Capítulo 12: Modulación
El silencio del refugio se rompió. Desde la llegada de Sora todos discutían; los pocos que aún tenían fuerzas para hablar alzaron la voz.
—¿Por qué no arriesgarnos? —dijo alguien—. De cualquier forma, ya no tenemos nada que perder.
—No es cuestión de “arriesgarse” —replicó otra voz—. Es para que esos malditos que nos engañaron antes no se rían de nosotros en el infierno.
—Yo podría intentarlo. ¿Qué tengo que perder? —añadió Rael— Si de todas formas vamos a morir por esta peste qué más da otro intento por curarnos.
Sora, que hablaba de una posible cura, no parecía el tipo de persona que obligaría a nadie. Aun así, no era prudente juzgar por las apariencias. El joven se apartó y se sentó en un rincón más alejado, observando en silencio. Por lo menos no era un entrometido en la discusión.
Gehn —quien había aprendido a odiar las falsas promesas— ya no pudo contenerse. Lo observaba desde las sombras mientras la rabia se acumulaba dentro de él. Se levantó con esfuerzo; su cuerpo estaba cubierto de vendas sucias, y bajo ellas asomaban manchas y tumores rosados.
—¿En serio otra vez…? —gritó con la voz áspera—. ¿Tú también, Rael?
Rael guardó silencio. Confiar en un desconocido casi equivalía a traicionar a Gehn, su viejo amigo.
—¿Qué les pasa? —continuó Gehn, mirando al grupo—. ¿Ya olvidaron a todos los que vinieron a decir que nos salvarían? ¿A los que prometieron ayuda y nunca volvieron?
Señaló en dirección a Sora.
—Ese chico tiene cara de bueno. Está limpio y quizá no nos mire como basura… ¿y qué? Eso no significa que diga la verdad.
Avanzó hacia la salida. Cada paso le dolía, pero no se detuvo.
—¿Y ahora qué? ¿Sacara de su bolsillo la cura? ¿Viviremos felices para siempre?
—Gehn… —susurró Rael—. Ya basta.
—¡No! —gritó Gehn, lleno de ira—. ¡Estoy harto de que me digan qué hacer! ¡Estoy harto de esperar sentado a que mi cuerpo se pudra! ¡No quiero verlos ser engañados una y otra vez! ¿No habían superado ya esto?
Clavó la mirada en Rael, cargada de desprecio.
—Tú no irás. Lo haré yo. Y si muero, tú te harás cargo de eso.
Sin esperar respuesta, Gehn salió del refugio tambaleándose, respirando con dificultad, pero con la voz aún firme.
◇◇◇
POV – Sora
Escuchar conversaciones ajenas nunca había sido lo suyo, y menos cuando se trataba de personas que habían sufrido tanto.
Decidió mantenerse algo distante mientras los demás discutían. Alzó la vista hacia el cielo: un rosa diluido, extraño… casi hermoso. Aunque jamás lo diría en voz alta. No frente a quienes lo habían perdido todo por culpa de esa “belleza”.
Suspiró. Entonces, como si nada hubiera pasado, su “amiga” regresó. La misma que no había dudado en abandonarlo antes.
—Hola, ¿cómo estás, amigo? —Chester chilló, acomodándose cerca de él.
Sora sonrió con cansancio. No había pasado mucho tiempo desde que se habían separado, pero le alegraba volver a verlo. Intentó levantarlo, aunque dudó un instante: ¿era normal acariciar a una rata contaminada? Claro, había cosas mucho más anormales en su vida ahora.
—Las personas normales no se sentirían cómodas en esta situación —murmuró, sintiendo un enojo creciente en su pecho ante una realidad que no podía ignorar.
Desde que llegó a ese mundo no había comido, ni bebido, ni dormido. Y, aun así, su cuerpo funcionaba como si nada. No era humano en el mismo sentido que antes.
No le gustaba esa idea… pero sabía que era inevitable. Así funcionaba ese nuevo mundo.
Chester chilló fuerte, como si lo reprendiera por ponerse sentimental, y lo mordió sin piedad.
—¡Auch! ¡Cálmate! Solo estaba reflexionando, no tienes que ser tan agresivo… —refunfuñó.
Ahí estaba: su mejor amigo en este mundo. Tal vez tenía razón. No debía sobrepensar lo que no podía cambiar. Aunque, esperaba que no lo hubiera mordido porque tenía buen sabor.
—Sí, mejor pienso en otra cosa —suspiró.
Su mente viajó al pasado.
—¿Cómo estará papá? —se preguntó.
Tal vez ya habría regresado de aquel viaje de trabajo.
Le habría gustado que estuviera presente el día en que toda la familia se reunió para conmemorar la muerte de mamá. Incluso los parientes lejanos hicieron el esfuerzo de asistir. Pensar que él no estuvo allí le dejó una sensación incómoda en el pecho, un dolor extraño que no supo explicar.
Apartó el pensamiento antes de que pudiera tomar forma.
—¡Vamos! ¡Hazlo! —la voz de Gehn lo arrancó de golpe de sus recuerdos—. Si quieres que te creamos ¡arregla mi cuerpo enfermo! ¡Hazlo ahora, bastardo!
