Capítulo 7: La Peste Rosada
Sora se encontraba de pie, con la mente revuelta, pero plenamente consciente de que ya no estaba en su mundo. La situación aún le resultaba difícil de asimilar.
Había muerto. Después, un ser que se hacía llamar dios le había otorgado habilidades que lo convertían en un arma biológica y, sin darle tiempo para cuestionarlo, lo había arrojado a otro mundo al borde de la extinción.
A su alrededor, el entorno se sentía extraño. Había edificios —los suficientes para confirmar que aquel lugar alguna vez fue una ciudad—, pero no percibía la presencia de otros seres vivos. La visibilidad era limitada, como si algo intentara devorar el mundo poco a poco.
—No tengo nada en contra del rosa, pero esto es exagerado —murmuró, recorriendo el entorno con la mirada—. Así que esta es la peste rosada.
Una niebla suave lo envolvía todo: edificios, suelo, incluso el cielo. El mundo parecía cubierto por una capa espesa y silenciosa de un rosa enfermizo.
Las palabras de aquella entidad llamada Ex Machina seguían resultándole sospechosas. Aun así, ya había tomado una decisión. Ahora, pasara lo que pasara, debía afrontar las consecuencias.
Ese desierto rosado sería su punto de partida.
—Rayos, ¿qué es este olor? —gruñó, intentando taparse la nariz. Su cuerpo aún se sentía rígido, como si no terminara de obedecerle.
El aire olía a una mezcla nauseabunda: basura quemada, carne podrida y, de forma inquietante, algo parecido al algodón de azúcar.
***
[Sistema de soporte:
Afinidad viral en curso…
Resultado: Parte del virus R presente en el área ha sido suprimida de forma automática.
•Advertencia: La concentración del patógeno sigue siendo extremadamente alta. El sistema no puede contenerla por sí solo. Se requiere intervención directa del usuario.
]
***
Finalmente, trató de dar un paso, pero se tambaleó. Apoyó la mano contra una pared y la superficie se deshizo al contacto, como si fuera polvo.
—¿Polvo… rosado?
La textura era frágil. La pared, el suelo, incluso el aire: todo parecía al borde de la descomposición, hasta el punto de que le resultaba imposible creer que aquello hubiera sido una estructura sólida hacía apenas unos instantes. Y, aun así, su cuerpo comenzaba a relajarse, como si esa fragilidad lo envolviera en una calma extraña.
Miró su mano con desconcierto. Algo en ella no terminaba de convencerlo: la forma de los dedos, la textura de la piel… ¿Siempre había sido así? Frunció el ceño, incómodo, pero apartó el pensamiento de inmediato. Sus sentidos volvían a adormecerse.
—No se siente mal —murmuró, desconcertado por su propia reacción.
Esa sensación de paz no le parecía tan terrible. En aquella situación absurda, lo único que deseaba era echarse al suelo y dormir tranquilo, sin preocupaciones.
Ese deseo, sin embargo, duró poco.
La niebla se adhirió rápidamente a su ropa, a su piel, a su cabello. Un leve ardor comenzó a recorrerlo bajo la piel, y el dolor creció con cada segundo, como si su cuerpo estuviera a punto de romperse.
—Esto empieza a preocuparme un poco… ¿qué está pasando? —jadeó.
***
[Sistema de soporte:
Alerta: Detectada concentración extrema del agente patógeno. “Afinidad viral” no ha podido mantener el control de forma automática. “Resiliencia biológica” ha sido superada. El cuerpo no puede mantenerse estable.
•Acción: Recopilando muestras… Adaptación biológica en curso.
]
***
Miró de nuevo su mano. Las puntas de los dedos comenzaron a deshacerse en partículas rosadas, flotando como ceniza en el aire. Su brazo crujió y, con un sonido seco, se fragmentó, desvaneciéndose al contacto con la niebla.
—¿Solo me envió aquí a morir otra vez…? —murmuró—. Supongo que no hay mucho que hacer.
