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Capítulo 5: Días de escuela - Tercera parte

El último día de clases había llegado.

La ceremonia ya había terminado. Era el tipo de evento que a Yume le habría encantado, pero esta vez su salud no se lo permitió. Tras recibir algunas felicitaciones de los alumnos más jóvenes, el aula comenzó a vaciarse poco a poco, como si la vida escolar se deshiciera en cámara lenta. Observé cómo varias de mis compañeras lloraban al pensar que tal vez no volverían a verse, prometiéndose mantenerse en contacto.

En mi caso, no me preocupaba tanto. Desde hacía un tiempo, mi casa se había convertido en el punto de reunión de todos mis amigos. Supongo que el hecho de que mi padre casi nunca estuviera ayudaba bastante.

Ahora que lo pienso, quizá no fue la mejor idea contarle a Yume que, antes de formalizar nuestra relación, varias chicas que ella no conocía solían venir a mi casa. Pero también venía Yousuke, así que eso lo compensaba… supongo.

—¿Decepcionado de tener un último día tan tranquilo, Sora? —dijo Yousuke, mi mejor amigo durante todos estos años de escuela.

—Sabes que no me gusta el caos —respondí, sin devolverle la sonrisa.

—¡Vamos! Todo el grupo irá a tu casa para celebrar la graduación. ¡Será divertido!

—¿Eh? ¿Qué..? —parpadeé, confundido.

—¡Sí! ¡Vamos a celebrar que todos nos graduamos con éxito! ¡Habrá comida y todo, será brutal! —exclamó una chica de ojos y cabello castaños claros, recogidos en su clásica coleta.

—Lo único brutal es que nadie me avisó nada de esto —respondí, fingiendo molestia. En realidad, no me importaba demasiado.

—Vamos, podrás estar rodeado de chicas lindas en tu último día de escuela. Qué afortunado eres —añadió Anise.

—Señorita, yo también soy un chico, ¿sabe? —intervino Yousuke con tono seco.

—Si no hay más opción… —suspiré— entonces pidamos algo de comida. De cualquier forma, es la última vez.

—Oh, sobre eso —intervino Anise con total calma—. Mei y Alexia ya deberían estar en tu casa. Yo solo vine a avisarte que la vamos a usar para la fiesta.

—¿Cómo que ya están allá…?

—Eso es fácil, caballero mío —interrumpió una voz familiar. Era Alicia, de cabello rubio y ojos azules—. Yume nos dio un duplicado de tu llave, por si acaso había una emergencia.

—¿Qué clase de emergencia? —le pregunté.

—Como que estuvieras con una chica en la que Yume no confiara —respondió sin titubear—. Bueno, siendo tú, que haya una o dos chicas en casa no sería tan raro.

Casi me resbalé al escuchar esa última parte.

—Alicia, ¿puedes no hacer que parezca un mujeriego? —dije, bastante preocupado—. Por comentarios así, muchas relaciones terminan en problemas.

—Vamos, Sora. Estoy seguro de que muchas personas ya te ven como un mujeriego —añadió Yousuke—. Además, Alicia fue quien puso el dinero para la celebración. Deberías agradecerle.

—¡Exacto, Yousuke! Como mi caballero, deberías ser más amable —añadió Alicia, mirándome con total confianza.

Desde hacía un tiempo había pasado de ser su guardián a su caballero. Ahora me pagaba algunas monedas extra de cobre, aunque el pago era más simbólico que otra cosa. En realidad, desde nuestro primer encuentro ya la había ayudado a encontrar un lugar donde cambiar sus monedas de oro y plata por dinero de este país. Cobrarle de verdad me habría hecho sentir mal, así que solo le pedí unas monedas de cobre con la excusa de que me gustaba cómo se veían.

Eso no quitaba el hecho de que, para financiar esta fiesta, seguramente se habían usado monedas de plata o de oro, al menos de forma indirecta.

—Sí, como se esperaba de mi princesa —dije con lo que creí que era un tono caballeresco; en realidad, nunca había visto a un caballero fuera de algunos juegos o películas—. Este humilde servidor se siente honrado de haberte servido todo este tiempo.

—¡Ah! Basta, caballero… Sora —respondió, algo nerviosa—. Ya no es necesario que actúes así. Entiendo mejor cómo funciona el mundo aquí.

