Capítulo 32: Polvo rosado – Parte 1
POV – Lynne
La primera parte de la limpieza estaba hecha. Nos habíamos encargado de todos en este lugar. Debo admitir que fue divertido; algunos parecían especialmente empeñados en luchar a pesar de estar al borde de la muerte.
—Él fue quien nos salvó… y ustedes simplemente llegaron a dispararnos como animales…
Y cosas así.
Era gracioso ver cómo creía que tenía alguna oportunidad contra mí. Continué destrozando su cuerpo sin dar disparos fatales, prolongando su agonía. Pero toda diversión tiene un final.
—El resto de los grupos ya ha cumplido su parte. Confirmen limpieza exitosa.
John sonaba ansioso por terminar rápido. Justo cuando me preguntaba si habría una forma más interesante de matar a este tipo.
Qué lástima.
—Maldita zorra… esto no termina…
—Fuiste bastante divertido, pero es todo para ti.
Un disparo en la cabeza lo silenció permanentemente.
—Limpieza completa. Procederé a quemar los cuerpos.
Transmití el mensaje mientras me preparaba para incinerar los restos. Casi todo el equipo había confirmado su éxito, pero Lorenzo aún no reportaba su situación.
¿Insubordinación?
No. Incluso si odiara a John, dudaba que alguien como Lorenzo fuera a cometer algo así.
—Pido permiso para revisar la situación de Lorenzo.
—Autorizado. Los demás pronto te alcanzaremos.
Con la autorización concedida, me dirigí a su posición. En el peor de los casos, su traje habría fallado y habría terminado infectado por la peste rosa. Según el estatuto de los soldados de purificación, en ese caso debía quitarse la vida.
Pero si eso hubiera ocurrido, debería haberlo reportado antes.
Al llegar, lo único que encontré fue a un chico joven. No llevaba traje de protección, así que debía ser uno de esos desechos que contaminaban el mundo con su sola presencia.
—Maldita sea… ¿por qué nadie te ha matado hasta ahora?
Cuando giró el rostro hacia mí, algo me perturbó.
La mitad de su cara estaba destruida: donde debería estar su ojo izquierdo, solo había un agujero. Y aun así sentía que ya lo había visto antes.
Había matado a tantos de estos seres que los recuerdos se mezclaban, pero ¿no era el mismo al que disparé con mi francotirador al inicio de la limpieza?
¿Qué clase de milagro le permitió sobrevivir a ese disparo?
Justo detrás de él había algo que llamo mi atención.
—… ¿Qué demonios?
Era uno de los nuestros. O al menos lo que quedaba de él.
Solo la mitad superior de su cuerpo seguía intacta; el resto se había convertido en pedazos de carne mezclados con polvo rosado. No podía ver su rostro por el traje, pero no había duda.
Lorenzo era el único asignado a esta zona. Eso significaba que de alguna forma esa cosa lo había matado, quizás de alguna forma había encontrado la forma de romper el traje de Lorenzo aprovechando que esa herida en la cara lo hacía parecer un cadáver.
—…Yo puedo salvarlos… yo debo…
Su voz era distorsionada, y entrecortada.
No estaba segura del tipo de truco que había usado, pero no iba a darle la oportunidad de acercarse.
—¿Extrañas a tus compañeros? Lo siento, ya los matamos a todos. Solo quedabas tú con vida. Qué lástima.
Parecía querer decir algo más, pero su sola existencia me resultaba repulsiva.
No valía la pena prolongarlo.
Comencé a disparar repetidamente a todo su cuerpo, intentando derribarlo. Su figura se tambaleó, pero de alguna forma logró mantenerse en pie.
—…No puedo… haber fallado… yo todavía…
—¿Qué se supone que eres…?
Empezó a avanzar hacia mí. Y, por primera vez, surgió una duda en mí mente.
¿Realmente puedo matar al infectado que tengo frente a mí?
Nunca había dudado de mis habilidades, pero ahora no estaba segura de poder matarlo. Entonces escuché la voz de John. El resto del escuadrón había llegado.
—¡Abran fuego! ¡Destruyan primero sus piernas!
Sin perder tiempo, todos disparamos al mismo objetivo. Sus piernas estallaron en una masa de carne y sangre.
Habría preferido arrancarle la cabeza. Pero con un superior presente, sus órdenes estaban por encima de mis deseos.
