recto una hora, luego gira a la izquierda diez minutos y encontrarás todo lo que necesitas para salvar este mundo al que te arrojé sin información adicional, y no olvides preguntar por más cuando lo necesites]
***
…
…
Silencio.
—Sí, eso no va a pasar —rió con sequedad, y algo de vergüenza ante su imaginación—. Pero soñar no cuesta nada.
Suspiró. No sabía hacia dónde iba. Pero si lo habían traído, era porque aún quedaba algo por salvar. Tenía que seguir. Paso a paso. Hasta encontrar a alguien. A quien ayudar. A quien proteger.
Y, algún día… regresar a su mundo.
Pensó en su madre fallecida, en su padre, en Yume, y en los demás amigos que había logrado tener. Quería convertirse en alguien de quien todos pudieran sentirse orgullosos de haber conocido.
Se movía hacia donde la neblina era menos espesa. Si el virus se dispersaba menos, quizás encontraría señales de vida… o al menos llegaría a un entorno menos letal.
Mientras caminaba, solo lo acompañaba el eco de sus propios pasos. Los silencios prolongados nunca le habían agradado. Sentía que, cuanto más duraban, más pesados se volvían, aplastándole el pecho.
Pensar en sus amigos —y en especial en Yume— le daba algo de alivio, pero eso no significaba que debiera quedarse quieto.
Frente a él apareció un cartel oxidado, colgando de un poste torcido. Crujió con el viento.
***
⚠️ Zona de descarte
-> SOLO INGRESAR CON TRAJES DE PROTECCIÓN.
-> RIESGO BIOLÓGICO ALTO
***
—Una mejora… supongo —murmuró.
Ya había visto letreros como ese antes, pero normalmente iban acompañados de la advertencia de ZONA ROJA. Esta vez, no.
La espesa niebla rosa no se había presentado desde hacía un rato. Sin embargo, Sora seguía sintiendo que estaba rodeado de una cantidad alarmante de virus. Estaba allí, invisible pero persistente. No lo suficiente para formar aquella neblina sofocante… pero sí para recordarle que la muerte seguía cerca.
El piso tenía manchas rosadas, pero al tocarlas, la superficie ya no se desintegraba. Lo mismo ocurría con los edificios: seguían cubiertos por esa capa enferma, pero no se deshacían al contacto.
Era muy probable que ese fenómeno sólo ocurriera en zonas de alta concentración viral.
Estaba seguro de que había salido del núcleo infectado. O al menos, eso sentía.
Aquí las probabilidades de encontrar personas vivas aumentaban o, al menos, pasarían de morir en segundos a hacerlo en minutos.
Entonces, una señal se activó en su cabeza. Incluso sin recurrir al sistema de soporte, una de sus habilidades le indicaba que había algo vivo cerca.
Al acercarse logró distinguir bultos de carne rosada. Sus sentidos le decían que eran seres vivos, o al menos algo parecido.
—¿Qué demonios es esto?
Con mi capacidad actual no podía identificarlo por mi cuenta. Necesitaba la ayuda del sistema de soporte de Ex Machina.
***
[ Sistema de soporte
Lectura Patogénica… en curso
• Resultados: Residuos de humano, un espécimen que fue consumido por el virus R. Actualmente, su cuerpo es utilizado como fuente de producción viral. Carece de procesos cognitivos, forma alguna de movimiento y es incapaz de percibir o entender el mundo.
¿Desea recolectar muestras?
]
***
Algunos de esos cuerpos se desintegraban en polvo rosa al tocarlos. Otros, en cambio, conservaban carne o al menos restos orgánicos palpitantes que podrían haber pertenecido a algún ser vivo. Estaban tibios. Sin conciencia, sin alma… pero el virus no los permitía morir del todo mientras tuvieran algún uso.
—Siguen esparciendo el virus, incluso después de muertos —murmuró en voz baja—. Qué eficiente.
Recogió unas muestras y continuó con su camino.
Caminar por la zona roja era como atravesar un desierto muerto.
Caminar por la zona de descarte era como recorrer un cementerio sin lápidas.
En las orillas de la calle se alzaban estructuras improvisadas: chozas hechas con láminas oxidadas, carpas quemadas, colchones podridos por la humedad. Testimonios mudos de quienes intentaron resistir incluso en este ambiente.
Los edificios más sólidos, aunque en ruinas, mostraban signos de haber sido reclamados primero. Probablemente por los más fuertes. El resto, como siempre, sobrevivía con lo que quedaba.
Sora se detuvo. Sintió algo distinto. No una presencia humana, pero sí algo vivo. Varias presencias. Esta vez, a diferencia de los bultos de carne, estas podían moverse.
— Parece que por fin tendré contacto con algo verdaderamente vivo —murmuró, deteniéndose.
No podía verlas con claridad, pero su instinto le ofrecía pistas: eran pequeñas, rápidas y algo inquietas. No eran humanas.
Sora respiró hondo y avanzó hacia una que se había separado ligeramente del resto.
Y entonces la vio.
—¿Mi primer encuentro con la fauna local y es una rata? —suspiró.
