Capítulo 31: Limpieza Total
POV – John
Todos los líderes de escuadrón de purificación habíamos sido convocados.
En total éramos doscientos reunidos en la misma sala. Por lo general, cada escuadrón estaba compuesto por siete miembros, incluido su líder, pero mi equipo contaba con seis. Una de nuestras integrantes se había retirado hace poco y su puesto seguía vacío.
La reunión no tardó en comenzar.
Al frente de la sala se encendió una pantalla que mostraba al jefe de defensa y operaciones externas, Takeshi Kurogane.
—Como todos aquí saben, hasta hace poco se les ordenó capturar infectados. “Ejemplares”, en nombre de la ciencia.
Aquella orden había sido desagradable para todos los escuadrones de purificación. Nuestro trabajo era eliminar amenazas, no capturarlas. Aun así la cumplimos. Después de todo, nuestro deber nunca fue cuestionar órdenes.
—Las investigaciones recientes han cambiado esa situación —continuó Kurogane—. Ya no es necesario capturar infectados.
No pude evitar sentir cierto alivio al escuchar esas palabras.
—La única excepción serán las amalgamas de carne rosada, que ocasionalmente algunos grupos han logrado encontrar. Si encuentran una, deberán reportarla de inmediato para su traslado.
Hizo una breve pausa antes de continuar, mientras una leve sonrisa se formaba en su rostro.
—Para todos los demás casos… la orden es limpieza total.
El mensaje había sido claro.
—Eso es todo. Pueden retirarse y coordinar operaciones con sus escuadrones.
La reunión terminó.
Mientras los líderes comenzaban a dispersarse, noté que, al igual que yo, muchos parecían más relajados que antes.
Al fin podíamos hacer nuestro trabajo como se suponía que debía hacerse.
Salí de la sala mientras revisaba mentalmente el plan de acción de mi grupo.
—Hey, John.
Una voz me llamó desde atrás. Era el líder del escuadrón 27, uno de los equipos a los que se les había asignado un área cercana a la mía.
—¿Contento? Ya no tenemos que dejar a esas cosas con vida.
—No considero que importe —respondí—. Nuestros sentimientos son secundarios. Supongo que el plan sigue en pie… ¿o acaso se posterga?
—Siempre tan amable. ¿Sabes que tu equipo probablemente te odia?
—No me importa.
Se encogió de hombros.
—En fin. No me gustan demasiado los mensajes, así que vine a decírtelo en persona. Nos reuniremos en la zona pactada. La única diferencia es que ahora ya no intentaremos capturar a nadie.
—Entiendo.
Días atrás, su grupo había colocado un rastreador en uno de los infectados. Todo indicaba que se dirigía a un asentamiento. Por eso solicitó la ayuda de los escuadrones cercanos al suyo para llevar a cabo la operación de captura.
Aunque ahora, al no tener que capturar a nadie, todo debería ser mucho más sencillo.
◇◇◇
POV – Lorenzo
Los infectados que encontramos no presentaban deformaciones visibles, pero ya habíamos visto varios de ese tipo. Con el tiempo dejó de sorprenderme.
Nuestro capitán, John, había coordinado junto con otros cuatro escuadrones una operación para capturar a un gran número de infectados y cumplir con nuestras órdenes. Pero las cosas habían cambiado… ahora era simplemente una misión de exterminio.
Cuando llegamos al lugar donde se reunían, quedó claro que un solo escuadrón no habría podido encargarse de aquello. Según nuestras observaciones iniciales, había cientos de infectados concentrados en ese punto. Y no podíamos permitir que ninguno escapara.
La zona tenía baja concentración de peste rosa, así que los edificios cercanos aún se mantenían relativamente estables. Eso nos permitió establecer posiciones elevadas.
Si estuviéramos solos sería bastante complicado eliminarlos a todos, pero con cinco escuadrones formando un perímetro alrededor del asentamiento no debería ser particularmente difícil.
—Nuestro rol será iniciar el ataque —dijo John a través del transmisor—. Cuando empiecen a dispersarse, los otros escuadrones interceptarán a cualquiera que intente huir. Luego avanzaremos para limpiar el área.
—Entendido.
Ajusté el visor del francotirador.
Entre las personas del campamento identifiqué al objetivo: el infectado que llevaba el rastreador que habíamos colocado días atrás. Parecía estar inconsciente; probablemente se había sobreexigido intentando advertirles de nuestra llegada. Y, justamente por eso, todos iban a morir.
Tres personas lo estaban cargando.
Decidí disparar a uno de los infectados que lo sostenía.
Era un tiro sencillo. Apunté, jalé el gatillo y la bala atravesó el cráneo del que lo cargaba. Su cuerpo cayó al suelo y, durante un segundo, todo quedó en silencio.
Luego comenzaron los gritos.
A través de la mira vi a uno de los que estaban junto al cadáver. No parecía que fuera a gritar ni a correr; solo miraba el cuerpo en el suelo.
Definitivamente era otro tiro fácil.
Pero había un problema.
Parecía demasiado joven para ser un infectado normal.