Esa cosa cayó al suelo. Y aun así… Su boca no dejó de moverse.
—Duele… duele… no… yo todavía… no…
Apenas terminó de lamentarse, desde las sombras emergieron cientos de ratas infectadas, como una marea de carne en movimiento.
Esas cosas solían huir al escuchar un disparo, y nuestra misión siempre había sido eliminar a los que conservaban forma humana. Por eso las habíamos ignorado, creyendo que solo eran unas cuantas.
Pero nadie habría imaginado que tal cantidad estuviera acechando en los alrededores.
—La situación es anormal. Solicitaré refuerzos. Por ahora, eliminen a todo lo que esté infectado por la peste rosa.
Nuestro grupo no era incompetente. A pesar de nuestras diferencias, todos éramos élite: entrenados desde niños, capaces de coordinarnos a la perfección.
Aun así nunca habíamos enfrentado algo como esto.
Las ratas iniciaron su asedio. Nuestros trajes resistían; sus mordeduras dolían, pero no lograban perforarlos. Además, no eran particularmente inteligentes: en lugar de dispersarse, atacaban desde puntos específicos, lo que las hacía más fáciles de eliminar.
Miré hacia donde estaba mi hermana. Solo había dos mujeres en este escuadrón, y era fácil diferenciar su silueta. No parecía tener problemas.
Me relajé por un momento. Al ritmo que íbamos podríamos reducirlas con el tiempo.
—¿Qué demonios les pasa a esas cosas?
Algunas ratas comenzaban a convulsionar para explotar dejando tras de sí partículas de polvo rosado. Otras seguían atacando con la misma ferocidad, como si no les importaran sus compañeras caídas.
Era una situación grotesca. Al observar a lo lejos, pude ver que las ratas seguían llegando desde lejos.
Esperaba que los otros grupos llegaran pronto para terminar con esto de una vez.
Pero algo no encajaba.
Mi instinto no dejaba de advertirme.
—¡Lynne, reacciona!
La voz de Sarah me sacó de mis pensamientos.
¿A qué se refería?
Parecía estar disparando… hacia mí.
—…¿Eh?
No podía ser, yo creía que ya lo habíamos derribado. Pero esa cosa… estaba ahí. Se había acercado mientras yo estaba distraída con las ratas.
¿Eran solo una distracción?
¿Qué demonios estábamos intentando matar?
¿Era acaso un ser inmortal?
De su boca salieron las últimas palabras que alcancé a escuchar:
—Solo deseo… salvarlos.
Mierda.
Lo había arruinado.
Las balas atravesaban su cuerpo, pero sabía que no bastaría para detenerlo. Extendió la mano… y la posó sobre mi cabeza.
Todo en mí gritó una sola cosa:
Voy a morir.
Vi a mi hermanita acercarse desesperadamente. No podía ver su rostro, pero podía sentir su miedo. Ah… querida hermana.
¿De verdad intentas salvarme? ¿Sabes? Fue mi culpa ser tan despistada.
Qué irónico.
Pasamos tanto tiempo matando infectados, convencidas de que una vida normal no era para nosotras y ahora, al llegar a mi final, no puedo evitar preguntarme:
¿cómo habría sido todo si nunca hubiéramos sido soldados?
Tal vez una vida aburrida no habría estado tan mal.
Habríamos vuelto a hablar con Naomi sobre cosas triviales. Reírnos de tonterías. Quizá incluso habríamos encontrado a personas que nos quisieran de verdad… y luego formaríamos una familia.
Envejeceríamos juntas, mientras nos quejaríamos de cosas insignificantes. Y, aun así, nunca nos separaríamos.
Pero ya es tarde. Lo siento, hermanita.
Esta vez… es todo para mí.
De verdad espero que logres sobrevivir. En una fracción de segundo, mi visión se tiñó de rojo.
Y luego… nada.
◇◇◇
POV – Sarah
Mi hermana…
La misma con la que compartía todo. Con la que entrené desde que tengo memoria. Con la que bromeaba… la que a veces me molestaba, o a la que yo molestaba. La que tenía el mal hábito de tomar mis cosas sin permiso.
La que, a pesar de su lado sádico… era mi única familia, desde que perdimos a nuestros padres.
Ahora su cuerpo estaba frente a mí. Pero, aunque seguía de pie… la mitad superior ya no estaba. Solo quedaban pedazos de carne cayendo por su propio peso, salpicando el suelo.
