表示調整
閉じる
挿絵表示切替ボタン
▼配色
▼行間
▼文字サイズ
▼メニューバー
×閉じる

ブックマークに追加しました

設定
0/400
設定を保存しました
エラーが発生しました
※文字以内
ブックマークを解除しました。

エラーが発生しました。

エラーの原因がわからない場合はヘルプセンターをご確認ください。

ブックマーク機能を使うにはログインしてください。
34/34

Capítulo 33: Polvo rosado – Parte 2

POV – John


Lorenzo estaba muerto. Lynne había sido reducida a pedazos. Sarah yacía en el suelo, llorando como una niña rota. Y los dos miembros restantes de mi grupo habían sido infectados. Uno de ellos incluso le había disparado a Sarah cuando intentaba matar a la cosa que había asesinado a su hermana.

—No necesitamos a alguien como tú en nuestras filas.

Giré mi arma hacia él y disparé, terminando con su vida. Aunque necesitara toda la ayuda posible, no le daría la oportunidad de volver a hacer algo así.

Ahora solo quedábamos dos luchando… y yo era el único que no estaba infectado.

El número de ratas había disminuido, pero aún quedaban varias rondando los alrededores. Cada vez que una moría, liberaba grandes cantidades del virus R al aire. Eso había permitido que las ratas restantes atravesaran partes de los trajes de mis compañeros.

—Nos encontramos en posición.

El mensaje que esperaba por fin llegó. Los refuerzos finalmente estaban aquí.

—Inicien la primera ráfaga.

La respuesta no tardó.

Una lluvia de balas pulverizó a las ratas sin darles oportunidad de reaccionar. El cuerpo de aquella cosa también fue alcanzado.

Primero estalló su cabeza. Luego el torso. Después, cada una de sus extremidades fue destrozada hasta quedar irreconocible.

—Objetivos neutralizados —informó el líder del escuadrón 27—. Cumplimos tu petición. Espera un castigo apropiado si se determina que exageraste.

No respondí de inmediato.

Me limité a observar los restos de aquella cosa.

Ya no quedaba nada con forma humana. Solo un amasijo de carne esparcido por el suelo, algo que hacía imposible creer que alguna vez hubiera estado vivo.

Pero algo no encajaba.

Una sensación persistente me recorrió el cuerpo.

…No estaba muerto.

Entonces lo vi.

Un pequeño fragmento de carne comenzó a retorcerse.

—…

Por un instante creí que era un error provocado por el cansancio. Pero no fue el único. Más pedazos comenzaron a moverse.

Uno tras otro.

No sabía qué estaba pasando.

¿Acaso… estaba recomponiéndose?

Los fragmentos empezaron a desplazarse, acercándose entre sí.

No había sido suficiente.

—Procederé a incinerar el cuerpo.

—Espera, un equipo de investigación podría—

Corté la comunicación.

Si aquello realmente iba a regenerarse una vez más, no podía permitirme correr ese riesgo.

No para la ciudad.

Incluso si eso me costaba la vida como castigo, no dejaría que algo así alcanzara la ciudad.

Apreté el gatillo.

Una llama blanca brotó de la boquilla del purificador, como si estuviera incinerando el propio aire. La temperatura era suficiente para borrar cualquier rastro capaz de propagar el virus R.

Observé cómo la carne se deshacía bajo el calor extremo.

Cómo los huesos cedían, reduciéndose hasta desaparecer en la llama… hasta que no quedó más que un rastro de cenizas.

Aun así, mantuve el gatillo presionado unos segundos más.

—…Por fin terminó.

Ahora solo quedaba una cosa por hacer.

Eliminar a los miembros de mi escuadrón que habían sido infectados.

Con eso, la misión habría concluido.

El sistema de seguridad de mi traje emitió una advertencia.

[Alerta: Alta concentración de virus R detectada]

Las ratas, al morir de forma anormal, liberaban grandes cantidades del virus al ambiente. Era probable que ese fenómeno fuera la causa de la concentración actual.