Me pregunté si tal vez deberíamos dejarlo con vida para las investigaciones. Si descubrían que habíamos matado un ejemplar así sin motivo, tal vez podrían reprender a John después.
Entonces un segundo disparo resonó.
El chico cayó al suelo con un agujero en la cabeza.
Suspiré y activé el canal personal.
—Lynne, ¿cuántos infectados tan jóvenes has visto hasta ahora?
—¿Hm? —respondió con indiferencia—. Creo que ese era el único. ¿Por qué?
—Nada. Olvídalo, solo sigamos con la misión.
Nuestras órdenes eran matarlos a todos. Y, de la misma forma que los líderes de escuadrón obedecían a sus superiores, nosotros debíamos obedecer a los nuestros. Incluso si las órdenes no eran perfectas, no podíamos romper la cadena de mando.
Según el plan, ahora deberían dispersarse. Al verse atacados intentarían huir y los otros escuadrones cerrarían el cerco.
Pero no lo hicieron.
—Prepárense para avanzar —dijo John por el canal general—. Eliminaremos a todos los que queden en el asentamiento.
Creí que tendríamos que perseguirlos.
Pero, para mi sorpresa, los infectados no parecían huir al vernos. En cambio, algunos comenzaron a gritar con desesperación.
—¡Él era el único que podía salvarnos a todos!
—¡Cómo se atreven!
Perfecto.
Mientras gritaban todas esas cosas, nosotros no dejábamos de disparar. Solo estaban consiguiendo que nuestro trabajo fuera más fácil.
Entre ellos vi a una chica joven de cabello rosado. Estaba arrodillada en el suelo, aferrándose a un cuerpo. Por lo que parecía, había sido uno de los primeros en caer.
—Sora... yo... yo lo siento... esto… te necesito... por favor vuelve…
Su voz estaba rota.
—Lo siento… lo siento… esto es mi culpa… ¿verdad?
La escena era bastante lamentable. Incluso a mí me resultaba incómoda.
¿Eran pareja o algo así?
—No se hagan pasar por humanos. Es desagradable.
Levanté mi arma para terminar con aquella escena. Al menos les haría un favor y les permitiría reunirse rápido.
La chica pareció notar mi presencia. Por un momento pensé que usaría el cadáver como escudo. Pero hizo algo aún más extraño.
Se inclinó sobre él, como si intentara proteger el cuerpo sin vida de su aparente pareja.
—…Qué idiota.
Yo no era de los que disfrutaban verlos sufrir. Prefería acabar rápido.
Apreté el gatillo.
Un disparo fue suficiente para que su cuerpo cayera sin vida al igual que los demás infectados.
No entendía sus sentimientos ni sus acciones. Y tampoco tenía intención de hacerlo.
—No dejen que ninguno escape —gritó John mientras pasaba cerca de mi posición.
Se preocupaba demasiado. A veces resultaba irritante.
Poco a poco avanzamos por el asentamiento, revisando los edificios y eliminando a cualquier infectado que encontráramos. Pronto comenzaríamos a reducir los cuerpos a cenizas.
Así terminaba siempre.
Volví a mirar a la pareja en el suelo antes de retirarme.
—Qué desagradable…
No entendía cómo podían haber desarrollado sentimientos en su situación. Pero al menos ambos habían terminado de la misma forma: con una bala atravesando su cabeza. Así que tal vez me lo agradecieran en el más allá.
Pero… ¿Por qué no puedo ver el agujero de la bala en la cabeza del chico?
Su frente estaba cubierta de sangre.
¿Era solo mi imaginación?
—El resto de los grupos ya ha cumplido su parte. Confirmen limpieza exitosa —escuché la voz de John por el canal del escuadrón. Parecía estar pidiendo una confirmación individual a cada miembro.
Todo indicaba que habíamos terminado de limpiar el área sorprendentemente rápido. Pronto reduciríamos todos los cuerpos a cenizas.
Estaba a punto de reportar que esta zona había sido limpiada cuando sentí algo tirando de mi traje.
Bajé la mirada.
La mano del chico se había cerrado alrededor de mi pierna.
—¿Qué… demonios? —Su cuerpo no debería poder moverse—¿Cómo no estás muerto?
Entonces su ojo se abrió.
Sentí que nuestras miradas se cruzaban. Y sin perder el tiempo volví a apuntar y disparé directo a su cabeza.
El cráneo estalló. Fragmentos de hueso y cerebro se esparcieron por el suelo.
—Maldita sea… casi me engaña esa tipa.
Ahora lo entendía. Ese no debía ser el cuerpo al que Lynne había disparado. La chica lo había cubierto para que no nos diéramos cuenta de que seguía vivo.
Estaba por apartar su mano de mi pierna cuando sus dedos se cerraron con más fuerza.
—Mu…ér…e…te…
Sentí un ardor insoportable atravesando mi pierna.
Mis sentidos se entumecieron. De repente, mi punto de vista cambió bruscamente.
¿Me había resbalado?
Intenté mirar qué me había hecho caer.
No había nada.
Solo trozos de carne esparcidos en el suelo… justo donde debería estar la parte inferior de mi cuerpo.
Y entonces… todo se oscureció.




