表示調整
閉じる
挿絵表示切替ボタン
▼配色
▼行間
▼文字サイズ
▼メニューバー
×閉じる

ブックマークに追加しました

設定
0/400
設定を保存しました
エラーが発生しました
※文字以内
ブックマークを解除しました。

エラーが発生しました。

エラーの原因がわからない場合はヘルプセンターをご確認ください。

ブックマーク機能を使うにはログインしてください。
4/33

Capítulo 3: Días de escuela - Primera parte

Sora pasó caminando frente al hospital de la familia Yoshizumi. Normalmente podía llegar hasta allí en autobús, y ese mismo recorrido lo llevaba después directo a su escuela. Sin embargo, a esa hora el servicio no funcionaba, así que había decidido ir a pie.

Sabía bien que Yume ya no estaba ahí; para su operación la habían trasladado a otro hospital del mismo grupo, en otra ciudad. Aun así, sintió la necesidad de detenerse. Había algo reconfortante en ese lugar, incluso vacío de su presencia.

— En retrospectiva incluso antes de trabajar aquí, ya pasaba mucho tiempo en este hospital por estar visitándola — murmuró para sí mismo, observando la entrada por unos segundos.

Yume nunca había gozado de buena salud. La mayor parte del tiempo estaba en casa o internada en alguno de los hospitales de su familia. A pesar de eso, los días junto a ella siempre le habían parecido tranquilos, casi como si el mundo se detuviera un poco cuando estaban juntos.

Incluso cuando ella insistía en que él saliera más, en que no se encerrara tanto a su lado, Sora no se habría molestado en repetir aquellos días una y otra vez.


◇◇◇


Primer año:


El mundo cambió a nuestro alrededor, y nosotros también, aunque en lo más profundo seguíamos siendo los mismos niños que un día se escaparon juntos sin permiso.

Cuando entré a la secundaria, Yume ya me conocía mejor que nadie. Y, como siempre, seguía empujándome a avanzar.

—Vamos, Sora. No puedes pasar tu vida encerrado en mi cuarto —me decía, cruzándose de brazos como si fuera una profesora estricta.

—¿Por qué no? Es bastante cómodo.

—No, no y definitivamente no. Deberías hacer algunos amigos más… o al menos aprender a entender los sentimientos de las chicas —replicó, dándome un leve golpe en la cabeza con un cuaderno.

—Estoy bastante bien así; además, sí comprendo perfectamente los sentimientos —intenté defenderme.

—Ya veo… entonces, ¿qué tal esto? —agregó, bajando un poco la voz mientras comenzaba a sonrojarse.

—Me gustas, Sora.

Lo dijo sin rodeos, como si fuera algo obvio. Yo parpadeé, pensando: Ah… ya veo.

—Sí, también me gustas. No seríamos amigos si nos odiáramos, ¿verdad?

Yume me observó en silencio durante unos segundos.

—…Ajá —respondió finalmente, con una sonrisa muy tranquila—. Digamos que sí. Ahora ve a hacer amigos.

—Yume, de hecho tengo trabajo, y ya sabes que de vez en cuando ayudo a algunos animales enfermos que encuentro.

No entendía por qué insistía tanto. Había sobrevivido perfectamente sin muchos amigos hasta ese momento. Este año no tenía por qué ser diferente…

— Si descubro que sigues solo… tal vez entre en depresión. ¡Pensar que el tiempo conmigo te hizo esto! Sniff…

— ¡N-no! ¡Alto ahí! ¡Definitivamente haré amigos! ¡Fácil!

Apenas dije eso, su expresión cambió rápidamente.

— ¡Yeeeh! ¡Así se habla, Sora! Pero recuerda: luego tienes que mostrarme pruebas de que son seres reales de esta dimensión. Sin pruebas ¡no cuenta! ¿Entendido?

Su sonrisa era encantadora. También un poco intimidante. ¿Me acababan de manipular emocionalmente? Solo espero que no se vuelva algo común en mi vida.

— Ah… sí… claro —respondí con una sonrisa forzada.

Y así empezó mi búsqueda para hacer amigos.

No fue sencillo. No es que la gente me odiara exactamente… solo que, a veces, cuando me distraía, mi cara adoptaba una expresión algo hostil. No era a propósito. No es que los viera como insectos, solo… bueno, mi cara se mueve sola. Aunque, siendo sincero, tampoco es que tuviera muchas ganas de hablar con ellos. Si desaparecían del planeta, no me afectaría demasiado… Espera, ¿eso suena a desprecio?

