Capítulo 6: Un regalo que no pedí
Cuando Sora abrió los ojos, el tren había desaparecido, al igual que la nieve. Solo existía un vacío absoluto, sin forma ni referencias. O quizá no era el entorno lo que había cambiado, sino él mismo, que había perdido la capacidad de percibirlo.
No sentía su cuerpo.
Ni frío, ni calor.
Ni siquiera la sensación del aire llenando sus pulmones.
Aun así, era consciente.
Intentó moverse, más por curiosidad que por necesidad, pero no pudo. No percibía resistencia ni peso alguno. Era como si su existencia se hubiese reducido a una idea suelta, sin un recipiente que la contuviera.
¿Había sufrido algún accidente? No lo recordaba con claridad. Sus pensamientos estaban difusos, desordenados, como si alguien hubiera revuelto sus recuerdos y dejado solo los más difusos. Era extraño y, aun así, no le resultaba desagradable.
Con el paso del tiempo —si es que allí existía algo que pudiera llamarse tiempo—, su conciencia comenzó a desvanecerse cada vez más.
El dolor que había sentido en algún momento comenzó a disiparse, y con él, también los recuerdos. Todo se alejaba poco a poco, envolviéndolo en una calma extraña, casi reconfortante, como si estuviera a punto de cumplir un objetivo largamente esperado.
Entonces, algo cambió.
En medio del vacío, un ser comenzó a tomar forma.
***
[Nombre: Sora kazami
Alerta: Riesgo de disolución cognitiva
Estado:
<>Conciencia inestable
<>Núcleo recuperado
<>Iniciando fase de transición en proceso]
***
La figura extendió sus manos hacia las partículas que componían lo que alguna vez había sido su cuerpo.
—¿Qué es…? —la conciencia de Sora, que se desvanecía, fue forzada a regresar.
Las partículas de su ser comenzaron a reagruparse, formando una silueta difusa, como humo pesado suspendido en el vacío. Al principio el proceso fue lento, pero poco a poco la densidad aumentó. Con ello regresaron las sensaciones: el peso, el calor, la noción del espacio.
Cuando el proceso terminó, Sora cayó de rodillas de inmediato. No tenía fuerzas para levantar la cabeza. Su cuerpo le resultaba pesado, y su mente no lograba comprender lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, había algo de lo que estaba seguro.
—Esto no debería estar pasando… —murmuró, con la voz temblorosa—. Esto tiene que ser una broma…
***
[Nombre: Sora kazami
Estado:
<>Conciencia estabilizada
<>Núcleo recuperado
<>Fase de transición completada]
***
Mientras intentaba dar sentido a sus propios sentimientos, una voz resonó a su alrededor.
—Vamos, Sora. No puedes pasar tu vida encerrado en mi cuarto.
Sora se quedó inmóvil.
Reconocería esa voz en cualquier lugar. Sin embargo, al levantar la cabeza, no la encontró a ella.
Frente a él no se encontraba Yume Yoshizumi; en su lugar se encontraba un ser sin rostro, hecho de metal y, desde su espalda, se desplegaban dos pares de alas: un par blanco y, debajo, otro par negro. Su presencia era imponente y solemne, como la de un ángel artificial.
—¿Quién o qué eres? —preguntó Sora, aún confundido, intentando comprender apresuradamente la situación.
[Soy la entidad encargada de administrar tu mundo. Puedes referirte a mí como dios o “Ex Machina”.]
—Quiero entender, pero es difícil —dijo con cautela—. Desde que llegué aquí siento que mis pensamientos y emociones están desordenados. Dime …¿he muerto?
[Confirmado. Sufriste un daño estructural severo, irreversible para los seres humanos normales.]
—Ya veo… supongo que así fue —murmuró Sora.
Intentó recordar. La imagen de la nieve y el sonido distante de un tren cruzaron su mente por un instante, y luego todo desapareció. Nada más venía después.
Sí, parece que tenía prisa. Debí haber sufrido un accidente. Entonces, una nueva inquietud se apoderó de él.
¿Qué dirían sus amigos y su familia? ¿Cómo reaccionaría Yume?
Incluso si lograba aceptar su propia muerte, no podía soportar la idea de haber causado dolor a las personas que apreciaba. En ese momento, sin embargo, no parecía existir forma alguna de remediar la situación.
Mientras permanecía atrapado en sus pensamientos, la voz volvió a resonar.