Intentó mantenerse en pie, pero sus rodillas cedieron. Todo su cuerpo comenzó a descomponerse en partículas de polvo rosado que se elevaron lentamente, mezclándose con la niebla.
Su rostro fue lo último en desaparecer.
Y entonces, para Sora, todo volvió a oscurecerse.
◇◇◇
El cielo era azul. El sol, suave y cálido.
Una brisa ligera mecía las hojas de los árboles, llenando el aire con una tranquilidad que parecía de otro mundo.
Sora estaba en el mismo parque de siempre, sentado sobre la hierba. A su lado, Yume. Descalza, con el cabello naranja suelto y los ojos brillando de vida. Sonreía como si no existiera nada más en el mundo.
—Sora, ¿no eres un poco torpe? —dijo, mientras él se levantaba con una rodilla raspada.
—Sí, bueno… —murmuró, sacudiéndose el polvo—. Pero fue culpa del árbol. Se me atravesó.
—¿Una rama inmóvil te atacó? —alzó una ceja.
Sora bajó la mirada con gesto serio.
—¿No lo sabías? Los árboles están vivos. Tal vez fue personal.
Yume rió ante la respuesta.
—Eres un caso perdido…
Se acomodó un poco más cerca, apoyando los brazos sobre las rodillas. Sus ojos naranjas lo observaban con aprecio.
—Yume, ¿puedo preguntarte algo?
—¿Eh? ¿Es una declaración de amor? —preguntó, inclinándose hacia él con una sonrisa traviesa.
Sora se atragantó con el aire, sonrojado.
—¡N-No! No es eso… Es otra cosa…
Yume suspiró levemente.
—Ajá, claro… Si depende de ti, seguro lo harás cuando ya estemos en una residencia de ancianos.
—¿Qué dijiste?
—Nada importante, Sora. ¡Vamos! Tu mejor amiga en el universo está lista para responder lo que sea. Pregunta lo que quieras.
Sora respiró hondo.
—Tu cuerpo no está bien… ¿cómo haces para seguir sonriendo?
Yume abrió los ojos, sorprendida, pero luego le dio un pequeño codazo en el brazo.
—¿Ah? ¿Yo? Estoy perfectamente sana. Solo me quedo en casa o voy al hospital a recargar energía.
—Yume, eso no responde a mi pregunta.
Él siempre lo supo. Incluso en los días en que decía estar bien, su cuerpo seguía enfermo. Ella no era como los demás. Era fuerte, increíble, y no perdía los ánimos a pesar de todo. Sora deseaba ser como ella.
—Cof… No hablo por mí —dijo, fingiendo toser—, pero si hablara por otros, diría algo como esto:
«¿No es triste no hacer nada solo porque los demás parecen estar mejor? Si hay algo que quieres hacer, ¿no deberías hacerlo y ya? ¿Por qué pensar tanto?».
Señaló a Sora con una expresión decidida.
—No lo olvides, Sora. En este mundo gana el que actúa primero. Si te quedas quieto, no conseguirás nada. No importa si caes en el proceso, solo sigue avanzando.
—Yume es increíble… —dijo él sin pensarlo.
—¡N-No! ¡No hablo de mí! —respondió ella de inmediato, agitando las manos, visiblemente nerviosa—. ¡Yo solo hablaba por otros!
Desvió la mirada, claramente colorada.
—A-Ademáaas… tú eres mucho más maravilloso y todo eso ¿sabes?
—¿Yo? —Sora parpadeó, confundido.
—¡S-Sí! —asintió con rapidez, aunque su voz temblaba—. Siempre te preocupas por las personas enfermas, eres muy tierno, y aunque seas un poco solitario, creo que eso te hace lindo… jeje.
Sora la miró, aún confundido. Al notarlo, Yume se apresuró a cambiar de tema.
—¡A-Ademáaaas! —continuó—, nunca te enfermas, ni siquiera cuando todos a tu alrededor tienen gripe. Y aunque te caigas o te raspes, nunca he visto que tengas una sola herida. Es como si te recuperaras al instante.