En fin, estaba ocupado.

A comienzos de año, los padres de Yume me ofrecieron un trabajo. Mi papá pensó que me haría bien aprender a ganar dinero, así que acepté. Los Yoshizumi eran ricos, muy ricos: dueños de una cadena de hospitales en varias ciudades. Admito que al principio me sentí intimidado cuando lo descubrí, aunque eso explicaba por qué vivían en una mansión.

Al terminar las clases iba a trabajar a uno de los hospitales de la familia de Yume. Resultó ser una experiencia inesperadamente agradable. Tal vez tenía que ver con que mi madre había fallecido por una enfermedad, pero me gustaba ayudar a los pacientes. Me sentía útil. A diferencia de mis compañeros de clase, nadie en el hospital se quejaba de mi cara. Es más, muchas de las señoras mayores decían que era un chico muy guapo… aunque creo que estaban algo ciegas.

Con el tiempo, hasta los padres de Yume comenzaron a tratarme con cariño.

Y gracias a ese trabajo, terminé conociendo a varios familiares de mis compañeros de escuela. Un día, después de terminar mi trabajo, se me acercó un chico de cabello castaño oscuro que parecía tener una edad similar a la mía.

— Oye, ¿tú eres Sora? ¿Tu trabajas como ayudante en este hospital?

— ¿Eh? Sí… ¿tú eres…?

— Vaya, no pensé que fueras uno de mis compañeros de clase. Menos alguien que, según dicen, es un completo marginado.

— Espera, ¿¡quién dice eso de mí!?

— … casi todos, pero eso no importa. Me llamo Yousuke Sato. Gracias por cuidar a mi abuela.

Y así, sin darme cuenta, hice a mi primer —y más ruidoso— amigo.

Cuando por fin se lo conté a Yume, ella comenzó a medirme la temperatura.

— ¿Y realmente existe? ¿Necesitas alguna pastilla? Para mí son gratis, no te preocupes —Sí, eso me golpeó bajo, pero venía preparado.

— Mira, le pedí que nos sacáramos una foto. ¿Esto basta? —pregunté, esperando que fuera suficiente.

Por un momento observó la foto con duda, pensó un instante y, tras descartar probablemente todas las posibilidades que se le ocurrieron, decidió creerme. En ese momento se emocionó tanto que pensé que iba a llorar.

— Cielos, pareces un ser humano funcional —bromeó, aplaudiendo con exageración mientras para poco después abrazarme.

— He sido un humano perfectamente funcional desde siempre —le respondí, me alegré al verla tan feliz, pero eso no quitaba que me sintiera avergonzado.

Fue entonces cuando decidí seguir intentándolo. Tal vez no era tan imposible después de todo. Con el tiempo, las cosas comenzaron a cambiar. Una chica de cabello negro, dos años mayor que parecía odiarme, terminó haciéndose mi amiga. También por esas fechas conocí a una chica rubia que aseguraba ser de la realeza, y que comenzó a llamarme “su guardián”, un tiempo después una chica de con una coleta castaña se me acercó de la nada y, más tarde, incluso me presentó a su mejor amiga: una chica tímida, de cabello blanco, que adoraba hornear.

A veces, cuando le contaba alguna historia sobre mis compañeras —nada especial, solo anécdotas tontas del día a día—, Yume fruncía el ceño. Su sonrisa seguía ahí… pero en sus ojos podía leerse claramente: “estoy procesando emociones contradictorias y peligrosas”.

No entendía por qué. Supuse que mis historias no le interesaban demasiado. No soy precisamente alguien carismático, pero… cada vez que alguna chica me hablaba, me daban ganas de contárselo. Había algo en sus reacciones que me divertía.

— Entonces, Mei preparó unos chocolates y me los regaló. Anise compartió su almuerzo conmigo y, por alguna razón, varias chicas casi se desmayan al verla darme comida. También acompañé a Alexia a visitar a su hermana mayor… Ah, y acepté ser el guardián de Alicia. Bueno, más que guardián, soy como su guía mientras se adapta a la ciudad. Me paga con monedas de cobre, aunque casi me da un infarto cuando intentó darme oro y plata.

— ¿Ah, sí? Qué amables son todas —respondía Yume con una sonrisa, pero por alguna razón parecía que su mirada se oscurecía mientras empezaba a estirar lentamente los dedos, como si se preparara para estrangular a alguien.