Desde la sombra de un montículo de escombros, una criatura lo observaba. Su pelaje era gris, cubierto por un brillo rosado tenue: una señal clara de infección. Sus ojos reflejaban cautela, y curiosidad.
***
[ Sistema de soporte
Lectura Patogénica… en curso
Resultados obtenidos:
• Mamífero infectado por el virus R.
• Adaptación incompleta.
• Alta resistencia a la descomposición ambiental.
• Requiere cantidades mínimas de alimento para sobrevivir.
• Nivel de amenaza para el usuario: Bajo.
¿Desea recolectar muestras?
]
***
—Bueno, al menos no me salió un jefe de zona —murmuró con ironía.
Recolectó una muestra rápido. La rata no huyó. Él la miró. Ella lo miró. Por un instante hubo un silencio extraño.
“Si miras al abismo, el abismo te devuelve la mirada”, recordó. Solo que en este caso el abismo tenía bigotes y olía a humedad.
Sora siempre había sido bueno con los animales. De niño cuidó varios callejeros. Quizá eso ayudara ahora. Extendió lentamente la mano, intentando no parecer hostil.
La criatura no retrocedió. Se quedó quieta, expectante. Parecía amigable… pero no dejaba de ser un animal enfermo en un mundo que ni siquiera era el suyo. Lo lógico sería que lo atacara.
De pronto, soltó un chillido agudo, le arañó el dedo y retrocedió.
—¡Auch! —masculló, sacudiendo la mano.
El rasguño comenzaba a cerrarse solo. [Resiliencia Biológica] se activaba en silencio.
—Supongo que no están acostumbradas a los humanos… —dijo resignado.
Inspiró hondo y decidió probar otra cosa. Activó [Afinidad Viral]. Quizá esa era la razón por la que la rata no había huido al instante.
***
[ Sistema de soporte
Afinidad Viral… en curso
Resultado:
• Conexión parcial establecida.
• El núcleo viral no ha procesado completamente las muestras anteriores.
• El objetivo muestra calma ante tu presencia.
• …
• …
• Incapaz de recibir órdenes complejas.
]
***
—Bien, amiguita… lo siento, pero necesito hacer algunas pruebas —susurró.
La rata, antes alerta, se puso a rascarse el pelaje como si Sora no existiera. Aprovechó para acariciarla. Y entonces… recibió otra mordida.
—¡¿Otra vez?! ¿Incluso con afinidad?! —se quejó, sacudiendo la mano.
Entendía la primera mordida, pero la segunda ya le parecía personal. Esperaba poder hacer un amigo en este mundo y no seguir consumiéndose en soledad.
La rata retrocedió un poco, pero luego lo miró. Se detuvo. Soltó un sonido breve, parecido a un suspiro. Y regresó hacia él, dejándose acariciar al fin.
—¿Me acabas de tener lástima? … Qué más da —dijo, levantándola con cuidado.
—Bienvenido al equipo. Ahora te llamarás Chester. Aunque supongo que nunca has probado queso, bueno supongo que no importa.
Sora miró el nuevo rasguño. Ya estaba cerrado.
Aquella rapidez le resultaba familiar, aunque no recordaba desde cuándo había dejado de sorprenderle.
Quizá era por la habilidad [Resiliencia Biológica]. Era más fácil pensar eso.
—Mira, Chester, ya cerró la herida que me hiciste. No tienes que preocuparte por mí —dijo, mientras la rata se rascaba con una pata—. Mejor te dejo caminar por tu cuenta.
La puso en el suelo y la observó en silencio.
—¿Desde cuándo esto es mi nuevo normal? —murmuró, mirando a Chester—. Desmayarme, hablarle al aire, caminar entre ruinas y hacerme amigo de ratas rosas… —sonrió apenas—. Ratas que, por cierto, son geniales. Sí… todo está bien. Todo está bien. Todo debe estar bien.
El mundo no estaba del todo muerto. No solo había bultos de carne reciclada, sino también seres que habían aprendido a adaptarse. Poco a poco, mientras siguiera avanzando, iría descubriendo más de este lugar que ahora tenía que llamar hogar.
Fragmentos mentales
Anise (Marrón): ¡Oigan, miren! ¡Sora encontró carne rosada! ¿A qué sabrá?
Mei (Blanco): A-Anise… acaban de decir que eso era una persona…
Anise (Marrón): ¡Rayos! ¿Es que ya no se puede encontrar un buen trozo de carne premium tirado en el suelo en este mundo postapocalíptico? ¡Qué demencial!
Mei (Blanco): … (¿Por qué siempre soy la única preocupada aqui?)
Alicia (Amarillo): A todo esto, ¿dónde está Yume?
Alexia (Negro): En una esquina… tirada desde que Sora soñó con ella en el capítulo pasado.
Yume (Naranja): Hehe… Tranquilo, Sora… Yume también sueña contigo todos los días… Soraaa~
Alicia (Amarillo): …¿Dónde rayos consiguió una almohada de cuerpo completo con la cara de mi caballero?
Alexia (Negro): …Es Yume. La tiene desde siempre.