Tenía que informar la situación para evitar un pánico innecesario.

—John, maldita sea, ¿por qué cortaste la comunicación? —la voz del líder del escuadrón 27 regresó—. Los equipos desplegados alrededor de la ciudad informan de una oleada de ratas acercándose desde el exterior. ¿Tienes alguna explicación?

Apreté la mandíbula.

¿Qué significaba eso?

Esas cosas parecían obedecer al sujeto que había incinerado…

¿Acaso no era él la fuente de todo esto?

—No. Determiné que el origen de estos fenómenos provenía del cuerpo que acabo de incinerar. No entiendo lo que está ocurriendo.

—Tsk… siempre te consideré alguien diligente. Ahora me siento decepcionado.

No respondí.

Haber perdido su aprobación no significaba nada.

Sin subordinados a quienes dirigir, no era diferente de cualquier otro soldado sin rango.

—Encárgate de los miembros de tu equipo que fueron infectados. Las fuerzas actuales bastarán para contener lo que se aproxima.

Los miembros de cada escuadrón estaban preparados para dar su vida por la humanidad. Por eso confiaba en ellos, incluso cuando su destino ya estaba sellado.

Sin embargo, uno de ellos me desobedeció.

Le disparó a Sarah.

Quizá los había sobreestimado. Si alguno, en su desesperación, intentaba aferrarse a la vida… sería una traición a todo lo que los escuadrones de purificación representaban.

Me acerqué a ellos.

—Ustedes… su tiempo de servicio ha terminado. Cumplan con su deber. Acaben con sus vidas. Por el bien de la humanidad.

Mi único objetivo siempre fue ser una herramienta útil para la humanidad.

Así como no me importaba morir por ese propósito, tampoco me importaba deshacerme de ellos si se negaban a cumplir con su deber.

Sarah seguía llorando.

Probablemente tendría que terminar con su sufrimiento yo mismo.

Pero, cuando levanté mi arma…

El otro soldado alzó la suya. Por un instante, creí que obedecería. Que cumpliría la orden.

Pero entonces… me apuntó.

Disparé primero.

No le di oportunidad.

—¿Qué demonios intentabas hacer? —le grité a su cuerpo sin vida.

Si no lo hubiera detenido me habría disparado.

Ahora solo quedaba Sarah.

[Alerta: Concentración muy alta de virus R]

[Recomendación: evacuar la zona]

Otra advertencia del sistema. La concentración seguía aumentando de forma anormal.

Entonces un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Algo estaba mal.

No lo entendí… hasta que sentí el contacto.

Una mano.

Sobre mi torso.

—…Yo… sigo aquí.

El soldado que debería haber muerto… se estaba moviendo. Mi instinto me gritó que me apartara de inmediato.

Pero mi cuerpo no respondió a tiempo.

Fue demasiado tarde.

Mi cuerpo dejó de obedecer.

Y, en un instante—

Mi torso fue destrozado, reducido a fragmentos de carne mezclados con polvo rosado.

Otra vez…

El mismo patrón.

Maldita sea… otro más.

Un monstruo con las mismas características que el primero.

Y ese no era el único problema.

La segunda ola de ratas pronto alcanzaría la ciudad.

Mi visión comenzó a teñirse de rojo mientras mi cuerpo colapsaba contra el suelo.

Si la concentración del virus seguía aumentando…

La niebla rosa… los desintegraría a todos.

¿Es… espontáneo…?

¿O… se transfiere…?

No…

No importa…

Todos…

¿pueden…?

La ciudad…

Tengo que…

Advertir…

Mi cuerpo se desplomó por completo.

Y mi visión se consumió en rojo.

En ese momento… todo terminó para mí.


◇◇◇


POV – Sora


No… no me sentía bien.

Mi cuerpo todavía no se había recuperado.

No podía moverme.

Pero debía hacerlo.

Forcé mi voluntad. Ignoré todo lo demás.