—¿Yume? ¿Por qué me estás poniendo las manos alrededor del cuello?

—“…”

No respondió. Pero sus orejas estaban rojas.

— Espera ¿Porque me estás ahorcando? —pensé un instante y luego sonreí. De hecho, es linda intentando hacerlo. La dejaré seguir un rato más.


◇◇◇


— No estaría mal quedarme un rato más por aquí, incluso podría entrar y saludar a algunos conocidos —murmuró, casi en voz baja—. No, eso no es lo que tenía planeado hoy.

Sora apartó la vista del hospital Yoshizumi. La nieve comenzaba a caer con suavidad, cubriendo las calles con una capa delgada y blanca. A pesar del frío, no se preocupó demasiado; en toda su vida, nunca había enfermado.

— La escuela está cerca —dijo, consultando la hora en su celular—. Bien, no creo que a Yume le moleste si me demoro un poco. Esta sorpresa no se compara con lo que ella hizo en segundo año, después de todo.


◇◇◇


Segundo año:


Debo admitir que el primer año no estuvo tan mal. Una parte de mí todavía quería seguir solo con Yume, pero gracias a ella empecé a abrirme a los demás. Tenía muchas expectativas para el segundo año, aunque jamás imaginé que comenzaría así.

—Hoy tenemos una nueva estudiante —anunció la profesora con voz tranquila.

Entonces la vi.

Una chica de cabello y ojos naranjas entró al salón de clase.

—Mi nombre es Yume Yoshizumi. Seré su nueva compañera —dijo, con una sonrisa tan brillante que iluminó el aula entera.

El efecto fue inmediato.

Varios chicos se quedaron en silencio, embobados.

No los culpaba: era hermosa, carismática… y, sobre todo, completamente inesperada.

Yo parpadeé.

¿Yume aquí? ¿De verdad?

Mientras la profesora le indicaba un asiento libre, Yume recorrió el salón con la mirada, observando con atención a mis compañeras. Luego se detuvo frente a mí.

—Sora, ¿conoces a esta persona? —susurró Alicia, que se sentaba a mi lado.

—Bueno, si esta persona es… —empecé a decir, pero antes de que pudiera continuar, Yume me interrumpió.

—Tú debes ser Alicia, ¿no es así? Es un gusto conocerte. Sora ya me ha hablado mucho de ti.

—¿Eh? ¿En serio? —respondió Alicia, visiblemente sorprendida—. Si es mi guardián y todo, supongo que es natural que hable de mí con sus amigos y familiares, jeje.

Parecía haberse emocionado por alguna razón.

—Siempre es tan amable… Bueno, llevamos un tiempo juntos ya. Espero que tú también puedas encontrar a un chico como Sora en el futuro.

Antes de que Alicia pudiera seguir hablando, Yume dio un paso más hacia mí y dijo, con total naturalidad, las mismas palabras que ya había oído incontables veces desde niños:

—Me gustas. Sal conmigo.

Sin pensarlo, respondí por reflejo.

—Eh… claro. A mí también me gustas.

No sentí que estuviera diciendo nada extraño. Para mí era tan normal como respirar. Nos llevábamos así desde siempre, casi como hermanos.

El salón, en cambio, no opinó lo mismo.

—¿¡QUÉ!?

—¿¡LO ACABA DE ACEPTAR!?

—¿¡ASÍ, SIN MÁS!?

Alicia parecía confundida sin saber cómo afrontar la situación.

—¡E-espera! ¿Qué acaba de pasar? —dijo, tartamudeando—. ¡Sora es mi guardián!

Yume la observó con calma, ladeando ligeramente la cabeza.

—Hooh… ¿cómo decirlo? —dijo con una sonrisa confiada—. Parece que no lo habías entendido, así que lo dejé claro. Espero que comprendas que tú eres la retadora aquí.

Actuaba como el hechicero más fuerte de cierto anime que habíamos visto antes.

Era linda, sí.

Pero… espera.

Para todos los demás, ¿no parecerá que acabo de aceptar una confesión romántica?

—N-no, no es lo que quise decir —me apresuré—. Bueno, sí me gusta, pero no en ese sentido… o sea… sí, pero…

Genial, Sora.

Excelente explicación.

—Felicidades por conseguir novia —dijo Yousuke, aplaudiendo desde su asiento.