[Existe.]
—…¿Perdón? —sus labios se movieron de forma inconsciente ante una respuesta que parecía haber sido dirigida directamente a sus pensamientos—. ¿Qué es lo que existe?
[Podrías descansar y dar por terminada tu historia… o ayudar a salvar vidas. La elección es únicamente tuya.]
—…
El silencio se prolongó hasta que un cambio en Ex Machina lo interrumpió.
El ángel artificial comenzó a reformarse.
Las placas de metal que lo recubrían se reacomodaron con precisión mecánica. Las alas perdieron su rigidez metálica y su forma comenzó a suavizarse. En cuestión de segundos, aquella figura imponente adoptó una nueva apariencia: la de una mujer joven, de piel clara y ojos azules. Su rostro transmitía serenidad, casi perfección. El cabello largo y rubio caía como fibras de luz, y vestía de blanco, con una elegancia sutil que realzaba su figura.
—¿Qué acabas de hacer? —preguntó Sora, desconcertado.
—Supuse que esta sería una presentación más sencilla de aceptar —respondió con calma—. Después de todo, ¿acaso no es este el tipo de forma por la que cualquier chico común caería?
Sora dejó escapar una risa seca, apenas un reflejo de nerviosismo.
—Ya veo… —murmuró.
La observó durante unos segundos más. Era hermosa, sin duda, pero lo que lo inquietaba no era lo físico, sino esa sensación de belleza efímera. Además, no pudo evitar notar un parecido con su amiga Alicia.
La voz que antes había sido completamente artificial ahora parecía tener vida. Algo que desentonaba con la figura metálica que había aparecido al inicio.
[Recibido.]
De pronto, la figura de la doncella se distorsionó, como si fuera un error en un sistema informático.
—¿ESTA VOZ TE AGRADA MÁS, HUMANO? —la voz volvió a ser artificial, distorsionada, como un eco salido de una pesadilla.
—Agradezco el gesto —respondió Sora, esforzándose por mantener la calma—, pero no es necesario. Ya has dejado claro que puedes leer mis pensamientos cuando lo deseas. Actúa como te resulte conveniente.
[Entendido. Así lo haré.]
La información llegó directamente a su cerebro, sin necesidad de más intercambios. Se resumía en dos opciones claras:
—Opción A: Descansar en paz. Sin más problemas ni desafíos. Su alma se uniría a las demás hasta desvanecerse y, con el tiempo, ser reutilizada en otra forma de vida.
—Opción B: Continuar con vida. Intentar salvar a tantas personas como fuera posible, aceptando nuevos riesgos y responsabilidades.
Era una forma clara y eficiente de transmitir información, pero aun así Sora prefería mantener una conversación normal.
—Eres bastante quisquillosa con tu forma de comunicarte —comentó Ex Machina.
—Lo siento, nunca había estado muerto, dime ¿En serio crees que pueda ser de utilidad? —preguntó Sora—. No puedes descender al plano de los mortales y salvarlos.
—Sí. Es una pregunta frecuente. Los seres a los que llamas dioses no pueden interferir directamente, salvo en casos extremos. —Hizo una breve pausa—. En muchos lugares, la gente está muriendo por enfermedades y otros males. Es triste, ¿no lo crees? Si aceptas, podrías darles una nueva esperanza.
—¿Y si digo que no?
—¿Eh? ¿Hablas en serio, Sora? —respondió sin alterar su tono—. Millones de vidas se perderían. Hay otros que podrían intentarlo, sí, pero tú posees la mayor compatibilidad.
Sora cerró los ojos y se detuvo a pensar.
Desde siempre había querido cuidar de las personas. No había mentido cuando se lo dijo a sus amigos. Tampoco quería dejar atrás a su madre, a sus amigos, ni a Yume. Habían pasado demasiadas cosas. No podía simplemente abandonarlas.
Y aun así, una parte de él gritaba desesperadamente que aceptara el fin natural. Que descansara en paz. Que intentar luchar sería un error del que terminaría arrepintiéndose.
—Creo que sería mejor simplemente… —murmuró, sin terminar la frase.
—Tenemos una cita pendiente, ¿lo recuerdas? Así que… espérame un poco más.
Era la voz de Yume.
Por un instante, Sora sintió cómo las lágrimas amenazaban con formarse en sus ojos. Dolía. Dolía demasiado.