—¡Wow! Esto me recuerda al primer año. Qué demencial —dijo Anise entre risas.

—Sí, recuerdo que en esa época estaba bastante preocupado por cómo usaba su dinero —añadió Yousuke, mientras Anise parecía recordar algo.

—Ah… cuando empezó a lanzar billetes para distraer a la gente y poder pasar más tiempo con Sora. Cielos, el poder del dinero es abrumador, en serio.

—¡No es que el dinero se me fuera a acabar! —respondió Alicia, cruzándose de brazos—. En ese entonces solo quería facilitar el trabajo de mi caballero. No es que me gustara estar a solas con él ni nada parecido.

Realmente habían pasado muchas cosas.

Cuando llegamos, Alexia y Mei ya estaban allí. En mi casa.

Algún día, en serio, tengo que mejorar la seguridad. Aún recuerdo la vez que mi padre apareció sin avisar y me encontró junto a las chicas. Normalmente no habría sido nada raro —solo pasábamos el rato como amigos—, pero un pequeño accidente hizo que termináramos en una posición incómoda. Desde fuera, no se veía muy inocente.

A esas alturas, que los vecinos me consideraran un mujeriego sin remedio era algo que ya había terminado aceptando, pero no quería que mi padre pensara lo mismo. Por suerte, Yume también estuvo presente ese día y lo aclaró con unas pocas palabras: “¿De verdad cree que su hijo tiene las agallas para hacer algo así?”

Ese comentario resultó sorprendentemente efectivo.

—¡Felicidades! Han terminado la escuela —dijo Alexia, alzando su vaso con una sonrisa tranquila—. Ahora empieza lo verdaderamente difícil.

Ella ya había egresado el año pasado y estudiaba Derecho. Siempre daba la impresión de tener todo bajo control, como si supiera exactamente qué hacer, muy diferente a la chica rebelde que repitió de año y que conocí hace tanto tiempo.

Su largo cabello negro seguía igual: suelto y elegante. Sus ojos violetas mantenían esa firmeza que, en los días de escuela, atraían la atención de los chicos.

—¡Espero que todos disfruten la comida! —dijo Mei, haciendo una leve reverencia. Su cabello corto y blanco brillaba bajo la luz de la sala, adornado con una cinta del mismo color.

—Oh, estoy ansiosa por probar todo lo que preparaste —exclamó Anise, con los ojos brillantes al ver la mesa servida.

—¿Entonces ya decidiste dedicarte al negocio de tu familia? —preguntó Yousuke mientras se servía un poco de jugo.

—Sí —respondió Mei con firmeza—. Al final decidí no ir a la universidad. Voy a dedicarme a la cocina de forma profesional.

—Ya veo, es genial. Siempre has sido la mejor cocinando; tu comida es más que digna de la realeza —intervino Alicia con una sonrisa exagerada mientras extendía la mano hacia Mei—. Vamos, acompáñame a mi reino. Te convertiré en la cocinera de la familia real.

—Gracias, Alicia —dijo Mei, algo nerviosa—, pero ya lo decidí. Me quedaré aquí y heredaré el negocio de mi familia. Lo llevaré al siguiente nivel, aunque eso signifique que otros restaurantes tengan que desaparecer en el proceso.

—Cielos, siento que Yume y Alicia te han influenciado —comentó Anise entre risas—. Pero para mí siempre serás mi mejor amiga. Mi amiga que comparte comida deliciosa conmigo.

—Sí, sí… te haré algún descuento, no te preocupes —respondió Mei con una sonrisa sutil.

—¿Y los demás? ¿A qué quieren dedicarse ahora que terminó la escuela? —preguntó Yousuke, apoyando el vaso sobre la mesa—. Sé que Sora estudiará medicina; después de todo, tiene contactos con la familia de Yume.

—¡Oye! Me haces sonar como un interesado —protesté, frunciendo el ceño—. Desde siempre quise cuidar de las personas. Eso no tiene nada que ver con Yume… o al menos, no totalmente.

—Sí, sí, se notaba —dijo Anise, riendo—. Hubo un tiempo en que circulaban rumores sobre un chico que iba por la ciudad recogiendo animales heridos. ¡Qué miedo! Aunque al final solo estabas tratando de ayudarlos.

