Capítulo 15: Sensación de calma
Me había despertado. La última vez que cerré los ojos tenía un dolor de cabeza insoportable, pero ahora estaba bien. Estaba en la cabaña… ¿choza? Bueno, en el refugio donde había encontrado a los infectados. Obviamente seguía en ruinas, pero esta vez se notaba que habían hecho un esfuerzo por limpiarlo. Querían que me sintiera cómodo.
No necesitaban hacerlo. Aun así, lo aprecié.
Desde que llegué, por extraño que parezca, me sentía a gusto. En otro tiempo, estar rodeado de personas que no consideraba mis amigos me habría resultado agotador.
Y, siendo sincero, durante mucho tiempo pensé que no necesitaba amigos, además de Yume. Aquella etapa en la que todos parecían acercarse a mí solo había empezado porque quería verla sonreír.
Pero en este lugar no sentía la necesidad de forzarme. No tenía que actuar ni cumplir expectativas; bastaba con estar ahí, con seguir adelante junto a ellos.
Tal vez era porque había podido ayudarlos. De alguna forma, me sentía en calma, a pesar de la situación en la que me encontraba.
Me ofrecieron comida: un par de ratas muertas y hongos rosados.
Técnicamente comestibles, para ellos, aunque incluso en mi mundo de origen ni Anise se habría atrevido a probar algo así, y ella comía cualquier cosa con forma. Agradecí el gesto, claro.
Mi cuerpo podía resistir venenos si era necesario, pero no iba a probar eso. No era algo que una persona ordinaria haría, aunque parte de mí se preguntaba a qué sabían.
—¡Un momento, Chester! —exclamé de repente.
—Señor, ¿qué pasa? ¿Algo le duele? —preguntaron los presentes, preocupados.
Por un instante pensé lo peor: ¿me habían servido a mi amigo? Pero justo en ese momento, una rata salió de entre las sombras. Y en mi mente sonaba música épica mientras Chester se alzaba como si fuera el jefe final de este mundo, listo para cambiar el equilibrio de poder solo con su presencia.
…Bueno, quizá exageré un poco. Pero fue un alivio verlo sano y salvo.
—Oigan, este es mi amigo. No se lo coman, por favor.
Tras explicarles que era mi mascota, me concentré en lo importante: seguir curando a los que quedaban.
Los examiné uno por uno. No había jóvenes. Nadie menor de treinta años, o al menos eso parecía. Sus cuerpos estaban delgados, la piel agrietada, y los tumores rosados palpitaban bajo vendas sucias. No me sorprendía que se pusieran tensos cuando me acercaba.
Pero si quería tratarlos, por primera vez tenía que tocarlos directamente. Mis habilidades no funcionaban bien a distancia.
Por suerte, ya había modificado el virus base. El sistema podía replicar el virus R-Evo sin que yo tuviera que intervenir directamente.
Aun así, cada vez que lo hacía, una sensación de incomodidad se acumulaba dentro de mí, como si algo en lo más profundo se resistiera, sin que yo pudiera explicar por qué.
—Joven ¿está bien? —preguntó alguien frente a mí.
Tardé un instante en responder.
¿Quién…?
Bajé la vista. Mi mano estaba sobre su brazo. Parecía que lo estaba tratando.
—No te preocupes —dije al fin—. Solo… me distraje un poco. Lo siento.
No recordaba en qué momento había empezado.
El proceso continuó sin problemas. Algunos ya portaban virus creados por mí; otros seguían en tratamiento. Una vez modificada la cepa dentro de ellos, incluso a cierta distancia podía ajustarla a sus necesidades.
De hecho, al ver esto, una parte de mí pensó que tal vez podría hacerlos evolucionar…
[Aviso: Capacidad por encima del sistema de soporte. Debe manejarse de forma manual.]
La idea se desvaneció tan rápido como había aparecido. Todavía no podía prescindir del sistema de soporte. Y esta acción estaba fuera de sus parámetros. Si forzaba una evolución acelerada usando mis propias capacidades, lo más probable era que terminara fallando; estas personas ya habían sufrido demasiado.
Lo último que quería era provocar que explotaran en una nube rosada o que terminaran convirtiéndose en aberraciones que murieran de inmediato.
Así que me limité a lo seguro. El virus ya estaba bajo control y, aunque su nombre original no era nada inspirador, lo rebauticé como R-EVO. No hice más que llevarlo al estado que sospechaba que sus creadores realmente buscaban.
Cuando terminé, algunos se arrodillaron. Rezaban.
¿A mí?
