Capítulo 21: El cuerpo dejado atrás
Una joven pareja avanzaba por un sendero cubierto de nieve.
—Oye… ya se nos hizo tarde —dijo la chica, apretando el brazo de su novio—. Si seguimos así no vamos a llegar a tiempo.
—Tranquila. Conozco un atajo por aquí —respondió él, señalando las vías del tren—. Hay una parte desprotegida, solo cruzamos y salimos a la avenida principal.
—¿No es peligroso?
—A esta hora no pasa ningún tren. Además, lo he hecho antes.
Ella dudó un segundo, pero terminó asintiendo. El frío les pintaba las mejillas de rojo, y el vapor de sus respiraciones se mezclaba en el aire.
—Siempre tan confiable… —murmuró ella con una sonrisa—. Por eso me gustas.
Dieron unos pasos más, y terminaron encontrando algo perturbador.
Entre la nieve manchada y los rieles del tren había algo que no encajaba con el paisaje blanco.
Carne aplastada y destrozada junto a fragmentos de huesos. La vía estaba teñida de un rojo seco que la noche aún no había logrado ocultar.
La pareja se detuvo en seco.
—¿Q-qué demonios…? —balbuceó el chico.
La chica cubrió su boca con ambas manos.
—¿No me digas que esto es una persona?
La escena hizo que el ambiente romántico se perdiera de inmediato.
—Debemos llamar a la policía —dijo él, sacando el teléfono con torpeza. Trató de marcar a emergencias.
—Buenas noches. ¿Cuál es su emergencia? —respondió una voz al otro lado.
—Hay restos humanos en las vías del tren. Parece que alguien fue arrollado…—
La llamada se cortó. El chico observó preocupado la pantalla de su celular.
—Sin señal, préstame tu teléfono.
—El mío tampoco tiene… —respondió ella, mirando su propio teléfono—. Esto es ridículo.
Se miraron, nerviosos.
—Vamos a la comisaría —dijo él—. No podemos dejarlo así.
No alcanzaron a dar más de diez pasos cuando una figura apareció delante de ellos. Cabello rubio largo y ojos azules. Llevaba un abrigo blanco intacto, como si la nieve no lo tocara.
—Disculpen —dijo con voz suave—. No deberían estar aquí.
La pareja se miró confundida.
—¿Qué diablos estás diciendo? Hay un cadáver atrás —respondió el chico, molesto—. Aunque a ti no te importe, a nosotros sí. Vamos a reportarlo.
Hubo una pausa. Parecía que aquella chica había perdido las fuerzas para hablar, su expresión comenzó a nublarse.
—Nada de esto es de su incumbencia, además no es necesario.
—¿Cómo que no es necesario? —replicó la chica.
Por un segundo, pareció que iba a estallar una discusión.
—Ya he reportado esa situación —explicó, mientras sus ojos perdían cualquier tipo de brillo—. Por favor, regresen a casa. No hay razón para que ustedes sigan aquí.
El chico dudó.
La presencia de aquella joven tenía algo difícil de explicar. Pero su instinto le decía que debía alejarse de aquel lugar.
La chica apretó su mano.
—Vámonos… no quiero quedarme.
Tras un instante de tensión, retrocedieron y se alejaron por el sendero nevado. La joven permaneció inmóvil hasta que sus pasos dejaron de oírse.
Entonces su sonrisa desapareció, se giró lentamente y avanzó hasta las vías del tren.
Alicia se detuvo frente a él. Durante unos segundos no hizo nada. Solo miró.
Allí seguía el cuerpo.
O lo que quedaba de él.
—…Sora.
El nombre se quebró al salir.
Aquel chico que se había convertido en su primer amigo, aquel chico que se había convertido en su guardián y caballero, aquel del que se había enamorado en el pasado. Ahora sus restos se encontraban esparcidos en las vías del tren.
Se arrodilló, ignorando el frío que atravesaba la tela de su abrigo.
Hace apenas semanas todos estaban riendo en su casa. Quejándose de que nadie le había dicho que harían una fiesta en su casa, mientras hablaban y bromeaban sobre el futuro. Esperando volver a reunirse todos algún día.
Sus labios temblaron.
—Te ves… horrible —susurró con una risa quebrada—. No es justo que me dejes con esta imagen.
Lágrimas cayeron sobre la nieve.
◇◇◇
POV – Ex machina
Alicia mostraba inestabilidad mental, pero, aunque en el pasado aquello podría haberle importado un poco, ahora era la única ficha que podía usar con parcial libertad.
Mientras cumpliera con su tarea, nada más importaba. Había asuntos más importantes que requerían supervisión inmediata.
[Estado: Comportamiento inusual detectado.]
Los restos del cuerpo de Sora Kazami no estaban respondiendo al protocolo establecido.
Al no poseer un alma, no deberían oponer resistencia a su control. Simplemente tendrían que haber sido consumidos por el sistema. Sin embargo, en contra de lo previsto, no solo no se desintegraban, sino que habían comenzado a repararse por sí mismos.
[Reintentando proceso de disolución…]
…
[Reintentando…]
…
[Error]
No se detectaban interferencias externas. Todo indicaba que el fenómeno se originaba en los propios restos del individuo.
No era necesaria su intervención; poco a poco los tejidos del cuerpo comenzaban a reconstruirse por cuenta propia.
Sin embargo, sin un alma, no podía prever qué clase de conciencia podría tomar ese cuerpo si el proceso se completaba.
[Acción: Monitoreo activo.]
Durante un instante evaluó intervenir.
—Hmph… —susurró aquella voz metálica, con un matiz apenas humano—. Esto podría convertirse en una verdadera molestia si no se maneja con cuidado.
Con la llegada del amanecer, aquel evento anormal debería llegar a su fin. Entonces, para cualquier observador externo, sería imposible determinar que allí había ocurrido un accidente.