—Mira, Chester… ¿ibas a morderme otra vez? —murmuró sin pensar, al notar cómo la rata abría ligeramente la boca cerca del cuello de Sora, como si se tratara de un depredador a punto de terminar con su presa.
Ignoró el chillido inquieto de Chester y centró toda su atención en el hombre frente a él.
El hombre avanzaba con pasos torpes, obligando a su cuerpo a no detenerse.
Sora alzó la vista y dejó escapar un suspiro leve.
—¿Estás seguro? —preguntó en voz baja—. No tienes qué demostrar nada.
—¿Vas a dejar de fingir que eres un maldito mentiroso? —dijo el hombre llamado Gehn.
—Entonces empecemos.
Se levantó con calma y caminó hacia Gehn, alzando las manos despacio.
El hombre retrocedió un paso por puro reflejo.
—Oye… ¿qué estás haciendo? —gruñó—. ¿No vas a sacar la cura o algo así?
Sora dudó apenas un segundo.
—No… no necesito eso —respondió—. Basta con tocarte la piel. Tomar tu mano será suficiente.
Sabía lo extraño que sonaba. Esperaban una vacuna, pastillas, cualquier cosa tangible. No aquello. Era casi como intentar detener una pandemia con un ritual.
Gehn soltó una carcajada seca.
—Ja. Ni siquiera te esfuerzas en fingir.
Detrás de él, los demás murmuraron con inquietud. Para su sorpresa, Sora también se sintió incómodo. Preferiría poder ayudar con medicina real, algo producto del ingenio humano. Pero esta era la única forma que tenía. Le gustara o no, debía aceptarlo.
Extendió la mano y tocó el brazo enfermo de Gehn.
***
[Sistema de soporte]
Lectura patogénica en curso…
•Huésped: “Gehn”
•Edad estimada: 55 años
•Estado: Fase terminal de infección por Virus R
Resultados:
•Degeneración celular severa.
•Presencia de tumores inflamados de origen viral: ruptura de cualquiera podría activar la etapa final del protocolo infeccioso.
•Riesgo de colapso multiorgánico irreversible.
•…
¿Recolectar muestra?
***
Un leve temblor recorrió la mano de Sora.
—…Los humanos de este mundo son realmente fascinantes —murmuró.
—¿Qué pasa, muchachito? —se burló Gehn—. ¿Ya te asustaste?
—No —respondió Sora, imperturbable—. Todo va bien. Voy a continuar.
El virus no era natural. Había sido creado para humanos, y había fallado. Las ratas se habían adaptado mejor; Chester era la prueba, su adaptación inicial era incompleta, pero bastó un leve ajuste para llevarla a su forma ideal, pero para los humanos era distinto. Eliminar el virus sin reforzar al huésped no era una cura, sino una sentencia de muerte. Los infectados sobrevivían gracias a él.
Tomó las manos de Gehn y dio inicio al tratamiento. Iba a tratar de acelerarlo, si tardó un día entero con un roedor, no imaginaba cuánto tardaría con un ser humano.
Entonces ocurrió.
Una reacción violenta en el cuerpo del infectado. Varios tumores del cuerpo de Gehn estallaron con un sonido húmedo y repugnante.
—¡¿Qué demonios hiciste?! —gritó Gehn.
Un líquido rosado brotó al instante y comenzó a evaporarse, dispersándose en el aire como una nube densa. La concentración del virus se disparó.
—Se va a estabilizar… dame un momento —dijo Sora, con un tono que intentaba mantenerse en calma.
La reacción en cadena amenazaba con devorar el cuerpo de Gehn desde dentro. Sus órganos comenzaban a fallar uno tras otro; la presión caía y su piel perdía el color.
***
[Cepa adquirida]
[Estado: nivel de agresividad extremo]
[Advertencia: sistema multiorgánico en colapso]
***
Sora analizaba desesperadamente la cepa específica del cuerpo de Gehn, ignorando las advertencias mientras observaba los cambios. El virus, quizá en un intento por evitar ser modificado, había decidido que ya no necesitaba a su huésped vivo. Solo buscaba propagarse, consumiendo el combustible de la vida misma.
Esa era la fase final.
Después, el cuerpo se reduciría poco a poco, hasta convertir al infectado en un bulto de carne rosada que seguiría esparciendo el virus hasta quedar reducido a polvo.
El patrón es realmente hermoso…, pensó.
Gehn, hundido en el dolor, no lo escuchó.
[Advertencia: El huésped morirá pronto. Deberías intervenir…]
—¡Aléjate de él! —gritó uno de los compañeros de Gehn desde atrás.
Sora lo ignoró.
Gehn gritó de dolor. El sufrimiento lo dobló en dos. No era solo físico: era miedo. Había repetido tantas veces que no le importaría morir, pero ahora que la muerte estaba tan cerca, no pudo evitar sentir miedo.
Cayó de rodillas, escupiendo sangre. Jadeaba, pero el aire no entraba.