Otros los imitaron, mirando de reojo a sus compañeros, como si quisieran asegurarse de hacerlo bien. Tuve que levantar la mano para detenerlos. No era necesario. No quería eso.
Sí, técnicamente fui enviado por un dios, pero todavía no era momento de hablar de eso.
—¿No vas a comer? —gruñó Gehn de pronto, rascándose el cuello. Su voz seguía sonando como papel de lija, pero el tono era casi respetuoso. Parecía que en serio lo estaba intentando.
—Te agradezco la oferta, pero no necesito comida —respondí con sinceridad.
Gehn chasqueó la lengua, incrédulo.
—No sé si eso sea… normal. Digo, deberías echarle algo al estómago, ¿no? Para tener energía o algo…
Me sorprendió. Hace poco era el primero en insultarme. Ahora intentaba sonar educado, como si hablara con un oficial de alto rango. Me pareció… tierno, a su manera.
Rael intervino, con los brazos cruzados. Su rostro demacrado seguía siendo tan inexpresivo como siempre.
—Déjalo, Gehn. Debes admitir que es diferente a nosotros. No sigue las mismas reglas.
—No, ya vi que no —masculló Gehn, bajando la mirada—. Igual… era por cortesía.
“Cortesía”.
Que esa palabra viniera de ellos sonaba extraño. Pero lo respeté.
Pese a sus formas torpes, se notaba el esfuerzo. Me miraban con una mezcla de respeto, culpa, y también miedo. Como si temieran que desapareciera en cualquier momento, llevándome con ello su única esperanza.
Ya me sentía más estable. No del todo recuperado, pero lo suficiente para avanzar. Era hora de centrarme en lo que más importaba: el virus.
Esta cosa no era natural. Había sido diseñada, construida con una intención clara.
Activé el sistema de soporte que me había dejado Ex Machina, para poder analizar mejor la información que había obtenido hasta ahora.
[Activando Lectura Patogénica]
[Análisis: Virus R contenido en el núcleo patogénico]
***
[Virus R – Versión Actual
Infección activa:
Una vez dentro del cuerpo, el Virus R se instala en el sistema circulatorio y reemplaza progresivamente el sistema inmunológico; el propio Virus R evita que el organismo sea infectado por otros virus o patógenos. Provoca pérdida gradual de apetito, impulso reproductivo y respuestas emocionales, estas pueden variar dependiendo del individuo. Además, forma tumores externos donde incuba nuevas esporas. Si estas se rompen el organismo del huésped colapsará de forma inmediata. El huésped puede mantenerse funcional en zonas de alta concentración viral, de otra forma se degradará y morirá al cabo de unos días.
Comportamiento post-mortem:
Tras la muerte del individuo, el cuerpo comienza a generar esporas microscópicas altamente contaminantes su expansión puede abarcar miles de metros y estas no desaparecen a menos que sea con grandes cantidades de calor. Este proceso puede durar varios meses antes que el cuerpo sea reducido a nada
]
***
Si esto es peligroso, básicamente te usa como una herramienta; solo es más “amable” cuando no hay motivos para expandirse. En un ambiente limpio, los infectados se morirían rápidamente: el virus R es, en ese sentido, extremadamente eficiente. Viendo eso, supuse cuál podría haber sido el objetivo real de quienes lo crearon u organizaron:
***
[Virus R-EVO (Regenerador evolutivo)
Descripción
La variante R-EVO es una reprogramación de la cepa R, diseñada como una herramienta de reparación genética contra la peste rosa. Esta actúa como un sistema inmunológico secundario, detectando y anulando infecciones ajenas, regenerando tejidos e incluso sintetizando energía desde materiales no propios del cuerpo, como desechos celulares o minerales simples. El virus modificado puede infectar a otras personas, pero su capacidad de infección es muy baja, además su ciclo vital está ligado directamente al estado de vida del huésped. Si el huésped muere, la cepa se desactiva, dejando el entorno libre de contaminación.
]
***
Básicamente, una cura universal. O, al menos, lo más cercano a eso que puede ofrecer un virus "inteligente". Gracias a él, las personas casi no necesitan comer o beber para sobrevivir en entornos con altas concentraciones de virus R.
No contaba con una interfaz, así que la información se incrustaba directamente en mi cerebro de forma inmediata; debo admitir que era bastante conveniente.
Apagué el sistema. Respiré hondo, dejando que mi cuerpo se estabilizara poco a poco. El análisis me había revelado mucho, pero ahora necesitaba algo más importante que datos del virus, necesitaba información sobre este mundo.