—No solo está ella —añadió Ex Machina—. También están tu familia y tus amigos. Aunque eso es algo que ya sabes, ¿no es así?
—…
—Eres una persona muy afortunada, ¿no lo crees? —continuó la voz—. Precisamente por eso no puedes rendirte.
Aquellas palabras le dolieron por una razón que no alcanzaba a comprender del todo… pero también eran verdad. No podía simplemente morir abandonando la vida que tanto le había costado construir.
—Sí… realmente soy afortunado —dijo al fin—. Y por eso debo intentarlo. No quiero convertirme en alguien que los decepcione, ni siquiera en mis momentos finales.
Ex Machina asintió apenas.
Entonces, el espacio blanco comenzó a llenarse de una luz extrañamente cálida.
***
[Alerta: Confirmación recibida.
<> Acción: Protocolo de activación en curso.]
***
[Habilidad central: Núcleo Patogénico
Descripción:
Tu ser alberga un núcleo biológico que actúa como contenedor y gestor de virus y bacterias. Este ecosistema interno evoluciona continuamente, almacenando cepas y adaptándolas. Todas las habilidades relacionadas al control viral, inmunidad y manipulación se conectan directamente al Núcleo Patogénico.
]
[ Habilidad: Resiliencia Biológica
Descripción:
Tu fisiología ha sido reforzada a nivel celular.
• Inmune a infecciones almacenadas en tu núcleo patogénico
• Alta tolerancia a toxinas, radiación biológica y entornos extremos
• Regeneración progresiva, tu cuerpo siempre buscará estar en su estado óptimo
]
[Habilidad: Lectura Patogénica
Descripción:
Tu núcleo te permite percibir de forma instintiva y precisa la presencia de patógenos, enfermedades, organismos infectados y niveles de contaminación viral en el entorno.
• Puedes sentir la proximidad de seres infectados, incluso antes de verlos.
• Al enfocar tu atención en un objetivo, puedes analizar su estado biológico: infecciones, resistencia, cepas dominantes, y grado de peligro.
• Puedes percibir zonas contaminadas (incluso si son invisibles a simple vista), identificar concentraciones anormales o estructuras infectadas.
]
[Habilidad: Adaptación Epidémica
Descripción:
Permite alterar y evolucionar los patógenos contenidos en tu núcleo para ajustarlos a nuevas amenazas o necesidades. Puedes modificar temporalmente su estructura para:
• Fortalecer defensas internas
• Crear respuestas inmunológicas personalizadas
• Fabricar compuestos virales útiles (ofensivos, defensivos o curativos)
[Habilidad: Afinidad Viral
Descripción:
Los patógenos almacenados en tu núcleo emiten una señal biológica que los virus externos perciben como "superior". Esto altera su comportamiento en presencia tuya:
• Los virus en organismos cercanos pueden calmarse, responder o incluso obedecer tus comandos.
• Dependiendo de la situación algunos infectados pueden volverse neutrales o aliados instantáneamente.
]
Sora permaneció inmóvil. La información se insertó directamente en su mente y, por un instante, sintió una punzada de enojo. Primero había usado la voz de Yume y ahora esto…
—¿Esto? ¿De verdad esperas que tome esto como un regalo? —murmuró con voz tensa. Luego, tratando de darle sentido a su reacción, añadió—. Esperaba algo más simple… lanzar una bola de fuego, quizá. Estas habilidades suenan más como un arma biológica que como los poderes de un héroe.
—Calma —respondió la figura con serenidad—. La utilidad de una herramienta no depende de su forma, sino de cómo se usa. Una aguja puede curar o herir. Tus habilidades son neutras.
Sora bajó la mirada, en silencio. Siempre había querido estudiar medicina. Ayudar a las personas enfermas.
Al menos, eso era lo que se decía a sí mismo. Apenas había terminado la escuela, sus conocimientos médicos no estaban a la altura. Respiró hondo, intentando calmarse. Aquellas habilidades eran demasiado peligrosas; era como haberle entregado un arma nuclear a un niño. Si cometía un solo error, podría provocar una pandemia a escala global.
—No te preocupes —dijo la figura con voz tranquila—. Todos aprenden cometiendo errores. Para ayudarte a manejar estas habilidades, tendrás acceso a un sistema de soporte. No lo necesitas estrictamente, pero puede servirte.
—¿Un sistema? ¿Como en los videojuegos o en los mangas? —preguntó Sora.