—¡Le estás haciendo daño! —exclamó Rael, avanzando y poniendo una mano sobre la de Sora.
Durante un instante, Sora alzó la mirada.
No dijo nada.
Rael se tensó… y retiró la mano, como si de pronto hubiera recordado algo importante. Dio un paso atrás sin entender por qué.
Solo habían pasado unos segundos desde el inicio del proceso, pero Sora supo que no podía seguir distraído.
—Ya es suficiente —susurró.
Dentro de él, el virus capturado por su Núcleo Patogénico fue aislado y descompuesto. Comprendió su estructura y lo volvió parte de sí mismo.
Por eso pudo dar la orden:
Detente.
El deterioro de Gehn cesó. El daño estaba hecho, sí, pero la infección dejó de avanzar.
—¿Qué… qué demonios fue eso...? —jadeó Gehn. Aún temblaba, pero el dolor ya no aumentaba.
—Ya casi está —respondió Sora, tranquilo.
Gehn lo miró con desconcierto. Algo dentro de él lo gritaba: ese chico de ojos tranquilos no era humano como ellos. O, si lo era, estaba muy por encima.
El virus aún recorría el cuerpo de Sora, pero su habilidad [Adaptación Epidémica] ya lo estaba modificando, ajustando su estructura para volverlo controlable. Al mismo tiempo, enviaba órdenes al virus de Gehn para mantenerlo inactivo.
***
[Iniciando secuenciación y contención viral...]
[Adaptación Epidémica en curso…]
***
Sora podía hacer muchas cosas por instinto, pero esto era distinto. Un uso tan complejo exigía una gran presión sobre su mente. Aun así, durante unos segundos alcanzó a contemplar la belleza del proceso, y creó una versión positiva de aquel virus.
Su cuerpo lo resentía. Sus ojos comenzaron a sangrar.
Había cruzado los límites: conteniendo un virus, regenerándose, reescribiendo su propia estructura y, al mismo tiempo, evitando que Gehn muriera por el colapso final. Ni siquiera su [Resiliencia Biológica] podía compensarlo todo.
Pero no se detuvo. No pensó en cómo lo verían. Que sangrara era irrelevante. Lo único que importaba era terminar.
—¿Acaso no voy a morir? —preguntó Gehn, confundido. Se quedó helado al verlo—. Espera ¿estás llorando sangre? ¿Me estás dando tu vida?
Apretó los dientes. No supo si lo que sentía era culpa o algo más cercano a la vergüenza.
Sora no contestó.
***
[Adaptación Epidémica: completada]
[Nuevo protocolo viral disponible: Modulación pasiva en huéspedes]
[Reinserción completada exitosamente]
[Ya no es necesario que te fuerces tanto la próxima vez …]
***
—Ya está… —murmuró Sora—. Eso debería ser todo.
Guardó silencio. La visión se le nublaba; la sangre era una molestia constante y el dolor de cabeza se sentía como si alguien tratara de destrozar su cráneo con un martillo. Solo quería descansar.
***
[Alerta: Mente llegando al límite. Activando protocolo de enfriamiento.]
***
Lo entendió al instante. No era malo. Solo debía dejarse llevar y descansar.
—¡Niño! ¡Oye! ¡No te mueras! ¿Estás bien? ¡Respóndeme! —gritó Gehn, sacudiéndolo.
Sora alzó la cabeza con dificultad.
—Tranquilo… —susurró—. No te preocupes, simplemente estoy desangrando un poco. Es raro ver a un adulto tan alterado.
Apenas podía mover los labios. Su cuerpo temblaba.
[Función consciente: suspendida temporalmente]
—Estaré bien. Solo… necesito dormir un rato…
Y mientras caía hacia adelante, pensó:
Genial. Otra vez voy a perder la conciencia.
Hice algo bueno, debería sentir orgullo… pero, ¿por qué? ¿Por qué hacer que un virus letal se vuelva algo útil me resulta tan desagradable…?
Después de ese pensamiento, todo se apagó.
[Proceso interno: mantenimiento en curso… Tiempo estimado: 60 minutos]
Fragmentos mentales:
Yume (Naranja): ¡¡Sora!! Siempre termina así… ¿y si esta vez no despierta...?
Anise (Marrón): ¿Alguien quiere pastel?
Mei (Blanco): ¿Dónde encontraste pastel?
Anise (Marrón): En el mismo lugar donde Alexia sacó el té.
Alexia (Negro): Aquí tienes una taza, Mei. Toma tú también, Yume. Te hará bien.
Yume (Naranja): ¡¿Cómo pueden estar tan calmadas?! ¡Sora acaba de desmayarse!
Alexia (Negro): Bueno… sí, pero hace unos capítulos se desintegró. Literalmente. Y luego se recompuso como si nada.
Alicia (Amarillo): Exacto. Esto es casi… adorable, en comparación.
Yume (Naranja): ¡¡Insensibles!! ¡¡Monstruos!! ¡¡Por eso no tienen novio!!
Anise (Marrón): Tranquila, deja que terminemos nuestras tazas de té antes de iniciar nuestra propia lucha por la supervivencia.