Lo miró con seriedad, aunque todavía tenía las mejillas encendidas.
—Sí, definitivamente tienes algo especial, Sora. Y si yo te lo digo, entonces es verdad, así que no lo dudes nunca.
Hizo una pausa y, con voz suave, añadió:
—Si algún día te sientes perdido, quédate quieto un momento. Respira. Y luego piensa: “¿Qué haría la chica más linda del universo que, casualmente, es mi mejor amiga?”. Y si necesitas más sabiduría, recuerda: deja ir el pasado y camina hacia el futuro.
Sora entrecerró los ojos, escéptico.
—Esa frase salió de una película que vimos juntos…
—Shhh… —Yume se giró hacia otro lado, cruzándose de brazos mientras silbaba, fingiendo inocencia—. No recuerdo tal cosa. En todo caso, ellos pudieron copiarme a mí.
Sora sonrió. Tras una breve pausa, ella volvió a mirarlo con ternura.
—Y también deja de poner esa cara de “odio al mundo”, ¿sí? Te vas a quedar solo si sigues asustando a medio planeta.
Sora bajó la mirada, algo avergonzado.
—Lo intentaré… aunque, no sé. A veces simplemente no me siento cómodo con todos.
—Bueno, es cierto que a veces parece que solo te sientes cómodo con gente enferma —respondió ella—. Pero al menos no te encierres del todo. Que la gente no te entienda no significa que estés mal. Sé que algún día llegará el día en que seas popular…
Entonces murmuró, tan bajo que casi no se oía:
—Cuando llegue, Yume tendrá que deshacerse de muchas gatas rompehogares.
—¿Eh? ¿Dijiste algo de gatos? —preguntó Sora.
—Jeje, no es nada. Solo recuerda: eres una buena persona, alguien que merece ser amado y dar amor. No intentes ponerte depresivo ni hacer una locura.
Sora la miró con una mezcla de sorpresa y gratitud. A veces no entendía cómo podía leerlo tan bien.
—¿Y si lo olvido?
Yume sonrió, sacó la lengua y le dio un golpe en la frente.
—Entonces vendré y te lo recordaré las veces que haga falta. No voy a dejarte hasta que seas un adulto funcional y adorable.
—Suenas como una mamá…
—Hehe… si Sora cree que Yume sería una buena madre, entonces Yume cree que Sora será un gran padre —rió, con los ojos brillantes.
Ambos rieron. Por un momento, el mundo era simple. Solo ellos dos. Nada más.
Yume se puso de pie y se sacudió la falda.
—Ahora ve —dijo, guiñándole un ojo—. Tienes una misión. Un paso a la vez, sin detenerte.
—Sí, sí —respondió él, sonriendo.
Ella se inclinó, le revolvió el cabello con cariño y susurró:
—Confía en ti, Sora… yo estaré esperándote del otro lado.
El parque comenzó a desvanecerse. La luz se volvió blanca. Yume también empezó a desaparecer, como una pintura disolviéndose en agua, mientras una niebla rosada consumía el lugar.
Justo antes de que todo se apagara, su voz volvió a sonar, lejana y suave, casi como un susurro que solo él podía oír:
—Nos veremos de nuevo algún día… pero no te apresures en llegar.
◇◇◇
Y Sora despertó.
Abrió los ojos lentamente. Por un instante temió parpadear y ver su cuerpo romperse otra vez.
—¿Realmente sigo vivo? —murmuró.
Sus manos, sus piernas, su cuerpo entero seguía allí. La confusión inicial fue disipándose y, a simple vista, todo parecía estar en orden. Dolía, sí, pero al menos ya no sentía que fuera a desintegrarse en cualquier momento.
***
[ Sistema de soporte
•Diagnóstico interno: Nivel de virus externos estabilizado.
•Nivel de estrés: 6/10
•Reconstrucción de tejido superficial: completada.