Y entonces…

Dolor.

Un dolor insoportable me atravesó, como si mi cabeza se partiera en dos. La oscuridad trató de arrastrarme una vez más.

…No.

No otra vez.

No puedo—

No puedo dejar que termine así.

Me aferré a algo.

A lo que fuera.

Y abrí los ojos.

Había alguien frente a mí.

Una figura blanca.

Un arma.

Un enemigo.

Uno de ellos.

No podía dejar que siguiera libre… no mientras ellos sigan—

Ellos.

¿Dónde…?

No. Eso no podía ser.

Extendí la mano.

Tenía que detenerlo—

Un disparo.

Mi mundo se rompió otra vez.

No.

No.

No voy a desaparecer otra vez.

Forcé mi cuerpo.

Mis dedos lo sujetaron con más fuerza.

Y en este instante—

Se destrozó.

Pedazos de carne se esparcieron por el suelo.

Me levanté.

No percibía a nadie cerca.

¿Dónde están todos?

Poco a poco, mi cuerpo comenzó a recomponerse.

Mi conciencia… mis sentidos… regresaban.

Y entonces lo vi.

No.

Eso no… no podía ser.

Era el cuerpo de Amelia.

Estaba sobre mí.

Como si hubiera intentado protegerme… hasta el final.

Ahora, su cuerpo sin vida… era todo lo que quedaba de ella.

—Maldita sea… ¿por qué nadie te ha matado todavía?

No escuché el resto.

No podía hacerlo.

No tenía sentido.

Amelia estaba bien. Yo la salvé.

Le prometí que estaría bien.

…Mi cuerpo aún no se había recuperado por completo.

Esto tenía que ser un error.

No podía haber llegado tarde.

¿Verdad?

Esto… es una equivocación.

Seguro escaparon.

Sí… eso es.

Debía darles tiempo. No importaba lo que tuviera que hacer para lograrlo.

—¿Extrañas a tus compañeros? Lo siento, ya los matamos a todos. Solo quedabas tú con vida. Qué lástima.

Mentira.

No puede ser.

Eso no es verdad.

Mis sentidos se expandieron.

Busqué.

Busqué desesperadamente.

Nada.

No había nadie.

No podía sentir presencias humanas.

No importaba cuánto extendiera mi percepción.

No.

No están muertos.

No pueden estarlo.

Hay alguien frente a mí… y no puedo sentirlo.

Debe ser un fallo.

Sí.

Eso es.

Están esperando.

Tengo que—

Tengo que salvarlos.

Las balas atravesaron mi cuerpo.

Dolía.

Pero no importaba.

Nada de eso importaba.

Me mantuve en pie.

No podía detenerme.

No ahora.

No después de todo—

Mis piernas estallaron.

Caí.

El suelo me recibió con un golpe seco.

Duele.

Duele demasiado.

¿Por qué…?

No importa.

Si me detengo—

ellos morirán.

Extendí mi percepción otra vez.

Busqué.

Esta vez… no buscaba humanos.

Y entonces—

Luces.

Pequeñas.

Dispersas.

Muchas.

Ratas.

Lo siento.

De verdad… lo siento.

Pero—

necesito su ayuda.

Una por una… comenzaron a responder.

Sentí sus vidas.

Sus cuerpos.

Sus latidos.

Las llamé.

Las obligué.

A todas las que pude.

Incluso a las que estaban lejos.

Muy lejos.

Esa presencia—

No.

Esa no.

Seguí llamándolas.

La distancia no importaba.

El tiempo no importaba.

Nada importaba.

Solo…

salvarlos.

Las balas seguían cayendo.

Las ratas morían.

Una tras otra.

Pero no era suficiente.

No era suficiente.

Necesitaba más.

Me reconstruí.

Mal.

Incompleto.

Pero era suficiente.

Podía moverme otra vez.

Me levanté.

Había una chica cerca de mí.

—…

Lo siento.

De verdad.

Extendí la mano.

Su cuerpo colapsó.