—No exactamente. Piénsalo como ruedas de entrenamiento, una muleta. Te ayudará a controlar tus poderes, pero no te permitirá explotarlos al cien por ciento. Además, podrás obtener información básica a través de él. Si esperas que sea un arma en sí misma, lo lamento: no funcionará. El sistema emitirá advertencias si intentas usarlo de forma indebida.
Sora entrecerró los ojos.
—Déjame adivinar, también tiene otras limitaciones ¿No es así?
—Cielos, eres bastante inteligente. El sistema usará tu cerebro como procesador, así que si lo fuerzas con tareas demasiado complejas podrías experimentar dolor o un estrés considerable. Pero nada que no puedas superar. Y por supuesto si esperabas puntos de experiencia, tiendas de ítems o misiones con premios increíbles me temo que no. —La figura esbozó una sonrisa—. Míralo por el lado bueno: sin reglas fijas tendrás libertad total. Mientras causes un gran impacto, será suficiente.
Sora soltó un suspiro largo.
—¿De verdad me están dando tanta libertad?
—Ya lo dije —respondió la figura —. Mientras des lo mejor de ti todo estará bien.
El trato no era malo. Eso lo sabía. Lo que aún le molestaba era la voz de Yume… y esas habilidades que lo hacían sentir incómodo, como si le hubieran puesto algo peligroso en las manos sin preguntarle si estaba listo.
—Bien, está bien. Te daré un bono —añadió la figura — Será complicado, pero lo haré como una cereza al pastel. ¿Te agrada la idea?
—¿Un bono? —Sora no podía negar que sentía curiosidad—. ¿A qué clase de bono se refiere, señorita ángel?
La figura femenina lo abrazó suavemente.
—Es simple. En tu aventura, podrás llevar contigo a una persona del mundo al que vayas. Transportar seres entre mundos requiere un costo considerable, pero haré una excepción.
—¿En serio? ¿No podrías dejarme ir y venir de esos mundos con total libertad? —preguntó con cierta ironía.
—No seas codicioso. El tránsito entre mundos es complejo. Solo podrás traer a alguien normal, o quizá a alguien apenas más fuerte que el promedio. Quién sea dependerá de ti. El sistema te dará los detalles cuando llegue el momento.
—Entiendo… —respondió Sora, aunque en su mente ya se formaban mil preguntas.
La figura dejó de abrazarlo y se colocó justo frente a él. Sus ojos brillaron intensamente, como si se conectaran a una red invisible.
[Mundo 4K-Rho (también llamado Terra)]
<> Situación actual: Un virus conocido como “la Peste Rosada” ha afectado a casi toda la población humana. Solo algunos, protegidos por su estatus o tecnología avanzada, han logrado resistir en lo que se conoce como ciudades limpias. Los infectados han dejado de ser tratados como humanos. Si nada cambia, la extinción total ocurrirá en menos de cien años.
La información se cargó directamente en su mente, como si siempre hubiera estado allí.
—Por cierto ¿qué pasará con mi mundo? —preguntó de pronto—. ¿Cuándo podré volver?
La figura sonrió suavemente. Se inclinó y le acarició la cabeza con delicadeza. Sora no se apartó, aunque tampoco lo disfrutó.
—Tras cada aventura podrás regresar a tu mundo para descansar. Aún tienes muchas cosas que resolver.
—Sí, entiendo. Gracias.
—Entonces, comencemos.
[Confirmado]
Sora apretó los puños. Una parte de él seguía indispuesta, agotada, pero no encontraba razones para rendirse y perder la oportunidad de volver a su mundo natal.
—Estoy listo. Solo mándame.
Una luz blanca lo envolvió y, en cuestión de segundos, desapareció.
[Estado: Transferencia completada.
<> Intento válido: #10]
La doncella permaneció sola un instante más en el vacío. Luego, su cuerpo comenzó a transformarse.
La piel se agrietó; las manos —antes delicadas— se volvieron opacas, y el cabello perdió todo brillo, como si algo en su interior se estuviera pudriendo. No mostró dolor. Solo alzó la vista hacia el lugar donde Sora había estado y esbozó una sonrisa extraña.
Después, aquella belleza efímera terminó por desmoronarse, incapaz de sostener esa forma por más tiempo.
[Estado: Revisando tareas secundarias antes de reanudar actividades principales]
…