—Bien —dije, alzando un poco la voz—. Necesito pedirles algo.
El efecto fue inmediato. Todos se giraron hacia mí, atentos. Gehn y Rael se arrodillaron de golpe. Me hizo sentir bastante nervioso.
—Oigan… no —levanté las manos, incómodo—. No es necesario. De verdad. No soy ningún dios ni nada parecido.
Gehn bajó la cabeza y murmuró algo que no alcancé a entender… y que preferí no preguntar. Parecía una plegaria. Rael, a su lado, apretó los puños, como si buscara la forma correcta de hablar.
—Lo entendemos, joven Sora… pero usted… es distinto. Eso se nota. No decimos que sea un dios, pero si lo fuera… tampoco nos quejaríamos.
Suspiré. No era el momento para discutir misticismos. Ya bastante difícil era mantenerme en pie.
—Puedo tratar esta enfermedad. Pero hay algo que no puedo hacer solo: entender este mundo. No conozco este lugar, ni su historia reciente, ni las reglas sociales. Ni siquiera sé exactamente dónde estamos. Así que necesito que me cuenten todo lo que sepan.
El grupo guardó silencio. Algunos intercambiaron miradas incómodas; otros bajaron la vista. Y entonces…
—Claro que sí, salvador nues… digo, joven Sora —dijo Gehn, forzando una voz más formal mientras se aclaraba la garganta—. Empezando por lo más… eh… relevante. Todo esto empezó hace unos veinte años, creo. Todo se fue al infier—
—¡Veinticinco, imbécil! —bufó alguien desde el fondo, con una voz tan áspera que sonó como una sierra oxidada—. ¡No desinformes al joven iluminado!
—¿Y tú qué sabes, pedazo de moco seco? Si no sabés ni cuántos dedos tenés sin contarlos.
—¡Por lo menos no me tragaba las noticias de la radio como vos, crédulo!
—¡Dejen de discutir fechas! ¡Hay que empezar con los escuadrones de purga! ¡Eso es lo que importa ahora!
—¡Cállate, animal! ¡Las ciudades limpias son prioritarias, eso cualquiera lo sabe!
Y ahí lo tenía: caos organizado, versión postapocalíptica.
Vale, estaban confundidos; todos querían ayudarme, pero no se ponían de acuerdo. Esto iba a tardar un rato. Algunos hasta se quejaban del modo de hablar de otros como si eso fuera un error imperdonable frente a mí.
Era un torbellino de información, gritos mal entonados y reverencias a medias.
—Bien —pensé, manteniendo la sonrisa—, esto no es tan diferente a casa.
Recordé cómo Yume, Anise, Mei, Alexia y Alicia discutían por todo: dónde almorzar, qué película ver, quién se veía mejor con un vestido, incluso quién iba a conseguir novio primero. Nunca entendí por qué, en esas cosas, siempre terminaban mirándome.
¿Acaso esperaban que opinara? Digo, soy un chico; no voy a conseguir un novio… ¿acaso pensaban que tengo ese tipo de gustos?
Comparado con todas esas discusiones en las que terminaba envuelto por alguna razón, esto era fácil.
—Muy bien —interrumpí, levantando una mano—. Uno por uno, por favor. No hay prisa.
Ya he sobrevivido a cosas peores. Esto no es nada, desde que llegué a este mundo, todo parecía encajar demasiado bien, así que creía que todo tendría un final feliz para todos.
Fragmentos mentales
Alicia (Amarillo): Mira, Yume. Mi caballero está como nuevo. Solo tenías que tener un poco de fe.
Yume (Naranja): ¡Lo entiendo, lo entiendo! Tal vez exageré un poquito ¿ya pueden desatarme, por favor?
Anise (Marrón): Quédate así. Aún faltan unas horas más.
Mei (Blanco): Señorita Yume, diga "Ahh".
Anise (Marrón): ¡No le des tanto pastel, Mei! Está castigada por llamarnos “solteronas”.
Alexia (Negro): Vamos, Anise. No lo dijo con mala intención.
Yume (Naranja): ¡Exacto! Solo reafirmé una realidad objetiva.
Alicia (Amarillo): Hmm… Propongo aumentarle el castigo a mi rival un día más.
Alexia (Negro) / Mei (Blanco) / Anise (Marrón): Aprobado.
Yume (Naranja): ¡¿Qué?! ¡Injusticia en contra de las personas con novio!
Mei (Blanco): Cielos… con tanto caos, olvidamos hablar de lo que ocurrió hoy.