Quise gritar. Quise llorar. Pero sabía que nada de eso serviría ahora, lo único que sentí fue el deseo de matar a esa cosa.
—¡Todos mantengan la calma! ¡Los refuerzos están en camino! ¡Reduzcan a todos los enemigos y no pierdan de vista a esa cosa! —ordenó John.
¿Mantener la calma?
¿Mantener la calma… cuando la única persona que tenía en este mundo acababa de ser destrozada frente a mis ojos?
Sentí el rostro arder. Como si la sangre hirviera en mis venas. Pero sabía que John no era el culpable.
La causa de este infierno… era esa aberración.
Si lo mataba, todo terminaría.
Si lo mataba… podría vengarla.
Vi cómo algunas ratas comenzaban a convulsionar, pero no me importó.
Lo único que importaba en este lugar, momento y situación era terminar con la vida de ese infectado.
—Jódete… maldito monstruo. Te mataré —escupí entre dientes.
Mis compañeros seguían disparando en silencio, obedeciendo órdenes.
Yo no podía.
—¡Cuidado! ¡Las ratas tienen un comportamiento anormal! —gritó alguien.
—¡Maldición! ¡Han roto parte de mi traje! —gritó otro.
Ya no eran una simple molestia.
—¡Nadie muere hasta que lleguen los refuerzos! ¡Si son infectados, cúmplanlo al finalizar la misión! —ordenó John.
Nuestra ventaja se estaba desmoronando. Si no tenía cuidado terminaría infectada.
Pero eso ya no importaba. Tenía que matarlo, tenía que ser yo quien lo lograra.
Esquivaba a las ratas. Disparaba sin pensar.
Entonces solté mi rifle y cargué el purificador: el arma diseñada para reducir a cenizas a los infectados.
Con eso… debía bastar.
—Esto no tiene sentido… ¿por qué no pude salvarlos…? —murmuró esa criatura, mientras su cuerpo comenzaba a regenerarse lentamente.
No era lo suficientemente rápido. Podía alcanzarlo, solo debía seguir ignorando el dolor de las mordeduras de las ratas.
Estaba cerca, muy cerca. Solo tenía que apretar el gatillo…
—Es… tu fin… niña … —murmuró, extendiendo las mismas manos con las que había matado a mi hermana.
Pero ya era tarde. Yo ya estaba lista.
—Jódete…
Un segundo más.
Solo uno.
Y todo terminaría.
Pero entonces—
¿Por qué… mi mano…?
Un fuerte dolor recorrió mi cuerpo. Mi mano había sido arrancada y la sangre comenzaba a esparcirse rápidamente.
Traté de encontrarle sentido a la situación. Giré, confundida, hacia la posición de mis compañeros.
Uno de ellos estaba apuntando directamente hacia mí.
No lo entendía.
—¿Por qué…? ¿De verdad me odian…? ¿Acaso… esto es por desobedecer las órdenes…?
Mi traje estaba roto. Yo ya estaba infectada. Ahora no había diferencia entre yo y los infectados a los que había estado matando durante tantos años.
John había dado la orden de seguir luchando incluso si terminábamos infectándonos, pero yo ya no tenía fuerzas para hacerlo.
Sin ti… ya no quedaba nada para mí. Ni siquiera fui capaz de vengarte.
Fallé en todo.
Tomé el arma con la que había estado disparando. La levanté con mi única mano.
La apunté a mi cabeza.
—Hermana… espero que podamos reencontrarnos… del otro lado.
Una vez más. Solo tenía que jalar el gatillo. Era un movimiento que ya había repetido tantas veces. Uno que había hecho incontables veces.
Pero una voz resonó en mi mente:
—No te atrevas a morir.
Intenté disparar. Mi dedo no se movió por más que lo intentara. Ni siquiera la paz de la muerte me fue concedida.
El arma cayó de mi mano.
Y yo… caí con ella.
El calor de la sangre brotando de mi muñón se mezclaba con el ardor de las mordeduras.
Las ratas me ignoraban.
Como si ya no valiera la pena.
Como si ya no fuera nada.
Y entonces… esa cosa pasó a mi lado. No se molestó en mirarme ni en decirme nada más. Era como si yo ya no existiera.
Como si mi vida jamás hubiera importado.
Sin poder hacer nada más, me quedé ahí, llorando mientras la lucha continuaba, esperando que alguien… terminara con mi miseria.