•Amenaza inmediata: nula.
]
***
—Al parecer, mi cuerpo logró adaptarse —pensó, con la voz ronca—. Ahora solo me duele cuando respiro… y el resto del tiempo también.
Sora estaba tirado en el suelo. El aire seguía oliendo a basura quemada, a carne podrida, con ese dulzor empalagoso de fondo. Al inhalar, sus pulmones protestaban con un dolor sordo, pero soportable.
—¿Cuánto duré…? ¿Seis segundos? —susurró, incrédulo.
La calma inicial fue reemplazada por inquietud. ¿Realmente era necesario que se esforzara tanto? ¿En serio ese dios no podía haber elegido a alguien mejor?
Entonces, un eco cruzó su mente, suave como una brisa:
«¿Qué haría la chica más linda del universo que, casualmente, es mi mejor amiga?»
Su voz. Su ternura. Ese pequeño golpe en la frente.
¿Un sueño? ¿Un recuerdo viejo? No podía estar seguro. Pero bastaba con evocarla para sentir que no estaba completamente perdido.
—… —Sora se golpeó la frente con la palma, tratando de entrar en razón.
—¿Qué demonios pasa conmigo? ¿Realmente todo lo que viví en estos años se fue a la basura por unos malos días?
Inspiró hondo. Dolía, pero el aire entró. Su cuerpo respondía.
—Gracias, Yume… —murmuró.
Se puso de pie con más firmeza. Dio un paso, luego otro. Bajo sus pies, el suelo crujía y se deshacía en polvo rosado, pero ya no se hundía.
Ya no actuaría como un idiota. Ese recuerdo había encendido una chispa justo cuando más la necesitaba.
No era solo Yume. También estaban todos los demás: aquellos amigos que, contra todo pronóstico, había logrado tener en el pasado. Ellos eran la prueba de que no todo estaba perdido, de que aún podían llegar días mejores.
—No pienso desperdiciar esta segunda oportunidad.
Solo el viento acompañaba sus pasos, arrastrando con suavidad las partículas suspendidas en el aire. Y, aun sin entender del todo por qué, algo en su pecho se sentía más liviano. Los recuerdos lo sostenían, recordándole que la felicidad no era un espejismo. Eran la prueba de que podía alcanzarla de nuevo.
Fragmentos mentales
Alexia (Negro): ¡¿Sora llegó a otro mundo?! ¿¡Desde cuándo esto se volvió un isekai postapocalíptico!?
Yume (Naranja): ¡Sora! ¡Yume estará animándote desde donde sea que estemos!
Mei (Blanco): Sí… debemos confiar en Sora esta vez. …¡¿Oye—?! ¡Esperen un segundo…! ¿¡Yume!? ¿¡Cómo puedes estar aquí!?
Alicia (Amarillo): ¿Eh…? Mi caballero… acaba de volverse polvo rosado.
Mei (Blanco): ¡Sora no puede desaparecer así! … Señorita Yume, ¿qué está haciendo? ¡Por favor, deténgase!
Yume (Naranja): ¡No me detengan! ¡Puedo atravesar el multiverso con el poder del amor!
Alexia (Negro): ¡Te van a reiniciar el alma, loca! ¡Solo mantén la calma!
Alicia (Amarrillo): —Por favor, detente. Como la persona que me venció, debes mantener tu dignidad. No pierdas la fe… porque entonces nosotras tampoco podremos hacerlo.
Yume (Resignada): …Sora, espérame. Yume llegará… incluso si tengo que derribar a dios en el proceso.
Anise (Marrón): ¡Yuhuu! ¿Qué pasó mientras no estaba? ¡Ah, hola Yume~!
Mei (Blanco): …¿En serio soy la única sorprendida de que Yume esté aquí? Y tú, Anise… ¿dónde estabas?
Anise (Marrón): Estaba buscando algo dulce que comer.
Mei (Blanco): …Por supuesto que sí.