—Se convirtió en una especie de leyenda urbana —añadió Yousuke.

—Sí… algunas veces lo observaba —comentó Mei, como si recordara un pasado lejano—, pero no tuve el valor de hablarle por mi cuenta.

—Nos estamos desviando del tema —murmuré. La verdad, no tenía ganas de recordar eso.

—Yo me convertiré en el gobernante supremo de esta nación —anunció Yousuke con toda seriedad—. Tal vez así Anise me acepte como el novio de su hermana.

Anise lo observó en silencio durante un momento.

—No tientes tu suerte —dijo al final, llevándose un poco de comida a la boca y desviando la mirada.

—Yousuke estudiará política —comenté—, aunque parece que el poder ya se le subió a la cabeza. ¿Y tú, Anise?

—Estudiaré Derecho. Iré a la misma universidad que Alexia.

—Eso solo deja a Alicia —añadí, girando la mirada hacia ella.

—¿Eh? ¿Yo? ¿Trabajar? —respondió, ladeando la cabeza con total despreocupación—. Cuando regrese a mi país, me bañaré en dinero mientras pienso en lo mucho que ustedes todavía tendrán que esforzarse.

Nos dedicó su sonrisa en todo su esplendor.

—¡Wow! —rió Yousuke—. Y dicen que a mí se me subió el poder a la cabeza. Pero en tu caso, realmente no tienes razones para trabajar.

—Aunque bueno… —añadió Alicia, bajando un poco la voz—, eso significaría abandonar este país. Por eso le pedí a mi familia un poco más de tiempo. Si aceptan… tal vez tenga que pensar seriamente en qué quiero estudiar.

Entre las bebidas, la buena comida y las bromas que iban y venían, el tiempo comenzó a deshacerse sin que lo notáramos. Las risas se mezclaban con las anécdotas, y las promesas flotaban en el aire, como si aún tuviéramos todo el futuro por delante.

Y así, de manera tranquila y natural, mi último día feliz llegó a su fin.


◇◇◇


A lo lejos, se escuchaba el sonido de un tren que rompía el silencio.

Había tardado demasiado en llegar. Perdí mucho tiempo recorriendo la ciudad y, para cuando por fin me decidí, la nieve ya cubría el camino, haciéndome más difícil avanzar. Pero eso ya no importaba. Al fin había llegado a mi destino, y lo único que debía hacer ahora era esperar un poco más para volver a ver a Yume. Esa idea, de alguna manera, me daba paz.

Me consideraba una persona afortunada. Tenía amigos en los que podía confiar, una familia que me quería y también a Yume, a quien amaba de verdad. Soñaba con casarme con ella algún día. Ya contaba con la bendición de sus padres, e incluso su padre —mi futuro suegro— me había prometido un trabajo estable cuando terminara mis estudios.

Todo era demasiado perfecto, el tipo de vida que cualquiera envidiaría: amigos que me aceptaban tal como era, una familia que iba a crecer, un futuro seguro. Mientras los recuerdos de mis días felices se repetían en mi mente una y otra vez, no podía evitar repetirme a mí mismo:

Yo soy.. una persona afortunada.

Yo soy.. una persona afortunada.

Yo soy.. una persona afortunada.

Sí.. afortunado.. afortunado.. afortunado.. de verdad.

El sonido del tren se acercaba, cada vez más fuerte. Pero si realmente era tan afortunado, ¿por qué no podía evitar preguntarme…?

—¿Por qué acabo de saltar a las vías del tren?

Y, aun así, no pensé en retroceder ni en gritar por mi vida. Solo sentía que era lo correcto. Que estaba bien. Que todo terminaría pronto.

Mientras el tren se acercaba, lo único que pasaba por mi mente era una pregunta:

—¿No está tardando demasiado en alcanzarme?

El tren se aproximaba cada vez más. El tiempo parecía ralentizarse mientras mi final se acercaba.

Mamá, papá, amigos, Yume.. lo siento. No encontré otra salida.

Pero, por fin, cuando mis ganas de gritarle que se apresurara estaban a punto de estallar, el último tren de la noche finalmente me alcanzó.

Mi cuerpo quedó destrozado al instante. Y en ese último momento, solo quedó el silencio. Mi historia había terminado con un final abrupto.

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