Uno menos.

Tengo que seguir.

Las ratas no podían matarlos.

Nunca iba a ganar así.

Por eso las forcé a morir.

…lo siento…

Al morir, liberaban una alta concentración del virus.

Lo tomé.

Lo forcé a concentrarse en parte de sus trajes.

Dos de ellos se rompieron.

Nuevas luces aparecieron.

Ahora… también podía percibirlos.

Los obligué.

A obedecerme.

Trataron de resistirse.

Pero necesitaba todo.

Alguien no infectado se acercaba.

Los demás estaban ocupados con las ratas.

Debía acabar con él.

Usé a su compañero.

Trató de resistirse.

Contra su voluntad—

levantó su arma.

Disparó.


Gritó.

No importaba.

El soldado que se acercaba perdió la mano.

Ahora también podía percibirlo.

Otro disparo.

Su cuerpo cayó.

No fui yo…

Otro… alguien que todavía no podía percibir… lo había matado.

Perdí a uno.


No duró mucho.

No importa.

Puedo usar más.

—Inicien la primera ráfaga.

No.

No—

Mi cuerpo desapareció.

No quedó nada.

Ni dolor.

Ni forma.

Silencio.

Pero yo seguía ahí.

Incluso sin un cuerpo…

no iba a desaparecer.

Nunca lo haría.

Había… luces.

Muchas.

Algunas pequeñas.

Dos—

humanas.

Solo tenía que elegir.

Tomé una.

Abrí los ojos otra vez.

—Ustedes… su tiempo de servicio ha terminado. Cumplan con su deber. Acaben con sus vidas. Por el bien de la humanidad.

Esas palabras… Esa voz.

Intenté moverme.

Disparar.

Algo me atravesó.

Fue más rápido que yo.

No importaba.

Bastaba con forzar este cuerpo.

Toqué su torso.

Se deshizo en pedazos de carne.

Una nueva lluvia de balas comenzó otra vez.

Mi cuerpo se deshizo de nuevo.

No podía perder tiempo.

Podrían llegar a ellos.

No necesitaba este cuerpo.

Lo solté.

Tomé otro.

Y ataqué de nuevo.

Las balas seguían cayendo.

Los cuerpos caían.

Uno tras otro.

Si uno moría—

tomaba otro.

Si ese caía—

otro más.

Las ratas chillaban.

Morían.

Explotaban.

Pero seguían viniendo.

Seguían respondiendo.

Seguían ayudando.

Gracias.

Gracias.

Gracias…

Si no había cuerpos humanos…

tomaba los de las ratas.

No sé cuánto tiempo pasó.

No sé cuántos eran.

No sé cuántos quedaban.

Solo sé que—

ya no se movían.

Ninguno.

Silencio.

Miro mis manos.

No son mías.

Nunca lo fueron.

Pero está bien.

Mientras pueda—

seguiré.

Porque todavía…

puedo salvarlos.

Mientras pueda salvarlos…

mientras pueda…

mientras pueda…

Miro a mi alrededor.

Ya no puedo negar la realidad.

Todos están muertos.

Y yo maté a tantos seres vivos… sin razón.

Yo soy el único monstruo en esta historia.

Caí al suelo, esperando que alguien terminara conmigo.

Pero sabía que era imposible.

Ya no sabía qué hacer.

Solo me quedé inmóvil… dispuesto a aceptar mi destino, no importa cuál fuera.

評価をするにはログインしてください。
ブックマークに追加
ブックマーク機能を使うにはログインしてください。
― 新着の感想 ―
このエピソードに感想はまだ書かれていません。
感想一覧
+注意+

特に記載なき場合、掲載されている作品はすべてフィクションであり実在の人物・団体等とは一切関係ありません。
特に記載なき場合、掲載されている作品の著作権は作者にあります(一部作品除く)。
作者以外の方による作品の引用を超える無断転載は禁止しており、行った場合、著作権法の違反となります。

↑ページトップへ