—¡No es eso! —grité.

—Aunque, pensándolo bien —añadió, inclinando la cabeza—, siendo tú sería algo como: “sí, me gustas… como amiga”, ¿verdad?

Yousuke había dado justo en el clavo.

—¡Eso! —estuve a punto de señalarlo con alivio—. ¡Exactamente eso!

Pero antes de que pudiera seguir hablando, Yume se acercó a su asiento y se inclinó ligeramente hacia él para susurrarle algo al oído.

No alcancé a escuchar qué fue.

—Ah… —dijo Yousuke tras un segundo, enderezándose de inmediato—. Sí. Olvídenlo. No dije nada.

Parpadeé, confundido.

Yume regresó con calma a su asiento, apoyó el mentón en la mano y me dedicó una sonrisa tranquila, casi inocente.

—¿Qué acaba de pasar…? —murmuré, sin obtener respuesta.

Poco después, la profesora golpeó el escritorio para llamar al orden, y el murmullo del salón se apagó a regañadientes.

Y así, todo indicaba que, quisiera o no, mi segundo año acababa de comenzar con una confesión pública que nadie iba a reinterpretar de forma razonable.

Yume, por su parte, solo sonrió.

Como si todo estuviera yendo exactamente según lo planeado.

Después de eso vinieron algunos de los días que más atesoro.

Pasaba tiempo con Yume y mis demás amigos: salíamos a distintos lugares, organizábamos partidas de videojuegos —en las que misteriosamente Yume siempre ganaba justo cuando había apuestas que le convenían—, y veíamos cómo Alicia aprendía a usar su dinero para convertir a Yousuke en su sirviente personal, cosa que no siempre terminaba bien para él, aunque nadie lo obligaba.

Visitábamos la repostería de Mei, donde Anise casi mató a Yousuke por intentar comerse un postre que ella había recibido especialmente de Mei. O nos reuníamos en mi casa para hacer tareas, discutir planes imposibles o debatir tonterías como quién sobreviviría en un apocalipsis zombie. Incluso fuimos a la playa… donde, como era costumbre, Yousuke fue apaleado por mirar demasiado.

Y entonces apareció otro problema.

Anise tenía una hermana mayor: Ania. Y, para desgracia de Yousuke, nos dimos cuenta de que le gustaba. Así que, en un momento de locura, decidimos que lo mínimo que podíamos hacer para recompensarlo por “todo su esfuerzo” era darle una oportunidad de vivir un poco su juventud, más allá de ser golpeado cada semana.

Había un detalle, claro: Ania ya estaba en la universidad, era dos años mayor y ninguno de nosotros tenía experiencia en esas cosas. Nadie lo veía posible: ni yo, ni las chicas… ni el propio Yousuke.

Y, sin embargo, sucedió.

Fue el primero del grupo en conseguir novia.

— Alicia… ¿tú la sobornaste? —preguntó Yume con sospecha, entrecerrando los ojos.

— ¿Qué? ¡No! ¿Tú la sobornaste? —replicó Alicia, con la misma incredulidad.

— Tampoco, aunque lo pensé como plan B —admitió Yume, encogiéndose de hombros.

Ahí estaban: las dos chicas más ricas que conocíamos, discutiendo sobre sobornos con toda naturalidad.

— Chicas… Anise nos va a asesinar cuando se entere —susurró Mei, abrazando un cojín mientras temblaba asustada en una esquina.

— Nah, probablemente solo matará cruelmente a Yousuke —dije, tratando de sonar optimista.

Al final, todos coincidimos en algo: Yousuke, a pesar de todo, tenía agallas. Lo confirmamos al verlo siendo brutalmente castigado por Anise, pero sin echarse atrás nunca.

Por alguna razón, me alegré de que Yume no tuviera hermanos en ese momento.

Fue un año caótico, sí, pero también lleno de momentos que valieron la pena.

評価をするにはログインしてください。
ブックマークに追加
ブックマーク機能を使うにはログインしてください。
― 新着の感想 ―
このエピソードに感想はまだ書かれていません。
感想一覧
+注意+

特に記載なき場合、掲載されている作品はすべてフィクションであり実在の人物・団体等とは一切関係ありません。
特に記載なき場合、掲載されている作品の著作権は作者にあります(一部作品除く)。
作者以外の方による作品の引用を超える無断転載は禁止しており、行った場合、著作権法の違反となります。

↑ページトップへ